El estrecho de Ormuz sigue cerrado pese a la tregua y prolonga la crisis energética
Un millar de buques cisterna siguen atascados y la circulación no ha aumentado dos días después del alto al fuego. Algunos buques chinos han intentado acercarse al estrecho y han desistido, lo que ha encarecido el precio del crudo
Los capitanes de los buques cisterna que llevan más de un mes atrapados en el Estrecho de Ormuz están constatando la fragilidad de la tregua alcanzada por Estados Unidos e Irán. Aunque supuestamente el acuerdo incluye la apertura del paso marítimo, la realidad es que sigue tan cerrado como lo estaba antes de la tregua.
Los datos de las coordenadas de los buques cisterna muestran que el flujo no se ha recuperado lo más mínimo desde el acuerdo para el alto al fuego. Irán sigue controlando el paso para mantener su posición de fuerza en las negociaciones con Estados Unidos. Esto ha provocado que la euforia inicial de los inversores se haya convertido rápidamente en prudencia, cuando no temor. El precio del petróleo volvió a subir el jueves, un 3,5%, tras la drástica caída del miércoles. De esta forma, el Brent vuelve a aproximarse a los 100 dólares por barril, alejando la esperanza de una solución rápida a la crisis.
Los poquísimos barcos que atraviesan el estrecho lo hacen pasando muy al norte, por territorio iraní, y pagando el peaje que exigen los ayatolás. Pero son una gran minoría. Por el contrario, hay cerca de un millar de buques cisterna esperando para cruzar por el Estrecho. La mayor parte están atrapados al otro lado del Estrecho, y están atracados desde las costas de los Emiratos y Catar hasta Kuwait. Sin embargo, también hay varios centenares esperando en la costa de Omán para entrar a llenar sus tanques.
La parálisis del estrecho cuando han pasado ya más de 48 horas desde la tregua muestra la fragilidad del acuerdo. Algunos buques con bandera china se aproximaron el jueves a la zona del estrecho cargados hasta arriba de gas y petróleo. Entre ellos están el Cospearl Lake, un buque cisterna de gran tamaño lleno de crudo de la empresa pública china Cosco y el He Rong Hai, también con bandera china. Ambos se aproximaron en las primeras horas del jueves rápidamente hacia el estrecho para frenar drásticamente a unos 40 kilómetros del paso.
Esto significa que ni siquiera buques con bandera china están consiguiendo atravesar la zona a pesar de la tregua. A medida que pasan las horas, las esperanzas de una rápida apertura del estrecho se van apagando, lo que vuelve a poner sobre la mesa la posibilidad de una crisis energética más larga.
Por si fuera poco, la guardia revolucionaria iraní distribuyó el jueves un mapa de la zona que ha minado y es prácticamente todo el estrecho. Sólo se salva una franja situada al norte, ya en terreno iraní, bordeando las islas de Qeshm y Larek. En caso de que la tregua fructificara, ahora mismo los barcos sólo podrían atravesar el estrecho aproximándose mucho a la costa iraní, lo que no sólo aumenta el riesgo, sino que limita la capacidad de tránsito por el canal tan estrecho que quedaría operativo.
En definitiva, todo apunta a que la digestión de este atasco llevará días o semanas. Pero antes, es necesario que se reabra la ruta, hecho que aún no ha ocurrido pese al alto al fuego. Todo ello amenaza con extender la crisis energética a pesar de los esfuerzos de la Administración Trump por terminar esta guerra.
El precio de los futuros del Brent en los mercados se mantiene por encima de los 80 dólares para entregas a final de año. Y por encima de los 70 dólares hasta el año 2030. Esto significa que los inversores están anticipando que el crudo no volverá a los niveles previos a la guerra hasta dentro de cuatro años.
A medida que pasan los días empiezan a surgir dudas de suministro, sobre todo de algunos productos refinados como el queroseno que emplea la aviación. El diferencial de precios entre un barril de petróleo comprado en el día y el futuro a un mes registra el diferencial más alto de la historia. El crudo al contado paga ahora una prima adicional por la escasez del combustible de casi 30 dólares.
Nunca antes se registró esta situación, ni siquiera durante la invasión de Ucrania. El temor a sufrir escasez de petróleo está llevando a muchas empresas a comprar crudo al precio que haga falta. La referencia europea ha llegado a costar 140 dólares el barril, techo nunca antes visto.
La reapertura del Estrecho de Ormuz ya no sólo es una urgencia para frenar la escalada de los precios, sino que es una necesidad para evitar problemas de suministro en Europa. En ese caso, el escenario económico sería muy diferente y también las políticas públicas a aplicar. Medidas como las rebajas del IVA a los combustibles o las subvenciones darían paso a controles de oferta. Es fundamental la reapertura del estrecho y Trump es consciente. Pero la decisión última no depende de EEUU.
Los capitanes de los buques cisterna que llevan más de un mes atrapados en el Estrecho de Ormuz están constatando la fragilidad de la tregua alcanzada por Estados Unidos e Irán. Aunque supuestamente el acuerdo incluye la apertura del paso marítimo, la realidad es que sigue tan cerrado como lo estaba antes de la tregua.