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Las nuevas tecnologías y la IA castigan con dureza a los salarios más bajos
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ESTUDIO PIONERO EN ESPAÑA

Las nuevas tecnologías y la IA castigan con dureza a los salarios más bajos

El debate sobre el impacto de la inteligencia artificial sobre los salarios y la desigualdad está abierto. Un estudio pionero para España ha encontrado evidencias de que las nuevas tecnologías ensanchan la desigualdad salarial

Foto: Un robot cocinando unas hamburguesas.
Un robot cocinando unas hamburguesas.
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¿Qué consecuencias tiene para los trabajadores asalariados la explosión de las nuevas tecnologías y, en particular, la inteligencia artificial? La respuesta aparece en un documento de trabajo publicado en la London School of Economics (LSE). Está elaborado por cuatro economistas españoles y la principal conclusión es que quienes más han sufrido son los trabajadores con sueldos más bajos.

Esto confirma, aseguran, "que los temores sobre la tecnología, con relación a su impacto en la desigualdad, tienen fundamento". Es más, consideran que "deducir que las ganancias del cambio tecnológico se acabarán 'filtrando' a toda la sociedad es una visión que no capta la complejidad del fenómeno". Por el contrario, los resultados hallados en el estudio ponen de relieve la necesidad de diseñar políticas públicas que aseguren que los beneficios de la innovación sean compartidos de un modo más equitativo. No está sucediendo precisamente eso.

Como consecuencia de ello, se ha producido un importante ensanchamiento de la desigualdad. O expresado en palabras de los autores, en ausencia de automatización, la desigualdad salarial en España —índice Gini— habría sido un 21,5% menor en 2019. Esto habría supuesto, aseguran, "una mayor participación salarial para la clase media y los trabajadores con menores ingresos, en detrimento del 10% de los trabajadores mejor remunerados".

El llamado coeficiente Gini, como se sabe, es un sistema de medición que cuantifica como cero la igualdad más absoluta (todos tienen las mismas rentas) y sitúa en 100 la desigualdad total. Cuanto mayor sea la cifra, mayor desigualdad y, al contrario, cuanto menor sea, mayores niveles de equidad. El coeficiente Gini se situó en España en 2025 en 30,8 puntos, según Eurostat, con una tendencia claramente decreciente en los últimos años. En todo caso, ligeramente por encima de la media de la Unión Europea (29,4).

Cerca de EEUU

El estudio abarca un periodo largo, entre 2010 y 2019, y recuerda que durante esos años, sobre todo a causa de las elevadas tasas de desempleo, la inequidad creció de forma intensa (el coeficiente Gini aumentó en 6,4 puntos), hasta el punto de que la desigualdad en España en comparación con la de EEUU —históricamente uno de los países del mundo más desiguales— llegó a situarse en 2,2 puntos, lo que consideran un hito negativo.

Durante la primera mitad de esa década, la IA, en los términos que hoy se conoce, era irrelevante, y de ahí que se divida ese periodo, aunque los resultados son similares. Entre 2015 y 2019, en concreto, el efecto de la inteligencia artificial ha sido muy parecido al de la automatización, beneficiando principalmente a los trabajadores más cualificados con aumentos salariales.

Reconoce el estudio, en cualquier caso, que el cambio tecnológico impulsa el crecimiento económico y, por lo tanto, los avances son positivos para la actividad, pero su impacto en la desigualdad salarial es también evidente. El estudio sugiere, de hecho, que el comercio, la deslocalización, el nivel educativo, las tasas de empleo y los márgenes de beneficio desempeñan hoy "funciones secundarias" en la desigualdad. Es decir, son menos relevantes que las nuevas tecnologías.

Los cuatro investigadores, Raquel Sebastián, Juan César Palomino, Juan Gabriel Rodríguez (Universidad Complutense) y Pedro Salas-Rojo (LSE) parten para su análisis de los datos salariales proporcionados por la Encuesta de Condiciones de Vida y el Panel de Hogares que elabora Estadística. Y lo que hacen en su estudio es crear un nuevo indicador de automatización que, a diferencia de los índices tradicionales, que asumen que las tareas de cada ocupación permanecen constantes en el tiempo, captura cómo las profesiones evolucionan y cambian con la introducción de nuevas tecnologías. Algunas ocupaciones se vuelven más rutinarias y susceptibles de automatización, mientras que otras se transforman en trabajos menos automatizables.

