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Irán internacionaliza la guerra y las monarquías del Golfo entran en pánico
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GUERRA EN ORIENTE MEDIO

Irán internacionaliza la guerra y las monarquías del Golfo entran en pánico

En el imaginario de los jeques no estaba, ni mucho menos, la posibilidad de un conflicto largo, aunque siempre latente, entre Irán y EEUU e Israel con capacidad para desestabilizar la zona. Está en juego su modelo de negocio

Foto: Atardecer en la dársena de Kalntari, en el mar de Omán, cerca del estrecho de Ormuz. (EFE/Abedin Taherkenareh)
Atardecer en la dársena de Kalntari, en el mar de Omán, cerca del estrecho de Ormuz. (EFE/Abedin Taherkenareh)
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Lo dice, mientras sobrevuela por su despacho algún dron lanzado desde cualquier lugar de Irán, un alto ejecutivo español que trabaja desde hace años para el Gobierno de uno de los emiratos: "Aquí lo que preocupa es que en un escenario de inestabilidad política se acabe el modelo de negocio". Se refiere a que durante las últimas décadas, en su afán por diversificar su estructura económica para no ser tan dependientes del petróleo y del gas, las monarquías del Golfo han construido un territorio que ofrecía al mundo estabilidad fiscal y financiera, seguridad jurídica y normativa y, sobre todo política, que es una de las características de los estados autoritarios. Su modelo de negocio, de hecho, se basa en la confianza.

En el imaginario de los jeques no estaba, ni mucho menos, la posibilidad de un conflicto largo —aunque siempre latente— entre Irán y EEUU e Israel con capacidad para desestabilizar la zona. Lo habitual han sido ataques y contraataques muy limitados en el tiempo vinculados al programa nuclear iraní o a la actividad de Hezbolá en Israel. Pero ahora ni el propio Trump es capaz de fijar un horizonte razonable —habla de cuatro o cinco semanas, o quizás más— ni una salida creíble. Y eso es, precisamente, lo que alarma. Entre otras razones, porque esa es la estrategia de Teherán, que en lugar de concentrar sus ataques en Israel para repeler los ataques, como ha hecho en otras ocasiones, lo que busca ahora es internacionalizar el conflicto. Es decir, ensanchar el campo de batalla. O expresado de otra forma: incendiar la región hasta convertirla en un polvorín. Y ahí, los países del Golfo tienen mucho que perder. También el resto del mundo. En particular, las economías avanzadas.

Eso explica que los objetivos de Irán pasen por dañar las infraestructuras, y ya lo ha hecho con algunas instalaciones petrolíferas situadas en Catar y Arabia Saudí. Cerrar el Estrecho de Ormuz al transporte marítimo y restringir el tráfico aéreo son otros de los objetivos. Todo ello para perturbar las economías e impulsar el alza de los precios de la energía y, por consiguiente, la inflación a nivel mundial. Dicho de otra manera, internacionalizar el conflicto atacando infraestructuras sensibles provocando el caos en la medida que tenga capacidad para ello.

Una crisis regional

La razón es muy simple. Una crisis regional de larga duración amenaza con ahuyentar la inversión extranjera directa, que es lo que ha permitido a los países del Golfo, en particular a Emiratos, crear una industria financiera y de servicios capaz de captar recursos de todo el mundo. Es por eso, como dice el alto ejecutivo español, que Teherán, con sus drones y misiles, "está testando" a sus vecinos del Golfo para chequear su capacidad de resistencia. Si el conflicto es de corta duración, todo volverá a la normalidad, pero todo será distinto si se alarga la guerra o si escala. En todo caso, el daño ya está hecho.

Los países del Golfo han dejado de ser, al menos por un tiempo largo, salvo que caiga el régimen de Teherán en las próximas semanas de forma pacífica, algo improbable ante la ausencia de una alternativa fiable, y la región vuelva a ser la zona estable que ha sido en las últimas décadas.

El desgobierno en Teherán —el régimen no tiene siquiera ante quién rendirse— significa que el Estrecho de Ormuz deja de ser ese espacio esencial para el tráfico de petróleo, a lo que hay que añadir los cierres continuos del espacio aéreo en una región cuyo contacto con el exterior pasa por largos trayectos en avión. Emiratos, de hecho, se ha visto obligado a crear corredores aéreos seguros dado que para la región es esencial la libertad de vuelos. Por el momento, las operaciones comerciales regulares de Emirates, Etihad y Air Arabia aún no se han reanudado y Flydubai ha iniciado operaciones limitadas.

El eslabón más débil

Es por eso por lo que en este conflicto, aunque pueda parecer lo contrario, que el eslabón débil no es Israel, sino EEUU, que juega con el tiempo. La Casa Blanca necesita que el conflicto se resuelva en el menor espacio temporal posible, ya que sus socios del Golfo, aunque nunca se desmarcarán de su posición como aliados de Washington, ahí están los Acuerdos de Abraham, pueden impacientarse respondiendo a algún misil procedente de Teherán, lo que provocaría una escalada de la tensión de imprevisibles consecuencias.

La alternativa sería forzar una negociación entre EEUU e Irán, pero esta probabilidad se antoja hoy improbable. Entre otros motivos, porque el ejército iraní, además de su capacidad represora, es quien controla las estructuras petroleras del país, y Teherán no parece dispuesta a hacer concesiones a sus archienemigos del Golfo, a quienes históricamente —la mayoría son de origen árabe— ha despreciado culturalmente. O expresado de otra forma, la aversión de las monarquías del Golfo hacia Irán tiene que ver con que no aceptan la superioridad persa sobre la cultura árabe.

El objetivo ahora de los jeques es, por lo tanto, salvaguardar a toda costa sus intereses económicos, levantados, sobre todo, y a partir de los hidrocarburos, sobre una estabilidad que está en trance de desaparecer, y que ha permitido, incluso, que se esté negociando con la Unión Europea un acuerdo de libre comercio. Hace menos de un año, el comisario de Comercio y Seguridad Económica, Maroš Šefčovič, y el ministro de los Emiratos, Thani bin Ahmed Al Zeyoudi, acordaron una hoja de ruta que todavía no ha concluido, y que ahora, con la guerra, se complica.

El comercio de bienes y servicios entre la UE y los Emiratos Árabes Unidos alcanza anualmente los 94.000 millones de euros, y además Europa es quien más invierte en la región, lo que da idea de lo que se juegan las empresas europeas en caso de que la zona entre en una espiral de inestabilidad. En 2023, el total de inversión extranjera directa (IED) saliente de la UE en la región del Golfo ascendió a 235.900 millones de euros. No hay que olvidar que los seis países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo (Bahréin, Kuwait, Omán, Catar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos) han formado su propia unión aduanera y están trabajando para alcanzar el objetivo de completar su propio mercado interno. Todo eso se puede ir al traste si se internacionaliza la guerra y se desestabiliza la región.

Lo dice, mientras sobrevuela por su despacho algún dron lanzado desde cualquier lugar de Irán, un alto ejecutivo español que trabaja desde hace años para el Gobierno de uno de los emiratos: "Aquí lo que preocupa es que en un escenario de inestabilidad política se acabe el modelo de negocio". Se refiere a que durante las últimas décadas, en su afán por diversificar su estructura económica para no ser tan dependientes del petróleo y del gas, las monarquías del Golfo han construido un territorio que ofrecía al mundo estabilidad fiscal y financiera, seguridad jurídica y normativa y, sobre todo política, que es una de las características de los estados autoritarios. Su modelo de negocio, de hecho, se basa en la confianza.

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