La guerra en Oriente Medio acelera el fin del petróleo como combustible hegemónico
La Agencia Internacional de la Energía habla ya de que "el mundo ha entrado en la Era de la Electricidad”. Es decir, el petróleo, aunque continúa siendo hegemónico, pierde peso. En Europa, Japón y Corea ya hay menor demanda
Terminal de combustible en el Reino Unido. (EFE/Neil Hall)
El petróleo y sus derivados continúan liderando el uso de combustibles energéticos, pero algo está cambiando. Aunque su lento declive es un proceso que viene de lejos ante el avance de las energías renovables y de la mayor eficiencia en términos de intensidad de consumo, la guerra en Oriente Medio está acelerando el uso de alternativas más fiables, baratas y sostenibles desde el punto de vista climático. Sucede justamente lo contrario en el caso de la electricidad, su principal alternativa, cuya demanda crece a un ritmo que duplica con creces el de la demanda de energía. Esto reafirma, dice la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en un informe publicado este lunes, "que el mundo ha entrado en la Era de la Electricidad".
Los datos los acaba de publicar la propia agencia y revelan que el año pasado, incluso antes de la guerra en Oriente Medio, la demanda de petróleo apenas creció en 0,65 millones de barriles diarios en el conjunto del planeta, lo que supone el menor avance en décadas. El incremento de 2025, sostienen los autores del informe, "se quedó muy por debajo del aumento anual promedio de 1,4 mb/d registrado entre 2010 y 2019, lo que evidencia una desaceleración estructural en los mercados petroleros". Es decir, no se trata de un fenómeno coyuntural vinculado a la desaceleración de la actividad económica o al incremento de las tensiones geopolíticas, sino que es una tendencia sostenida en el tiempo.
La guerra en Oriente Medio no ha hecho más que acelerar esa tendencia. Según la AIE, la demanda caerá en 1,5 millones de barriles diarios en el segundo trimestre de este año, lo que supone el mayor descenso desde la pandemia. La OPEP, el grupo de productores de petróleo, es más prudente y estima una caída más moderada de 500.000 barriles al día. En todo caso, ya hay señales claras de que para muchos países la guerra en Irán ha servido como un doloroso recordatorio de que, mientras sus economías dependan de los combustibles fósiles, estarán expuestos a incertidumbres que escapan a su control. Y todos miran a China, claro dominador en el mercado de las energías renovables gracias a sus dos ventajas estratégicas: la tecnología y su hegemonía en las tierras raras.
El diario Politico ha revelado que no solo países occidentales buscan colaborar con Pekín, sino también los responsables de energía de otras regiones. Una delegación empresarial india visitó recientemente China para explorar colaboraciones en materia de energías renovables; el príncipe heredero emiratí Khaled bin Mohamed bin Zayed Al Nahyan habló la semana pasada sobre la posibilidad de estrechar los lazos energéticos con Pekín; y Cuba ha recurrido a los paneles solares chinos en medio de un bloqueo petrolero efectivo impuesto por Washington.
Y es que ese espacio que deja el petróleo lo están cubriendo las energías renovables. Lo demuestra el hecho de que del crecimiento global de la demanda energética (un 1,3%), nada menos que la cuarta parte fue cubierta por la energía solar fotovoltaica, mientras que el gas natural aportó el 17%. La AIE destaca en su análisis que en 2025, por primera vez, una fuente renovable moderna representó la mayor parte del crecimiento de la demanda energética mundial. El resultado ha sido que las fuentes de bajas emisiones combinadas (solar, eólica, nuclear, hidroeléctrica y otras energías renovables) contribuyen ya con casi el 60% del crecimiento de la demanda mundial. Nunca antes se había producido un fenómeno similar desde que el planeta se echó en brazos de los combustibles fósiles para producir bienes y manufacturas.