A partir de esta metodología, se llega a una primera conclusión. En la última década, el 10% de trabajadores con mayores ingresos habría recibido una cuota salarial un 3,9% por debajo sin el efecto de la automatización. Por el contrario, y sin la revolución tecnológica que ha vivido el planeta en los últimos años, el 50% de trabajadores con menores ingresos habría aumentado su participación salarial en 0,83%, mientras que el 10% más pobre habría visto crecer sus salarios en 2,2%.

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El caso de los trabajadores con salarios más elevados es significativo porque la automatización del trabajo no solo incrementa la demanda de trabajadores con mayor cualificación, sino que "también refuerza su posición negociadora en el mercado laboral y se traduce en salarios más elevados". En este caso, a causa del desequilibrio entre la oferta laboral y la demanda de trabajadores por parte de las empresas para poder adaptarse a los cambios.

Salarios y polarización política

El trabajo deja bien claro que no cuestiona los avances tecnológicos, sino que, al tratarse de un estudio académico, lo que pretende es identificar las consecuencias de las nuevas tecnologías y la IA sobre el mercado laboral y, en particular, sobre las nóminas.

La desigualdad salarial no es un asunto menor. Muchos estudios han acreditado que cuando las diferencias entre los sueldos más bajos y los más altos se acrecientan hasta alcanzar niveles elevados, también aumenta, en paralelo, la polarización del mercado laboral, lo que a su vez tiene influencia sobre la polarización política y social.

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Y lo que está sucediendo, como dice el estudio, es que las máquinas y los algoritmos han devaluado los salarios y están sustituyendo de forma progresiva a algunas tareas rutinarias, como la introducción de datos, la gestión administrativa estandarizada o ciertas labores industriales. Todos estos empleos suelen situarse en el centro de la distribución salarial, por lo que son los más afectados. Muy al contrario, los trabajadores con niveles salariales más elevados son quienes mejor aprovechan las nuevas tecnologías para lograr sueldos más altos.

Esto hay que relacionarlo, esencialmente, con la formación y la especialidad profesional de los trabajadores. Y así, por ejemplo, los trabajadores con menor nivel educativo "han sufrido un impacto salarial negativo casi tres veces mayor que aquellos con estudios universitarios". Obviamente, a causa de que sus empleos son más rutinarios y se pueden automatizar, lo que supone un efecto sustitución en las empresas: trabajadores por máquinas.

El estudio, financiado por la Fundación la Caixa, destaca que los jóvenes con baja formación se encuentran entre los colectivos más afectados, mientras que los trabajadores de mayor edad y con alta cualificación suelen complementar la tecnología en lugar de competir con ella. Entre los grupos más vulnerables también destacan las mujeres mayores con bajo nivel educativo.

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Los autores señalan dos grandes líneas de actuación para mitigar los efectos de la transformación tecnológica y evitar la polarización social y política. Proponen, en concreto, reforzar la inversión en educación y formación continua, ampliando el acceso a habilidades no rutinarias como el pensamiento crítico, la creatividad o las capacidades sociales y de gestión, que son menos susceptibles de ser automatizadas. Igualmente, plantean revisar el tratamiento fiscal del capital y del trabajo. En muchos países, incluida España, aseguran, "la fiscalidad favorece la inversión en maquinaria frente a la contratación de trabajadores, lo que puede incentivar procesos de automatización incluso cuando las ganancias de productividad son limitadas".

¿Qué consecuencias tiene para los trabajadores asalariados la explosión de las nuevas tecnologías y, en particular, la inteligencia artificial? La respuesta aparece en un documento de trabajo publicado en la London School of Economics (LSE). Está elaborado por cuatro economistas españoles y la principal conclusión es que quienes más han sufrido son los trabajadores con sueldos más bajos.

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