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La geopolítica arrastra a la economía y castiga las expectativas de crecimiento en Europa
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GUERRA EN ORIENTE MEDIO

La geopolítica arrastra a la economía y castiga las expectativas de crecimiento en Europa

Nada peor que navegar en un mar de incertidumbres en medio de un escenario convulso. Los efectos económicos de la guerra en Oriente Medio sobre Europa dependerán del espacio temporal que ocupe el conflicto

Foto: Un barco en el estrecho de Ormuz. (EFE)
Un barco en el estrecho de Ormuz. (EFE)
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¿Cuánto durará la guerra en Oriente Medio? La pregunta, hoy por hoy, no tiene respuesta. Es más que probable, incluso, que ni EEUU ni Israel, quienes la iniciaron para atacar a Irán, estén en condiciones de ofrecer una fecha creíble. Y eso es, precisamente, lo que preocupa. Nada peor que navegar en un mar de incertidumbres en medio de un escenario especialmente convulso. Sus efectos económicos, por lo tanto, van a depender del espacio temporal que ocupe un conflicto que tiene al menos tres componentes de riesgo para las economías europeas.

El primero, lógicamente, tiene que ver con la duración de la guerra; el segundo, con la dependencia de cada país de los suministros de hidrocarburos procedentes de la zona en conflicto y, en último lugar, la resiliencia de las distintas economías en función de su situación de partida: déficit, deuda o inflación.

El comportamiento de los mercados financieros es otro de los daños colaterales. Y lo que queda por ahora es que los mercados de bonos están sufriendo una de las mayores caídas de los últimos años. El rendimiento de la deuda pública de Alemania (2,35%) y EEUU (4,17%) —que opera en sentido inverso al precio— se ha disparado, lo que refleja la tensión que viven los mercados. Al menos, en esta ocasión, el BCE tiene hoy más margen de maniobra para actuar tras haber dejado atrás la política de tipos de interés cero que, en algún momento de las anteriores crisis, le ató de pies y manos (el euríbor ha subido ligeramente hasta el 2,31%). Otra incertidumbre es conocer cómo quedará Irán —destrucción de capital físico y humano— después de los bombardeos, aunque ya hay una cosa clara: China, con quien mantiene fuertes vínculos, se beneficiará de la reconstrucción.

Es verdad que hoy es aventurado conocer la capacidad de Teherán para extender el conflicto en la región, aunque ya ha anunciado que suspenderá los ataques a sus vecinos, pero no hay que perder de vista el riesgo que supone para Europa que las monarquías del Golfo pierdan su estatus de territorios seguros y estables, lo que les ha permitido un modelo de negocio amenazado ahora por la guerra. Hoy, por lo pronto, y en el marco de su estrategia de internacionalizar el conflicto, Teherán ha logrado que Irak haya suspendido la mayor parte de su producción petrolera, y que Kuwait, otro gran productor, le vaya a seguir los pasos, ya que las instalaciones de almacenamiento de ambos países están cerca de su capacidad. Precisamente, porque no pueden sacar al mercado el crudo ante el riesgo de que sus petroleros sean bombardeados.

JPMorgan ha estimado que, si el Estrecho de Ormuz sigue cerrado, los siete países productores de petróleo del Golfo (Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos) se quedarán sin capacidad de almacenamiento de petróleo crudo en menos de un mes.

Superávit comercial

Gracias a la tradicional estabilidad política de los países del Golfo, que incluye seguridad jurídica y previsibilidad en las relaciones bilaterales, Europa ha invertido en la región decenas de miles de millones de euros en las tres últimas décadas. Europa, de hecho, y pese a que compra ingentes cantidades de hidrocarburos procedentes de los países del Golfo, mantiene un superávit comercial equivalente a unos 40.000 millones de euros, lo que significa que, si la región entra en una órbita de convulsión política, lo que está en riesgo es ese superávit comercial.

Y hay que tener en cuenta que en 2023, el conjunto de intercambios comerciales entre Europa y los países del Consejo de Cooperación del Golfo sumó unos 170.000 millones de euros, lo que da idea de lo que supondría un agravamiento de la tensión. Sin contar el hecho de que desde hace más de una década, los aeropuertos del Golfo (Dubai o Qatar) se han convertido en hubs para el tráfico aéreo hacia Asia, donde Europa tiene muchos intereses. Y sin tráfico aéreo o mermado, las relaciones entre ambas regiones se resienten.

