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Misión imposible para las familias con niños en España: conseguir ayudas públicas
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Misión imposible para las familias con niños en España: conseguir ayudas públicas

Un estudio del Instituto de Estudios Fiscales muestra que los hogares con niños, ya sean en pareja o monoparentales, están a la cola de España en prestaciones sociales monetarias

Foto: Una madre se despide de su hija a las puertas de un colegio en Toledo. (EFE/Ismael Herreo)
Una madre se despide de su hija a las puertas de un colegio en Toledo. (EFE/Ismael Herreo)
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De forma periódica vuelve a España el tema de la baja natalidad. No es extraño, ya que es uno de los países del mundo con menos hijos por mujer. Este fenómeno no sólo tiene profundas consecuencias económicas para el país, sino que es un drama para los jóvenes que se ven forzados a retrasar los hijos por la difícil situación en la que viven.

No es una decisión irracional, ya que la llegada de los hijos es uno de los principales factores que arrastra a una familia a vivir cerca del riesgo de pobreza. Los bajos salarios, el alto coste de la vida y de la vivienda son ya una combinación explosiva para los jóvenes, lo que hace que muchos ni siquiera puedan plantearse ser padres.

Pero si conseguir un buen salario es complicado, aún lo es más conseguir una ayuda pública. Un estudio publicado por el Instituto de Estudios Fiscales sobre la desigualdad revela que los hogares con menores ayudas públicas son los que tienen hijos.

Utilizando datos de la Agencia Tributaria, el estudio compara el porcentaje de la renta de los hogares que proviene de ayudas públicas en función de su composición y su posición en los deciles de renta. Las parejas con hijos ocupan la última posición en prácticamente todos los deciles, salvo en el primero. Esto significa que, para su nivel de renta, son los que menos porcentaje de sus ingresos procede de prestaciones sociales.

En el primer decil, esto es, el 10% con menos ingresos, las ayudas públicas son importantes, llegando a suponer el 45% del total de los ingresos del hogar. Es previsible que el Ingreso Mínimo Vital con complemento en el caso de hijos a cargo sea la razón por la que estos hogares reciben esta ayuda. Sin embargo, en cuanto la renta de las familias crece un poco por debajo de los umbrales más bajos, las ayudas públicas se desvanecen.

A partir del cuarto decil (las clases medias/bajas) el porcentaje de ayuda pública ya baja hasta el 15% y, desde el decil 7 son ya inferiores al 10%. Esto significa que para las parejas de las clases medias, conseguir ayudas públicas es casi un imposible en España.

La situación de los hogares monoparentales, la mayor parte de ellos formados por madres, no es muy diferente. Las madres solteras más pobres sí reciben una ayuda pública relevante, que conforma casi el 60% de sus ingresos. Sin embargo, este porcentaje también baja drásticamente y a partir del quinto decil es ya inferior al 25%.

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Contrasta con la situación de los hogares conformados por una pareja sin hijos, donde el porcentaje de las prestaciones públicas en ese quinto decil es idéntico al de un hogar monomarental situado en el 10% con menos ingresos.

El trabajo publicado por el Instituto de Estudios Fiscales muestra claramente que las prestaciones en España dan la espalda a los hogares sin niños. El principal motivo es que se centra el grueso de los recursos en la tercera edad, por las pensiones, pero no sólo, lo que limita el presupuesto para otras prestaciones sociales.

Una de las situaciones que ocurren es que la ayuda pública que recibe un hogar formado por una pareja sin hijos en el 10% con más ingresos es equivalente a la que recibe una pareja con hijos situada en el 20% con menos ingresos. Un dato que revela cómo las prestaciones públicas no son una ayuda con la que puedan contar los jóvenes que quieren tener hijos, lo que supone un freno adicional a la bajísima natalidad que tiene el país.

De forma periódica vuelve a España el tema de la baja natalidad. No es extraño, ya que es uno de los países del mundo con menos hijos por mujer. Este fenómeno no sólo tiene profundas consecuencias económicas para el país, sino que es un drama para los jóvenes que se ven forzados a retrasar los hijos por la difícil situación en la que viven.

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