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Pobres con patrimonio: "Mi piso vale mucho más, pero mi vida es igual"
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LA PARADOJA DEL PROPIETARIO

Pobres con patrimonio: "Mi piso vale mucho más, pero mi vida es igual"

A veces, no basta con tener vivienda en propiedad si los ingresos no van acordes. ¿De qué sirve tener un patrimonio cada vez mayor si tu día a día no cambia en nada?

Foto: Vecinos de El Masnou durante los primeros días del confinamiento de 2020. (EFE/Enric Fontcuberta)
Vecinos de El Masnou durante los primeros días del confinamiento de 2020. (EFE/Enric Fontcuberta)
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"Si yo vendiera mi casa, me darían un pastón", explica Alejandra Prieto (nombre ficticio a petición propia), una propietaria madrileña. Los suficientemente afortunados como para poseer una casa en España en general, y en Madrid en particular, pueden estar más que contentos de poder decir esas palabras. Según datos del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, el precio medio de la vivienda en la Comunidad de Madrid ha aumentado aproximadamente un 75% entre 2015 y 2025, pasando de unos 2.078 €/m² a 3.631 €/m² en 2025. Miles de españoles han hecho una extraordinaria inversión y su patrimonio neto se ha duplicado, y en algunos casos incluso más. ¿Significa eso que son ricos?

En la capital, la revalorización ha sido aún más visible. En Madrid ciudad, el precio medio de la vivienda ha pasado de unos 2.700 euros por metro cuadrado en 2015 a más de 5.300 en 2025, un incremento cercano al 100% en apenas una década. Un piso de 80 metros cuadrados que hace diez años podía costar unos 220.000 euros supera hoy con facilidad los 450.000. El resultado es una paradoja cada vez más frecuente: propietarios cuyo patrimonio inmobiliario se ha disparado, pero cuya vida cotidiana apenas ha cambiado.

“Si vendo caro es porque el mercado está caro, con lo cual también tengo que comprar a un alto precio”, resume Elena Martín, agente inmobiliaria de Keller Williams One en Madrid. “La gente cree que vender una casa ahora es un gran negocio, pero cuando haces los números, muchas veces no lo es”.

Sentado en un montón de dinero

Alejandra cumplió hace poco el objetivo de miles de españoles: terminar de pagar su casa. “Hace tres años que acabé la hipoteca y, oye, son 500 euros más al mes”, cuenta. El dinero extra siempre es bienvenido, pero al mismo tiempo el coste de la vida también se ha disparado. “La compra mensual en mi casa rondaba los 200 euros y ahora pasa de los 300”, explica. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), entre 2015 y 2025 el IPC ha aumentado alrededor de un 30% en España. Todo es mucho más caro y, al final, como resume ella misma, “me he quedado igual”.

"Estamos en un mercado de vendedores: hay mucha demanda y poca oferta"

La paradoja es que, sobre el papel, Alejandra es mucho más rica que hace una década. Pero convertir esa riqueza en dinero real no es tan sencillo. “Mi casa, hoy, vale muchísimo más que por lo que la compré”, explica. El problema aparece inmediatamente después: “Si la vendo, ¿dónde voy a vivir?”. Es una situación que los agentes inmobiliarios ven a diario. “Ahora mismo estamos en lo que llamamos un mercado de vendedores: hay mucha demanda y muy poca oferta”, explica Elena Martín. Y apostilla: “Cada vez hay más compradores y menos gente dispuesta a vender”.