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Y es que, como sostiene un análisis del Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea, un think tank financiado por la propia UE, esta es una guerra muy diferente a la de Afganistán o Irak, aunque también a la de Libia, donde los intereses económicos de Europa eran mucho menores.

Ninguno de los tres casos es un ejemplo a imitar, y eso está en la mente de los países que la han iniciado. Aquellas operaciones acabaron en el caos. Con Washington saliendo de forma atropellada de Kabul y por la puerta de atrás en Irak sin lograr sus objetivos más allá de la mera destrucción. Si esto ocurre, la probabilidad de que la región se desestabilice aumenta, a lo que hay que sumar el efecto que pueden tener los desplazados —Irán tiene 92 millones de habitantes— desde el punto de vista geopolítico. El caso de la guerra civil Siria, que produjo millones de refugiados, muchos de los cuales llegaron a Europa y, en particular, a Alemania, es un indicador de lo que puede suceder si la región se sumerge en el caos. Un vacío de poder en Irán amenaza con agravar los efectos de la guerra, como sucedió en Irak o Afganistán.

Lo que está en juego, en todo caso, como sostienen los analistas de ING Think, va mucho más allá de la energía fósil: gas y petróleo. No en vano, entre 15 y 20 millones de barriles, o lo que es lo mismo entre el 15% y el 20% de la demanda mundial, circulan diariamente por la zona. Los fertilizantes y muchos otros productos estratégicos también se ven afectados por el conflicto. Es decir, afecta a toda clase de bienes que deben transportarse hacia y desde Europa.

Cadenas de aprovisionamiento

Aquí las cadenas de suministro juegan un papel determinante. HMM, una de las grandes compañías de logística del planeta, ya ha advertido a sus clientes sobre posibles interrupciones en los servicios marítimos si se mantiene o incrementa, en el peor de los casos, la tensión en la zona. En particular, en torno al estratégico Estrecho de Ormuz, mientras que Hapag-Lloyds, otro de los gigantes del transporte, ha anunciado procedimientos de contingencia para los envíos vinculados al Golfo. Las contingencias, básicamente, pasan por situar a los buques de transportes en aguas seguras hasta que desaparezca el peligro, lo que en definitiva afecta a las cadenas de aprovisionamiento, vitales para Europa en la medida en que buena parte de su economía tiene que ver con el sector exterior (importaciones y exportaciones).

Algo parecido sucede en Asia, con las consecuencias indirectas que tendrían sobre la economía europea. Los volúmenes de tránsito del Estrecho de Ormuz rondan los 1,5 millones de barriles diarios de gas, además de 1,2 millones de nafta, utilizada en procesos petroquímicos, como ciertos disolventes. Y, en este sentido, los flujos de nafta hacia las plantas de craqueo de Asia oriental están particularmente expuestos, ya que más del 37% de esos volúmenes marítimos globales transitan por el estrecho.

Los mercados de gas licuado ya presentaban una situación difícil antes de la guerra tras la interrupción del suministro de la semana pasada en las instalaciones de Juaymah, propiedad de Saudi Aramco, por razones de daños estructurales. Esto representa una amenaza específica para India, que depende en gran medida del GLP de Oriente Medio para uso residencial. Sustituir estos cargamentos de corta distancia por viajes más largos de GLP desde EEUU representaría un grave desafío logístico para los países asiáticos. Si bien Qatar solo exporta una pequeña proporción de su gas a Europa, su ministro de Energía declaró al FT el viernes que el continente sentiría un “dolor significativo” a medida que los compradores asiáticos superen las ofertas de los europeos por cualquier gas disponible en el mercado. Ningún otro país del Golfo se encuentra hoy en condiciones de cumplir con sus obligaciones contractuales.

Esto es especialmente importante si se tiene en cuenta que con los niveles de almacenamiento de gas de la Unión Europea (UE), situados en torno al 30%, según Gas Infrastructure Europe, el viejo continente entra en un periodo crítico para rellenar inventarios de cara al próximo invierno. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos tienen oleoductos que pueden redirigir una parte de sus exportaciones de petróleo para cargarlas en puertos fuera del Estrecho, pero importantes volúmenes de producción siguen estancados.

Costes del transporte

Igualmente, la naviera MSC, como Maersk, ha anunciado nuevos recargos de emergencia de guerra, un instrumento que sirve a las aseguradoras para compensar el incremento del riesgo, lo que en última instancia también influye en los costes de transporte que finalmente pagan los consumidores. El recargo, desde el pasado día 5, supone un coste adicional de 500 dólares por contenedor para carga seca y 1.000 dólares para carga refrigerada.

