Bajar el impuesto de sociedades estimula poco la inversión y es costoso: toca ser creativos
Las reducciones de los tipos impositivos sobre los beneficios empresariales solo compensan un 10% de las pérdidas de ingresos tributarios. Bruselas y la OCDE recomiendan bajar los impuestos al trabajo, entre otras medidas
Europa lleva años invirtiendo menos de lo que necesita y eso está frenando su crecimiento. Según Draghi, la UE requiere de hasta 800.000 millones de euros en inversiones adicionales al año para cumplir sus objetivos de competitividad y climáticos, y la carencia no se puede ni se debe cubrir solo con financiación pública. Las recetas para impulsar la inversión privada ponen el acento en la reducción de regulación, en la simplificación de la normativa que soportan las empresas y en la política fiscal, entre otras medidas más ambiciosas. Sin embargo, esto no debe confundirse con una recomendación para reducir de manera generalizada los impuestos.
Los países de la UE ya han rebajado los tipos impositivos a los beneficios corporativos en los últimos 30 años sin que esto se haya traducido en un impulso elevado de la inversión empresarial. Un informe publicado esta semana por la Comisión Europea analiza lo ocurrido y concluye: "Las reducciones de los tipos impositivos legales representan una forma costosa de estimular la inversión" porque, aunque bajar el IS impulsa la actividad empresarial, "los efectos dinámicos no compensan la pérdida de ingresos públicos".
El tipo impositivo normativo sobre sociedades en la media de la UE se redujo rápidamente de un 35% en 1995 a un 25% en 2005. Posteriormente, se ha seguido reduciendo, aunque a un ritmo mucho más lento y quedando por encima del 20%. En paralelo, también han caído (aunque menos) lostipos efectivos, que son los pagados realmente respecto a los beneficios. España se encuentra algo por encima de la media: el descenso del tipo nominal ha sido del 35% de 2006 al 25% desde 2016, y el tipo efectivo, según los datos calculados por la OCDE, era del 23,3% en 2024.
El mismo patrón se observa fuera de Europa. EEUU ha realizado unas reducciones similares a las europeas en el impuesto de sociedades, pasando de un tipo nominal del 39,3% en el año 2000 a un 25,6% en 2025 y, en ratio efectiva, la imposición alcanzó el 22,9% en 2024, similar a la de España. Sin embargo, la UE ha profundizado su diferencial inversor con la primera potencia en las últimas décadas. La realidad es que la bajada del impuesto nominal apenas ha impulsado la inversión, ni siquiera en EEUU.
Según un estudio de Gabriel Chodorow-Reich publicado en 2025 en NBER, la ratio inversión/capital aumenta entre un 0,25% y un 0,75% a corto plazo en las empresas cuando el coste de uso del capital se reduce un punto porcentual. A largo plazo, el aumento es de entre un 1,3% y un 1,7%. Sin embargo, el componente dinámico generado compensa menos del 10% de la pérdida estática de ingresos fiscales. Por tanto, lo invertido en bajada del tipo no se recupera en forma de crecimiento.
La Comisión Europea hace suyas las conclusiones de esta investigación y señala los posibles motivos del fracaso. El principal es que la sensibilidad de la inversión a los cambios en los impuestos corporativos ha disminuido desde la crisis financiera de 2008 debido al creciente poder de mercado de las empresas más grandes. En las empresas de más de 250 trabajadores, en las multinacionales y en los negocios más rentables con mayor proporción de activos intangibles, las decisiones de inversión se ven menos afectadas por la fiscalidad.
Después de este análisis, los técnicos de la Dirección General de Asuntos Económicos proponen en su informe otras opciones fiscales para impulsar la inversión empresarial. En concreto: créditos fiscales para inversiones concretas, normas de depreciación acelerada y mayores deducciones de capital, enfocándose especialmente en desarrollar tecnologías limpias y en disminuir las emisiones de carbono en la industria. Además, plantean que las empresas con pérdidas financieras también puedan beneficiarse de estas herramientas (como ya se aplica en las ayudas a la I+D).
Una vía indirecta: reducir los impuestos al trabajo
Realmente, el problema es doble. Los Estados miembros requieren de más ingresos tributarios para sostener el gasto creciente en envejecimiento, defensa y prioridades estratégicas en un contexto de elevada deuda pública, pero la inversión privada necesita despegar si la UE no quiere perder el tren de la competitividad respecto a otras potencias. La Comisión señala en su informe que la inversión pública "puede contribuir a movilizar inversión privada", pero plantea otro instrumento indirecto adicional: rebajar los impuestos al trabajo.
Los técnicos explican que esta opción aumenta el consumo de los hogares y puede elevar la oferta de mano de obra al reducir los costes laborales de las empresas. Sugieren actuar tanto sobre el IRPF como sobre las cotizaciones sociales. "El canal a través del cual esto afecta a la inversión es que el crecimiento de la oferta de mano de obra reduce temporalmente el coste real del trabajo y aumenta la rentabilidad de las empresas, lo que a su vez aumenta la demanda de mano de obra, el empleo y la propia inversión".
España aún no había superado en 2025 lo recaudado por el impuesto de sociedades en 2007, pico histórico, aunque artificial por el boom inmobiliario. No obstante, haciendo una media de los últimos 30 años, se observa que el peso de la recaudación del IS se acerca ya al histórico al suponer el 13% de los ingresos tributarios totales (ocho décimas menos que el promedio). En contraste, el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) supone el 43,8% del total, cuatro puntos más que el promedio, lo que sugiere que existe margen para rebajas. Si se cuentan también los ingresos por cotizaciones sociales, la brecha se eleva.
La recomendación de Bruselas en el informe citado coincide con la de la OCDE de esta misma semana. En un documento sobre las reformas necesarias para favorecer el crecimiento y la competitividad, aconsejó a España que rebajara los impuestos al trabajo y que, en su lugar, incrementara el IVA y las tasas medioambientales, un consejo habitual en los últimos años en este tipo de informes. La propia Comisión Europea advirtió en otro informe de 2025 que los ingresos por los impuestos al trabajo decaerán como consecuencia del envejecimiento y recomendó aumentar la imposición sobre las rentas del capital personal y societario.
Europa lleva años invirtiendo menos de lo que necesita y eso está frenando su crecimiento. Según Draghi, la UE requiere de hasta 800.000 millones de euros en inversiones adicionales al año para cumplir sus objetivos de competitividad y climáticos, y la carencia no se puede ni se debe cubrir solo con financiación pública. Las recetas para impulsar la inversión privada ponen el acento en la reducción de regulación, en la simplificación de la normativa que soportan las empresas y en la política fiscal, entre otras medidas más ambiciosas. Sin embargo, esto no debe confundirse con una recomendación para reducir de manera generalizada los impuestos.