Por qué España está peor preparada para una crisis de precios que la mayoría de países europeos
El Gobierno insiste en que España parte de una posición ventajosa gracias a los menores precios de la electricidad en el mercado mayorista. Sin embargo, los datos de inflación revelan dificultades
Precios en una gasolinera de Toledo. (EFE/Ismael Herrero)
La crisis energética de Oriente Medio está golpeando a todos los países, pero a unos más que a otros. En España, el Gobierno ha explicado incansablemente que el impacto será menor que en otros países europeos porque "estamos mejor preparados" gracias al despliegue de las energías renovables. Es cierto que el precio mayorista de la electricidad es ahora mucho más bajo, ya que el gas es la referencia de precios de una parte mínima de las horas del día. Sin embargo, los primeros datos de inflación muestran un país vulnerable a las subidas de precios. España llega a esta nueva crisis energética con mayor riesgo de sufrir un episodio de alta inflación.
El INE revisó el martes el dato adelantado del IPC de marzo subiéndolo en una décima, hasta el 3,4%. El dato sorprendió porque la revisión al alza fue consecuencia del componente subyacente. Esto es, de la parte no energética de la cesta de la compra. La inflación subyacente avanzó hasta el 2,9%, la cifra más alta en casi dos años.
Esta revisión cambia el relato inicial sobre la traslación de la crisis energética a la inflación en España. Con el dato adelantado, toda la aceleración de los precios era consecuencia de la subida de la energía. Pero la estadística revisada muestra que la subida de precios fue mucho más generalizada. Datos que muestran la vulnerabilidad de España a una nueva crisis inflacionista.
El salto de la inflación en el primer mes de guerra fue de 1,1 puntos en España, casi el doble que en el conjunto de la eurozona (0,6 puntos). O que en otros países que también han revisado el dato adelantado, como Alemania, donde aceleró en 0,8 puntos y se situó en el 2,7%. Y si se mira el componente subyacente (sin energía ni alimentos frescos), en España subió en marzo mientras que en el conjunto de la eurozona se redujo. Esto indica una traslación temprana de los costes energéticos al resto de bienes y servicios en España que no está ocurriendo en Europa.
En conjunto, la inflación de España ha acelerado más que en los principales países europeos y también ha llegado más alto. Por el momento es solo el inicio del shock energético que se convertirá en una crisis inflacionista con el tiempo, pero España ya ha mostrado que va a tener más dificultades para frenar las subidas de precios.
El componente energético golpea con más fuerza a España porque todavía tiene una baja electrificación. La dependencia de los carburantes sigue siendo alta, de modo que la ventaja que tiene con las renovables no está siendo suficiente. Según los datos de Eurostat, la subida de los precios energéticos aceleró en 10,8 puntos en marzo en comparación con febrero, mientras que en el conjunto de la eurozona fue de 8 puntos, casi tres menos. Salvo que todo cambie muy rápido en los próximos meses, España no parece estar en una situación favorable para contener el encarecimiento de los hidrocarburos.
La verdadera preocupación
Pero más allá de la energía, la verdadera preocupación está en cómo se traslade este shock energético al resto de la cesta de la compra. Y aquí está el punto débil de España. El país llega a esta crisis inflacionista sin haber superado del todo la anterior. La inflación antes de la guerra estaba todavía claramente por encima del 2% (en el 2,5%), mientras que en el conjunto de la eurozona había bajado hasta el 1,9% (IPC armonizado). Es más, en los últimos meses, el IPC subyacente español no estaba cayendo nada y seguía anclado en el 2,7%. Esto significa que si la inflación se estaba frenando en España era, principalmente, por la caída del precio de la energía.
Antes de la guerra, la inflación de los alimentos frescos seguía por encima del 6%; la de los servicios sin vivienda, en el 3,6%, y la de los hoteles, en el 8,8%. Esta inercia de la inflación es el gran punto débil de España a la hora de afrontar la crisis de precios.
Las empresas están muy acostumbradas a subir sus precios de forma recurrente. Y los consumidores están resignados a aceptarlo. Esto elimina las dudas que puedan tener las empresas de repercutir a sus clientes los mayores costes productivos. No ocurre lo mismo en muchos países europeos, donde la débil demanda está obligando a las empresas a contener la traslación de los costes a los precios finales.
En España la demanda sigue siendo muy fuerte. Es el motor que permite al país crecer el doble que la Unión Europea, pero es también un motor generador de inflación. La guerra en Oriente Medio va a calentar aún más algunos sectores, especialmente el turismo, lo que va a acelerar más los precios durante los próximos meses, y también las exigencias salariales de los trabajadores.
Las dinámicas inflacionistas tienen mucha inercia y es complicado doblegarlas. El mejor ejemplo es observar lo que ocurrió al inicio de la crisis inflacionista de la guerra de Ucrania. En ese momento, España y Europa llevaban más de una década sin inflación debido a la bajísima demanda interna posterior a la crisis financiera. Cuando empezaron a subir los precios de la energía en el año 2021, la inflación tardó varios meses en reaccionar. En el mes de junio, los precios energéticos subían más de un 20% y la inflación subyacente seguía estancada en el 0,2%. A finales de 2021, la energía se había disparado un 40% y la subyacente, apenas un 2,1%.
España llega a esta crisis de precios sin haber conseguido doblegar íntegramente la anterior, debido a una demanda interna que crece rápidamente. En este escenario, el riesgo de que la crisis energética se traslade al resto de bienes y servicios es más alto. España ya llevaba varios meses sufriendo un importante diferencial inflacionista con la eurozona, pero esta brecha podría ampliarse como consecuencia del shock de la guerra.
El dinamismo económico que calienta los precios es una garantía para evitar una recesión, pero es un riesgo para el poder adquisitivo de los trabajadores. La creación de empleo sigue elevando la masa salarial total, pero los trabajadores se enfrentan a una nueva pérdida de poder adquisitivo cuando todavía no se habían recuperado de la anterior.
La crisis energética de Oriente Medio está golpeando a todos los países, pero a unos más que a otros. En España, el Gobierno ha explicado incansablemente que el impacto será menor que en otros países europeos porque "estamos mejor preparados" gracias al despliegue de las energías renovables. Es cierto que el precio mayorista de la electricidad es ahora mucho más bajo, ya que el gas es la referencia de precios de una parte mínima de las horas del día. Sin embargo, los primeros datos de inflación muestran un país vulnerable a las subidas de precios. España llega a esta nueva crisis energética con mayor riesgo de sufrir un episodio de alta inflación.