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España es más dependiente que nunca del Made in China (y del Made in EEUU)
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Suman el 18% de las importaciones en 2025

España es más dependiente que nunca del Made in China (y del Made in EEUU)

La autonomía estratégica fue un punto de inflexión político que aún no se aprecia en los datos. China se consolida como el proveedor de diodos y circuitos, mientras que EEUU acapara las compras de armas y de máquinas para alta tecnología

Foto: Mercancías en el puerto de Shanghai. (Ole Spata)
Mercancías en el puerto de Shanghai. (Ole Spata)
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La Unión Europea se dio cuenta tras la pandemia y el inicio de la guerra en Ucrania de que no podía seguir dependiendo de proveedores extranjeros para abastecerse en áreas industriales claves como la tecnológica y la armamentística. Pero las décadas de deslocalización no se revierten en unos pocos años. Las leyes y proyectos aprobados para materializar la autonomía estratégica abierta, que pretende mantener el libre comercio a la vez que recuperar músculo industrial, marcan un punto de inflexión político, pero los datos no muestran uno real.

Una manera de aproximarse a las dependencias con el exterior son los datos de comercio de bienes, y los de España no vislumbran un vuelco hacia una mayor provisión dentro de la UE. De hecho, registran más bien lo contrario. Las cifras de aduanas muestran que la cuarta economía del euro dependió más en 2025 de los productos que importa directamente a China y a EEUU que antes de la pandemia. Sus pesos en las compras totales de España al exterior crecen y lo hacen en detrimento del peso del mercado comunitario.

En concreto, el 11,3% de las importaciones españolas en 2025 procedieron directamente de China y el 6,8% de EEUU, 2,3 puntos y dos puntos más, respectivamente, que en 2019. El protagonismo de los bienes chinos se encuentra en su máximo histórico (de la serie disponible desde 1995) y el de los bienes estadounidenses marca el segundo valor más alto, solo por detrás del de 2022. En ese año se produjo un gasto excepcional en importaciones energéticas por la crisis que disparó los precios de la electricidad y de los combustibles y por la necesidad de sustituir a Rusia a marchas forzadas tras la invasión de Ucrania.

En paralelo, el peso de las importaciones procedentes de la UE ha caído hasta el 49,4% respecto al 50,3% de 2019 y se encuentra lejos de las cotas del 60% que se dieron hasta 2003, justamente cuando China irrumpió como un proveedor cada vez más relevante. En 2025, España gastó cantidades récord en las importaciones a China (50.250 millones de euros) y a EEUU (30.175 millones), y crecen en comparación con 2019 un 72,4% y un 95,5%, respectivamente.

El comercio mundial se rige por lógicas de eficiencia en los mercados abiertos. A priori, las empresas europeas no compran productos fabricados en Europa solo por el hecho de serlo si el producto de interés que ofrece otra región del mundo es más competitivo, en precio o en calidad, según los fines requeridos. Un ejemplo claro es el textil, de producción mucho más barata en Asia, que ha logrado adueñarse del mercado mundial sectorial en apenas dos décadas.

Además, la transformación energética y la digital requieren de materias primas y de procesos industriales de los que la UE no dispone, lo que lleva a incrementar las importaciones. A esto se suma el rearme, para el que los 27 tampoco tienen la capacidad industrial suficiente, y la redirección de exportaciones de China a la UE como consecuencia de los aranceles impuestos por Trump. Todos estos factores, que han coincidido en el tiempo, explican el aumento de la dependencia a pesar de las intenciones políticas.

Dependencia tecnológica e industrial

España concentra buena parte de sus importaciones de bienes de consumo duradero y de manufacturas de consumo en China. En 2025, compró el 49% de los electrodomésticos directamente al gigante asiático y el 33,3% de la electrónica de consumo (en 2019, era el 18,2%). El peso también es elevado en textiles y calzado, por encima ambos del 20%.

Lo mismo sucede con los productos energéticos que compara a EEUU, cuyo protagonismo se ha intensificado en los últimos años. Las importaciones de gas estadounidense fueron el 36,2% del total en 2025 (frente al 15,5% de 2019) y también se incrementa el peso de los productos petrolíferos hasta el 15% (5,2% en 2019).

