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La factura de las crisis: se pierden más de 200.000 M de dólares en inversión directa
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LAS INCERTIDUMBRES LASTRAN LA ECONOMÍA

La factura de las crisis: se pierden más de 200.000 M de dólares en inversión directa

Las incertidumbres políticas costaron el año pasado más de 200.000 millones de dólares en inversiones perdidas. O lo que es lo mismo, la inversión directa sufrió un recorte de expectativas inédito desde hace décadas

Foto: Un buque con contenedores. (EFE/Ricardo Maldonado Rozo)
Un buque con contenedores. (EFE/Ricardo Maldonado Rozo)
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La palabra incertidumbre está de moda. Es, de hecho, el término más utilizado en el análisis geopolítico. Y hay motivos. Las incertidumbres, que se traducen en una menor propensión al riesgo, tienen consecuencias políticas, pero, sobre todo, económicas, y lo que ha sucedido en 2025 refleja bien el nuevo contexto geopolítico: guerras, amenazas, cortes y retrasos en el funcionamiento de las cadenas de suministro, disputas transfronterizas o tensiones comerciales.

Un estudio publicado por fDi Inteligencia, una división de Financial Times especializada en transacciones financieras internacionales, muestra que el año pasado las incertidumbres políticas costaron alrededor de 200.000 millones de dólares en inversiones perdidas. O lo que es lo mismo, la inversión directa sufrió un recorte de expectativas inédito desde hace décadas. Si antes se pensaba que la inversión empresarial crecería un 1,9 % el año pasado, ahora se estima en apenas un 0,4 %.

El análisis, realizado a partir de una encuesta de la Cámara de Comercio Internacional y Oxford Economics, abarca las diez principales economías del planeta —para Europa se han reflejado los datos de Francia, Alemania, Italia y España— y estima que en esos 10 territorios se perdieron o retrasaron inversiones por un total de 202.000 millones de dólares, lo que equivale al 0,2 % del PIB mundial de 2024. La causa principal de las incertidumbres, sostiene el estudio, tiene su origen en la nueva política arancelaria de la administración Trump, lo que, unido a la creciente inestabilidad política —guerras en Ucrania o Irán, o conflicto en los países del Golfo—, generó riesgos que han atemorizado a los inversores. Los países o regiones analizados fueron EEUU, China, los cuatro países citados de la UE, México, Canadá, Corea del Sur, India, Japón, Brasil y Reino Unido.

Tres cuartas partes de las más de 240 cámaras de comercio que han participado en la encuesta de la Cámara de Comercio Internacional citaron la incertidumbre como la principal preocupación comercial para las empresas. Esa cifra superó a los movimientos en los aranceles (59 %), las restricciones a las exportaciones e importaciones (37 %) y las fluctuaciones en los tipos de cambio de las divisas (34 %).

Aranceles e incertidumbre

Otro indicador lo refleja negro sobre blanco. El Índice de Incertidumbre de Política Económica (EPU, por sus siglas en inglés) alcanzó [ver gráfico] un máximo histórico, incluso superior a los niveles de la pandemia, en marzo de 2025, poco antes de que Donald Trump anunciara la imposición de aranceles a medio mundo. Posteriormente, en marzo de este mismo año, tras los ataques de EEUU e Israel, volvió a crecer de forma significativa, y desde entonces se mantiene en niveles que se sitúan muy por encima de la media histórica.

El índice global, que recoge información de 71 países, se construye a partir de publicaciones periodísticas que reflejan algún grado de tensión geopolítica, lo que de una manera u otra afecta a la economía. La incertidumbre global se mantuvo estable básicamente hasta el año 2017, pero a partir del primer mandato de Trump ha mostrado niveles inusualmente elevados. El Fondo Monetario Internacional (FMI) lo ha llamado "incertidumbre sobre incertidumbre". Otro indicador de incertidumbre es el llamado índice VIX, que mide la volatilidad en los mercados de opciones del mercado de Chicago y que, igualmente, refleja elevadas oscilaciones en 2025 a consecuencia de los aranceles de Trump. En marzo del año pasado alcanzó los niveles máximos desde la pandemia.

