La confianza del consumidor sufre el tercer mayor desplome histórico por la guerra
El indicador de confianza europeo registra su peor dato desde la guerra de Ucrania, aunque la caída ha sido la más brusca desde los meses previos a la invasión rusa
Los combustibles han sido los primeros en sentir el impacto. (EFE/María Aguilella Pardo)
El inicio de la guerra en Irán sorprendió a los europeos pensando que por fin llegaría la recuperación económica. Las expectativas de los consumidores volvían finalmente a su media de los últimos 20 años, reflejando el final de unos meses tortuosos por la guerra comercial de Estados Unidos. La demanda interna se había convertido en el pilar que sostiene el crecimiento europeo, en especial el consumo de los hogares. Pero todo cambió cuando empezaron las hostilidades.
La confianza del consumidor ha sufrido en marzo su tercer mayor desplome histórico. Un descenso que evidencia cómo la guerra ha cambiado el panorama económico en el continente. El dato adelantado de la encuesta mensual que elabora la Comisión Europea arroja el mayor descenso en el balance entre consumidores optimistas y pesimistas desde el año 2022, cuando comenzó la invasión de Ucrania.
Es importante diferenciar el dato absoluto de la variación mensual. La cifra absoluta no es tan mala, porque el conflicto todavía está empezando y los hogares aún no sienten un gran impacto en su bolsillo. En total, el balance de consumidores pesimistas menos los optimistas es del 16%. Es el peor dato desde finales de 2023, pero mucho mejor que el que se registró en los primeros meses de la invasión de Ucrania, cuando llegó hasta el 27,4%. Cifra que sigue siendo, a día de hoy, la peor de toda la serie histórica.
Sin embargo, cuando se mira la variación mensual, la caída experimentada tras el inicio de la guerra en Oriente Medio es una de las peores de toda la serie. Esto indica que esta nueva crisis energética ha pillado a los hogares con el pie cambiado. Y esto es importante, ya que el consumo privado era el principal soporte de la economía y ahora puede pasar a ser un lastre.
La caída de la confianza en marzo, de cuatro puntos, es la tercera peor de la serie histórica. Hasta la fecha, los dos peores meses son los de marzo de 2022, al comienzo de la invasión de Ucrania, y abril de 2020, en el inicio de la pandemia, con un desplome de 12,5 puntos. El dato es peor que todas las caídas de la crisis financiera (el peor descenso fue en junio de 2008, poco antes de la quiebra de Lehman Brothers) y también de la crisis del euro, con una caída de 3,3 puntos en mayo de 2010, cuando Grecia fue rescatada.
La importancia del consumo
En el conjunto de la eurozona, el PIB creció un 0,2% en el último trimestre de 2025, pero el consumo de los hogares avanzó el doble, un 0,4%. En Alemania, el PIB creció un 0,3% frente a un 0,5% del consumo privado, y en España, el PIB avanzó un 0,8% frente a un 1% del consumo.
Este descenso de la confianza de los hogares puede poner en riesgo el gran soporte de la economía europea: el gasto de las familias. El Banco Central Europeo publicó el lunes su estadística salarial bautizada como 'wage tracker', que es un seguimiento de los convenios colectivos. Este indicador anticipa un crecimiento de los salarios del 2,6% a lo largo del año, cifra que hasta hace unas semanas era suficiente para que los trabajadores fuesen ganando poder adquisitivo.
Las previsiones de inflación estaban estables en el 2%, cifra claramente inferior a la subida salarial contemplada en los convenios. Los economistas esperaban que esta ganancia de poder adquisitivo fuese el gran motor económico europeo a lo largo del año... hasta que comenzó la guerra.
El nuevo escenario amenaza con otra pérdida de capacidad de compra generalizada en los hogares europeos, lo que obligará a reducir el consumo. El recuerdo de la crisis inflacionista de la guerra de Ucrania sigue muy presente en todas las familias. De ahí que la confianza haya sufrido el tercer mayor desplome de la serie histórica. Y este deterioro del sentimiento puede tener, en sí mismo, importantes repercusiones económicas.
El inicio de la guerra en Irán sorprendió a los europeos pensando que por fin llegaría la recuperación económica. Las expectativas de los consumidores volvían finalmente a su media de los últimos 20 años, reflejando el final de unos meses tortuosos por la guerra comercial de Estados Unidos. La demanda interna se había convertido en el pilar que sostiene el crecimiento europeo, en especial el consumo de los hogares. Pero todo cambió cuando empezaron las hostilidades.