Los porcentajes pueden parecer reducidos en términos agregados, pero el desglose por código aduanero revela dependencias en productos claves. Por ejemplo, España importó de China en 2025 el 62,8% de los diodos y semiconductores fotosensibles imprescindibles para las placas fotovoltaicas. En 2019, era el 57,6%. También se compra al gigante asiático el 61,8% de los circuitos impresos (PCBs, por sus siglas en inglés), necesarios para establecer conexión eléctrica entre los componentes electrónicos de un dispositivo. En 2019, era el 55,5%.

Además, hay dependencias nuevas. Es el caso de las carrocerías para vehículos que posteriormente se ensamblan en las fábricas españolas, las cuales España compra ya en un 58,4% a China. Lo mismo sucede con los transatlánticos completos (el 64,1%, importados de China) y con un tipo de isótopos aplicados en medicina (radiofármacos) e investigación científica, que España compra a China en un 66% sobre el total de importaciones. En 2019 no se efectuaban compras relevantes de ninguno de estos productos a China.

La lista de dependencias de EEUU es mucho más reducida. Destacan las armas de guerra, importadas en un 90,4% a EEUU (un total de 40,33 millones de euros) frente al 71,4% de 2019 (con solo 3,12 millones de euros). Este incremento se enmarca en un contexto de rearme acelerado por las nuevas exigencias de la OTAN ante una industria europea y española todavía no suficientemente desarrollada.

También resalta la importación de EEUU en un 78,2% sobre el total de máquinas y aparatos usados para la fabricación de productos de alta tecnología, específicamente semiconductores, circuitos integrados y pantallas planas, frente al 14,4% de 2019.

Valor añadido indirecto y suministro de materias primas

Los datos comerciales aproximan las dependencias críticas, pero tienen limitaciones. Muchos productos llegan a España a través de una importación a otro país europeo, pero su origen real se ubica fuera del territorio comunitario. Teniendo en cuenta el comercio indirecto, China y EEUU tienen más peso en la demanda interna española y en los productos que posteriormente se exportan del que se registra en aduanas.

Para medir el peso de los insumos totales procedentes directa o indirectamente de China y de EEUU en la economía española es útil la medición alternativa de Eurostat basada en tablas de origen-destino e insumo-producto. Según los últimos datos, referidos a 2023, el valor añadido generado en China y consumido por la demanda interna de España ascendió al 10,2% del valor añadido extranjero total. No obstante, si se suma el valor añadido generado en las exportaciones españolas, el porcentaje asciende al 16,4%. En 2019, la suma de ambos fue el 15,2%. El mismo cálculo para los bienes con origen en EEUU refleja un peso del 21% en total, ligeramente superior al de 2019 (16,1%).

Quizás el caso más relevante de comercio indirecto que hace imposible la trazabilidad en los datos aduaneros es el de materias primas. España importa muchas de ellas de otros estados de la UE, pero el origen se encuentra en terceros países, principalmente de Asia y África, y el procesamiento se concentra en China. Dentro de la autonomía estratégica europea, una parte clave es la ley de materias primas críticas por ser los productos cuyo abastecimiento más preocupa para realizar la transición energética y la digital, pero un informe publicado por el Tribunal de Cuentas Europeo este mes constata que no hay avances ni siquiera en este ámbito.

Según sus conclusiones, la UE tiene pocas probabilidades de cumplir con sus objetivos 2030 de autonomía estratégica en materias primas. La diversificación de las importaciones "no ha producido resultados tangibles" todavía (10 de las 26 materias primas fundamentales se importan íntegramente) y los cuellos de botella dificultan la producción y el reciclaje. Ninguna de las tierras raras utilizadas en la UE se procesan internamente, tratamiento que depende casi al 100% de China. La autonomía estratégica, hoy por hoy, es una quimera.

La Unión Europea se dio cuenta tras la pandemia y el inicio de la guerra en Ucrania de que no podía seguir dependiendo de proveedores extranjeros para abastecerse en áreas industriales claves como la tecnológica y la armamentística. Pero las décadas de deslocalización no se revierten en unos pocos años. Las leyes y proyectos aprobados para materializar la autonomía estratégica abierta, que pretende mantener el libre comercio a la vez que recuperar músculo industrial, marcan un punto de inflexión político, pero los datos no muestran uno real.

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