Ese bloqueo tiene consecuencias directas en el mercado. Muchos propietarios saben que su casa vale más que nunca, pero aun así no se plantean vender. “Cada vez hay menos producto en el mercado”, explica Elena Martín. “Mucha gente hereda una vivienda y antes la vendía; ahora decide quedársela y alquilarla”. El resultado es un desequilibrio creciente entre oferta y demanda que mantiene la presión sobre los precios. “Mientras haya gente dispuesta a pagar, los precios seguirán subiendo”, resume.

placeholder Obras en el nuevo barrio de Los Berrocale. (Europa Press/Gabriel Luengas)
Obras en el nuevo barrio de Los Berrocale. (Europa Press/Gabriel Luengas)

Víctor Ant pertenece a otra categoría cada vez más frecuente en las grandes ciudades españolas: la de los propietarios jóvenes que tienen casa, pero no necesariamente una sensación de riqueza. En su caso, la vivienda llegó a través de una herencia familiar. “Originalmente era de mis abuelos; luego pasó a mi padre y a mi tía, y finalmente a mí”, explica. Tiene trabajo y vive en Madrid, pero sabe que su situación es difícilmente replicable para alguien de su misma edad que parta desde cero.

De hecho, si hoy tuviera que comprar la vivienda en la que vive, no podría permitírsela. “Los salarios de hoy en día, aunque superen el salario mínimo, son más bajos en términos reales y los precios de la vivienda no paran de subir”, explica. “En mi caso concreto podría aspirar, como mucho, a algo más pequeño, de peores calidades y más lejos del centro de Madrid”. Su casa es, al mismo tiempo, una ventaja evidente y un recordatorio constante de lo mucho que ha cambiado el mercado inmobiliario en apenas una generación.

Aunque no paga alquiler ni hipoteca, la vivienda tampoco es gratis. “Entre derramas, impuestos, facturas y reparaciones imprevistas, una casa en propiedad también supone un gasto importante”, explica. En su caso, calcula que entre un 30% y un 40% de su sueldo acaba destinado, de una forma u otra, a mantener la vivienda. Y eso compartiendo gastos en pareja. “Si tuviera que asumirlo todo yo solo, ese porcentaje se dispararía”.

"Tengo casa, sí, pero eso no significa que me sienta más rico"

Aun así, vender no entra en sus planes. No solo por motivos económicos, sino también personales. “Mi casa tiene un valor sentimental muy alto para mí y me gusta mucho la zona”, dice. En una ciudad donde el precio de la vivienda se ha disparado, su vivienda es al mismo tiempo una seguridad y una anomalía: un activo valioso que no genera liquidez y que, en la práctica, tampoco quiere convertir en dinero.

Activos valiosos, ingresos ordinarios

La paradoja es cada vez más común en las grandes ciudades españolas. Propietarios sobre el papel acomodados (al menos en términos patrimoniales) cuya vida cotidiana, sin embargo, no se parece demasiado a la de alguien de estatus acomodado. Su patrimonio está concentrado casi por completo en una vivienda que no genera liquidez y que, en muchos casos, tampoco quieren vender. El resultado es una figura cada vez más habitual en el mercado inmobiliario contemporáneo: propietarios con un activo valioso, pero con ingresos ordinarios.

Mientras tanto, el mercado sigue moviéndose a otra velocidad. Los precios continúan subiendo, la oferta se mantiene limitada y la vivienda se consolida como el principal depósito de riqueza de los hogares españoles. Pero esa riqueza es, muchas veces, más teórica que real. Para quienes ya tienen casa, vender suele significar comprar caro en otro sitio. Para quienes no la tienen, entrar en el mercado es cada vez más difícil. Entre ambos mundos se mueve una generación que, como resume Víctor, vive con una sensación ambigua: “Tengo casa, sí, pero eso no significa que me sienta rico”. Y sin embargo, cualquier persona que esté hoy buscando su primer piso en la misma ciudad pensará lo mismo: que lo que Víctor tiene es un verdadero lujo.

"Si yo vendiera mi casa, me darían un pastón", explica Alejandra Prieto (nombre ficticio a petición propia), una propietaria madrileña. Los suficientemente afortunados como para poseer una casa en España en general, y en Madrid en particular, pueden estar más que contentos de poder decir esas palabras. Según datos del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, el precio medio de la vivienda en la Comunidad de Madrid ha aumentado aproximadamente un 75% entre 2015 y 2025, pasando de unos 2.078 €/m² a 3.631 €/m² en 2025. Miles de españoles han hecho una extraordinaria inversión y su patrimonio neto se ha duplicado, y en algunos casos incluso más. ¿Significa eso que son ricos?

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