Industria y demanda
Es más, en algunas regiones del planeta la demanda de petróleo está ya decreciendo. Es el caso de la Unión Europea, Japón y Corea, tres territorios altamente industrializados. Por el contrario, el uso del petróleo continúa creciendo en China (aunque a un menor ritmo) y EEUU, mientras que en la India, un país de alta demanda por razones industriales y demográficas, la demanda se ha desacelerado de forma significativa, al igual que en el sudeste asiático. Es en África, aunque a partir de niveles muy reducidos, donde más está creciendo el uso del petróleo y sus derivados.
El caso de EEUU es singular porque al mismo tiempo que crece la demanda de petróleo o carbón, y la Administración Trump está prolongando todas las concesiones, también lo hace la de electricidad. Esto se explica por el fuerte aumento de la demanda eléctrica que provocan los centros de datos. El resultado es que el consumo de petróleo en EEUU creció el año pasado en 170.000 barriles diarios, un 0,9% más, mientras que, por el contrario, la demanda en la Unión Europea, Japón y Corea disminuyó en un total de 270.000 barriles diarios. El consumo total de petróleo en las economías avanzadas en 2025 se situó en 1,7 millones de barriles diarios, por debajo de su nivel de 2019.
Los aranceles impuestos por la Administración de EEUU, igualmente, han colaborado en la destrucción de demanda petrolífera. Principalmente, en las materias primas que se usan para la producción de plásticos. En concreto, la nafta, el gas licuado de petróleo (GLP) y el etano debido a que las incertidumbres comerciales provocaron interrupciones en el suministro. En concreto, el aumento anual del 1,2% fue muy inferior al 2,6% registrado en 2024, cuando las materias primas representaron la mayor parte del aumento general en el consumo de petróleo. Este menor crecimiento de la demanda es lo que ha llevado a una moderación de los precios.
Los pobres de la guerra
Los ataques de EEUU e Israel contra Irán, sin embargo, han dado la vuelta a ese escenario y pese a la caída de la demanda provocada por el cierre del estrecho de Ormuz los precios se mueven en torno a los 100 dólares por barril desde hace semanas. Entre otras razones, porque una región clave para la demanda de petróleo, el sudeste asiático, está teniendo problemas de aprovisionamiento. El PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) ha estimado que la escalada militar en Oriente Medio podría costar a la región de Asia-Pacífico entre 97.000 millones y 299.000 millones de dólares, lo que equivale entre el 0,3% y el 0,8% del PIB de la región.
El informe, es más, estima que alrededor de ocho millones de personas corren el riesgo de caer en la pobreza por la caída de la actividad. Menos actividad, por lo tanto, afecta tanto a los precios como a la evolución de la demanda, lo que explica la situación actual. La AIE ha calculado que el año pasado la oferta de crudo aumentó en tres millones de barriles diarios, toda vez que la producción de la OPEP más sus países aliados se reactivó tras los recortes por parte de países no pertenecientes al cartel, especialmente en América, donde la posición de EEUU es determinante.
Entre las causas del frenazo en la demanda de petróleo se encuentra el menor consumo del transporte, que históricamente ha tirado de la producción. Los combustibles para el transporte, según la Agencia Internacional de la Energía, dominaron el aumento del consumo entre 2009 y 2021, hasta el punto que llegaron a duplicarse con creces durante este periodo. Sin embargo, desde entonces, la demanda de combustible para el transporte se ha estancado, siendo el combustible para aviones el único sector con un crecimiento significativo.
El petróleo y sus derivados continúan liderando el uso de combustibles energéticos, pero algo está cambiando. Aunque su lento declive es un proceso que viene de lejos ante el avance de las energías renovables y de la mayor eficiencia en términos de intensidad de consumo, la guerra en Oriente Medio está acelerando el uso de alternativas más fiables, baratas y sostenibles desde el punto de vista climático. Sucede justamente lo contrario en el caso de la electricidad, su principal alternativa, cuya demanda crece a un ritmo que duplica con creces el de la demanda de energía. Esto reafirma, dice la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en un informe publicado este lunes, "que el mundo ha entrado en la Era de la Electricidad".