Lo más significativo, sin embargo, es que el enfriamiento de las expectativas de inversión directa se ha producido coincidiendo con el auge de la inteligencia artificial, que es hoy el componente que más tira, ya que es intensivo en uso de capital. Los últimos datos de la UNCTAD (la agencia de la ONU para el desarrollo y el comercio) muestran lo que llama "fragilidad" en la inversión extranjera directa, precisamente, a consecuencia del incremento de las incertidumbres.

Pone como ejemplo que el valor de las fusiones y adquisiciones internacionales cayó un 10 % el año pasado, mientras que la financiación internacional de proyectos disminuyó por cuarto año consecutivo (un 16 % en valor y un 12 % en número de operaciones), cayendo a niveles no vistos desde 2019. Por último, el número de anuncios de proyectos de nueva construcción disminuyó un 16 %, pese al elevado valor total de los proyectos impulsado por un pequeño número de megaproyectos.

Entre ellos, destaca la inversión en centros de datos. Según la UNCTAD, el valor de los proyectos de semiconductores anunciados recientemente aumentó nada menos que un 35 %. Por el contrario, el número de proyectos cayó drásticamente en los sectores con alta dependencia de las cadenas de valor globales y expuestos a aranceles (-25 %), en particular en los sectores textil, electrónico y de maquinaria. Para hacerse una idea de lo que ha crecido la inversión en centros de datos solo hay que tener en cuenta que el año pasado se anunciaron operaciones —bien distinto es conocer el grado de ejecución de esos proyectos— por valor de 320.000 millones de dólares en el sector, lo que supone un 74 % más que en 2024. En 2025, según la OCDE, EEUU, China y Brasil fueron los tres principales destinos mundiales de la inversión extranjera directa (IED), mientras que EEUU, Japón y China fueron las principales fuentes de salida de IED.

El caso español

¿Cómo se comportó España en este contexto desde el punto de vista geopolítico? Según un trabajo publicado en ALDE por el profesor Rafael Myro, las importaciones de bienes crecieron de forma sorprendente en 2025, y en ello desempeñaron un papel relevante las compras de equipos relacionados con la IA y las energías renovables. En el ámbito de la IED recibida, sostiene el artículo, las perspectivas eran "muy pesimistas", pues las entradas en el primer semestre habrían sido muy exiguas. Concretamente, la mitad de las recibidas en 2024 en el mismo periodo, según los datos del Registro de Inversiones Exteriores (RIE).

Sin embargo, con datos ya reales, la inversión extranjera directa (IED) recibida, medida en términos brutos, apenas se habría reducido en 2025 con respecto al año anterior, manteniéndose muy cerca de los 30.000 millones de euros, lo que significa, según Myro, "un valor apreciable, igual a su promedio de los cinco últimos años". La IED neta, que recoge inversiones brutas menos desinversiones, se habría mostrado también muy estable en los últimos cinco años, situándose en torno a los 20.000 millones de euros.

¿Y en qué se invierte? También en los sectores ligados a la inteligencia artificial. Se destacan los 2.500 millones destinados a centros de datos localizados en Aragón por empresas estadounidenses, Amazon y Microsoft. EEUU, uno de los principales inversores en España, significó el año pasado casi un 30 % del volumen total de las entradas de capital recibidas por España. Con todo, aun siendo voluminosos los fondos dirigidos a las actividades de IA, lo han sido más los destinados a las energías renovables, mientras que se han reducido los recibidos por los sectores de servicios financieros e inmobiliarios. Myro destaca, sin embargo, que los diversos planes de inversión chinos en baterías y automóviles eléctricos, que reciben una continua atención de los medios de comunicación, "apenas se han materializado aún en inversiones".

La palabra incertidumbre está de moda. Es, de hecho, el término más utilizado en el análisis geopolítico. Y hay motivos. Las incertidumbres, que se traducen en una menor propensión al riesgo, tienen consecuencias políticas, pero, sobre todo, económicas, y lo que ha sucedido en 2025 refleja bien el nuevo contexto geopolítico: guerras, amenazas, cortes y retrasos en el funcionamiento de las cadenas de suministro, disputas transfronterizas o tensiones comerciales.

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