Una crisis larga: el mercado prevé que el crudo no vuelva al nivel preguerra hasta 2030
La tregua es tan precaria que los buques todavía no se atreven a atravesar Ormuz. A medida que pasan los días sin una solución, el impacto económico no es lineal, sino exponencial
Desde que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció una tregua con Irán para reabrir el Estrecho de Ormuz apenas cuatro buques cisterna han cruzado la zona. Y dos de ellos, para entrar a repostar con banderas de Rusia y Nicaragua. El atasco sigue siendo el mismo que hace una semana y la escasez de combustible en el resto del mundo se va agudizando.
Los inversores han comprendido que los deseos de Trump por salir rápidamente de la guerra chocan con la voluntad del régimen iraní de conseguir los mayores beneficios posibles. Y ello implica mantener una posición de fuerza prolongando el control del Estrecho de Ormuz.
Si hace unos días la Energy Information Administration (EIA) estadounidense anticipaba que el precio del crudo podía caer a los niveles previos a la guerra en 2028, ahora los mercados extienden este hito hasta bien entrado el año 2030. En concreto, los futuros del Brent anticipan que los 70 dólares no volverán hasta la segunda mitad de ese año.
Es cierto que el escenario sigue siendo muy cambiante y un acuerdo de paz cambiaría en gran medida las cotizaciones actuales. Pero también es cierto que existen dos factores que frenarán la caída del precio del crudo.
El primero es que el destrozo de las infraestructuras energéticas que ya se ha producido tardará algunos años en restablecerse. El segundo es que en este contexto de gran incertidumbre, los países tratarán de garantizarse un suministro estable que no tenga que atravesar el Estrecho de Ormuz. Eso significa que comprar gas y petróleo en el resto del mundo será más caro. La seguridad implicará una prima para los consumidores.
Ambos factores explican el pesimismo de los inversores a pesar del acuerdo de alto al fuego. Un precio alto del petróleo durante mucho más tiempo empezará a presionar a los bancos centrales para subir los tipos de interés. Un escenario que doblegaría los costes de la crisis para los hogares y las empresas.
Ante esta situación, el Fondo Monetario Internacional ha alertado de que su actualización de previsiones económicas (que se publicará el martes) mostrará un escenario económico mucho más sombrío. La hipótesis inicial con la que trabajaban los analistas al inicio de la guerra era una intervención puntual de EEUU en Irán al estilo de la de Venezuela. Esto llevaría al precio del crudo de vuelta a los 70 dólares a lo largo del segundo trimestre del año. Sin embargo, lo que apuntan hoy los futuros es a precios entre 100 y 95 dólares hasta el verano.
“Ni en el mejor de los casos habrá un regreso limpio y ordenado a la situación anterior”, alertó la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, esta semana.
El problema de una crisis energética larga es que sus efectos perniciosos no son lineales, sino exponenciales. El comportamiento de los agentes económicos es muy diferente cuando el shock es corto que cuando es largo. En el caso de un impacto de muy corto plazo, tanto hogares como empresas intentan absorber internamente los costes para no cambiar sus planes. Lo que hacen es sacrificar tasa de ahorro o márgenes de beneficio, como si la crisis no existiera.
Sin embargo, ante una crisis larga toca recalcular la situación y optar por la prudencia. Por ejemplo, si empiezan a pensar que la gasolina estará cara durante bastantes meses, tratarán de reducir el consumo de hidrocarburos o, si no pueden, recortarán en otros gastos para compensar este mayor coste. Ante esta sistuaciones, los hogares reducen su consumo y las empresas, la inversión y las contrataciones. Por este motivo, la solidez que ha mostrado la economía hasta marzo se podría convertir en un deterioro acelerado si los agentes económicos cambian su percepción del impacto de la guerra.
España ha sido capaz de resistir la debilidad de la economía mundial en el último año gracias a su demanda doméstica. En el cuarto trimestre de 2025, la suma del consumo y la inversión privados sumó casi un punto al crecimiento del PIB, neutralizando la aportación negativa de la demanda externa. Una fortaleza que puede convertirse en debilidad si se quiebra la confianza de hogares y empresas.
Desde que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció una tregua con Irán para reabrir el Estrecho de Ormuz apenas cuatro buques cisterna han cruzado la zona. Y dos de ellos, para entrar a repostar con banderas de Rusia y Nicaragua. El atasco sigue siendo el mismo que hace una semana y la escasez de combustible en el resto del mundo se va agudizando.