Daniel Lacalle, economista: "Lo que no es lógico es que los inversores solamente compren oro cuando ya está subiendo"
El economista interpreta la caída del metal precioso como una corrección del mercado y sostiene que puede abrir oportunidades para los inversores a largo plazo
En un momento de volatilidad, incertidumbre global y dudas sobre los mercados, el oro vuelve a situarse en el centro del debate inversor. Sin embargo, esta vez lo hace por una razón llamativa: su precio corrige justo cuando muchos esperaban que actuara como refugio. En este contexto, Daniel Lacalle lanza una advertencia clara sobre el comportamiento de parte del mercado: “Lo que no es lógico es que los inversores solamente compren oro cuando ya está subiendo”. Para el economista, esta caída no invalida el atractivo del metal precioso, sino que puede interpretarse como una oportunidad para quienes invierten con visión de largo plazo.
Lacalle explica que el retroceso del precio del oro no responde a un deterioro de sus fundamentos, sino a una suma de factores técnicos. Por un lado, apunta a la liquidación de numerosas posiciones apalancadas, es decir, apuestas realizadas con un elevado nivel de deuda, que ahora se deshacen ante el temor a una posible subida de los tipos de interés. Por otro, destaca el fortalecimiento del dólar, un movimiento que obliga a muchos inversores a cerrar operaciones que apostaban por la debilidad de la moneda estadounidense y por la subida del metal. A ello se añade el tirón de la bolsa de Estados Unidos, cuyo comportamiento ha llevado a algunos participantes del mercado a vender oro para obtener liquidez y redirigir capital hacia otros activos.
El economista también rechaza la idea de que los bancos centrales vayan a responder con fuertes subidas de tipos ante un escenario marcado por la guerra y la tensión internacional. Su tesis es contundente: “La guerra no es inflacionaria, es deflacionaria”. Según sostiene, un conflicto bélico frena la actividad económica, reduce el consumo, enfría la inversión y debilita la concesión de crédito, por lo que endurecer la política monetaria en ese contexto sería, a su juicio, un error de gran calado. Frente a esa visión más cortoplacista del mercado, Lacalle pone el foco en un dato que considera decisivo: la demanda de oro de los bancos centrales sigue creciendo de forma significativa. Estas instituciones, lejos de retirarse, continúan acumulando metal como reserva, mientras la demanda global sigue situándose por encima de la oferta.
Con ese telón de fondo, Lacalle defiende que las correcciones del oro, esos movimientos en “dientes de sierra” que describen sus fases de subida y bajada, han sido históricamente buenos momentos para tomar posiciones. A su juicio, el error está en acudir al oro solo cuando ya encadena alzas y genera sensación de seguridad. El valor de este activo, recuerda, reside en su capacidad para proteger frente a la pérdida de poder adquisitivo de las monedas fiduciarias, especialmente en escenarios en los que los gobiernos reaccionan a las crisis con más liquidez, más gasto público y más déficit. De ahí su conclusión final, expresada con otra frase rotunda: “El oro es dinero y todo lo demás es crédito”. Para el inversor minorista, insiste, esta fase de volatilidad puede ser una ocasión adecuada para entrar poco a poco en un activo que considera más sólido que otras alternativas.
En un momento de volatilidad, incertidumbre global y dudas sobre los mercados, el oro vuelve a situarse en el centro del debate inversor. Sin embargo, esta vez lo hace por una razón llamativa: su precio corrige justo cuando muchos esperaban que actuara como refugio. En este contexto, Daniel Lacalle lanza una advertencia clara sobre el comportamiento de parte del mercado: “Lo que no es lógico es que los inversores solamente compren oro cuando ya está subiendo”. Para el economista, esta caída no invalida el atractivo del metal precioso, sino que puede interpretarse como una oportunidad para quienes invierten con visión de largo plazo.