En el horizonte asoma un barril a 100 dólares —este viernes ya alcanzó los 91,33 dólares, casi 20 más que hace apenas una semana— y el gas instalado en torno a 60-70 dólares megavatio, pero ese escenario —el gas se mueve actualmente en torno a los 52 euros megavatios/hora– es todavía algo lejano, aunque no mucho.

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En el escenario base, es decir, un conflicto de corta duración, en torno a unas semanas, las economías europeas tenderían a ajustarse, como ha sucedido en otras ocasiones, aunque con un crecimiento algo menor: en torno a dos o tres décimas. Eso supone que en 2026 el PIB podría avanzar un débil 1%, pero con unas décimas más inflación, lo que arrastraría los resultados de 2027. Entre otros motivos, porque el dólar, en el marco de su papel de moneda refugio, se ha apreciado en los últimos días y el euro ha pasado de 1,18 unidades a 1,15, lo que supone una entrada adicional de inflación por esta vía. Un euro más débil acelera los precios.

No hay que perder de vista, en todo caso, que el daño está hecho, y aunque se normalizara la situación bélica en la región mañana mismo, los bombardeos han castigado a las infraestructuras energéticas, que tardarán en ser reconstruidas. El ministro de Energía de Qatar ha advertido que si el conflicto termina de inmediato, su país podría tardar “semanas o meses" en normalizar las entregas tras el cierre de Ras Laffan, el complejo de exportación de GNL alcanzado esta semana por drones iraníes y considerado el centro mundial del gas. Qatar está entre los tres países del mundo que más exportan.

El FMI hará su primera estimación sobre los costes de la guerra de Trump y Netanyahu a mediados del mes que viene en su reunión de primavera, mientras que, también por esas fechas, la Comisión Europea hará sus previsiones, previsiblemente a la baja por el deterioro de las expectativas. El Fondo, en alguna ocasión, ha estimado que el crecimiento económico mundial se reduce en un 0,15% por cada aumento del 10% en los precios del petróleo.

Potencial alcista

Según ING Think, con cuatro semanas de dificultades en los flujos de petróleo y GNL, equivalentes a dos semanas de interrupción total y dos semanas de interrupción del 50%, el crudo Brent podría promediar 71 dólares, mientras que el gas natural TTF se situaría en torno a los 31 dólares durante el segundo trimestre del año. Lógicamente, cuanto más prolongada sea la interrupción, mayor será el riesgo.

En el escenario base de Bank of America, igualmente, no se prevé un conflicto prolongado, “lo que limitaría el potencial alcista del petróleo a poco más de lo observado hasta ahora y la disminución del impacto en las próximas semanas”. En ese escenario, el comportamiento de los bancos centrales continuaría como hasta ahora. Es decir, no tocarían los tipos de interés.

Ahora bien. El impacto en Europa será asimétrico. El riesgo de un encarecimiento adicional del petróleo respecto de los precios actuales golpea especialmente a Alemania y al resto de los países más industrializados, toda vez que el incremento de los precios del gas repercute de forma inmediata en los márgenes industriales, especialmente en los sectores con uso intensivo de gas.

La alternativa es EEUU, pero a precios más elevados, ya que se trata de precios internacionales. En el peor de los casos, en aras de frenar los precios, EEUU podría poner en circulación hidrocarburos depositados en sus reservas estratégicas, que están intactas, y que se sitúan por encima de las recomendaciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Pero ese escenario todavía no es real porque sería una señal de alarma que los países consumidores quieren evitar. Trump ha dicho que exige la “rendición” del régimen de Irán, pero no parece que ese vaya a ser el escenario más probable a corto plazo. Malas noticias para Europa (y para el resto del mundo).

¿Cuánto durará la guerra en Oriente Medio? La pregunta, hoy por hoy, no tiene respuesta. Es más que probable, incluso, que ni EEUU ni Israel, quienes la iniciaron para atacar a Irán, estén en condiciones de ofrecer una fecha creíble. Y eso es, precisamente, lo que preocupa. Nada peor que navegar en un mar de incertidumbres en medio de un escenario especialmente convulso. Sus efectos económicos, por lo tanto, van a depender del espacio temporal que ocupe un conflicto que tiene al menos tres componentes de riesgo para las economías europeas.

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