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El veto judicial a los aranceles de Trump reabre el tablero de la guerra comercial global
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Sentencia histórica

El veto judicial a los aranceles de Trump reabre el tablero de la guerra comercial global

El presidente de EEUU pierde su arma de coacción más poderosa y establece aranceles temporales del 10%. China se frota las manos en un escenario que le resulta muy favorable

Foto: El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (Reuters/Jonathan Ernst)
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (Reuters/Jonathan Ernst)
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La palabra que más se repite hoy en la prensa internacional es "sentencia histórica". Y no es para menos: la Corte Suprema de Estados Unidos ha anulado los aranceles recíprocos que estableció el presidente del país, Donald Trump, por excederse de sus competencias, desmontando así el grueso de la política comercial impulsada por la Administración. Trump lamentó la decisión poco después de conocer el fallo con su habitual tono: "Me avergüenzo de ciertos miembros del tribunal, me avergüenzo totalmente, por no tener el coraje de hacer lo correcto para nuestro país". La Casa Blanca ya está analizando vías para esquivar el fallo, pero sus opciones para establecer aranceles generales son limitadas y peliagudas.

La decisión del tribunal dispara otra vez la incertidumbre comercial. Las empresas ya se habían acostumbrado a las reglas del juego, aunque no fuesen buenas, y ahora se enfrentan a otro periodo de muchas dudas. Lo primero que anunció el presidente tras conocer el fallo es que establece un arancel general del 10% para todos los bienes y todos los países acogiéndose al artículo 122 de la Ley de Comercio.

En cualquier caso, se trata de un parche temporal que no consigue mantener los aranceles que estaban en vigor hasta ahora y que tendrá una caducidad de 150 días. De hecho, un arancel del 10% a China, que estaba pagando un 34%, es una invitación a reanudar las exportaciones.

La sentencia es un revés histórico para Trump, que esperaba conseguir la victoria debido a que los jueces del Supremo son de mayoría republicana. No sólo supone un duro golpe para su reputación y su política comercial, también pone en serios aprietos la política fiscal del presidente. El déficit público de Estados Unidos estaba estancado por encima del 8% del PIB y, según las previsiones del FMI, se aproximará al 9% anual hasta final de la década. Los aranceles eran una palanca clave para contener el déficit. Con un impacto recaudatorio estimado de 250.000 millones de dólares a lo largo del año, permitirían reducir el déficit en medio punto del PIB.

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Todo se agravará si EEUU tuviese que devolver los aranceles cobrados de forma irregular. EEUU se enfrenta ahora a demandas millonarias de reintegro de los aranceles, sumado al tipo de interés aplicable durante ese periodo. Según algunos cálculos, la cifra podría superar los 150.000 millones de dólares.

¿Y ahora qué?

El equipo de Trump ya estaba buscando fórmulas para esquivar una sentencia desfavorable de la Corte Suprema, como finalmente ha ocurrido. La primera decisión que ha tomado ha sido establecer un arancel global del 10%, invocando el artículo 122 de esta Ley de Comercio, que permite imponer aranceles discrecionales de hasta el 15% por un periodo máximo de 150 días.

Su aplicación tampoco está exenta de polémica, porque tendría que demostrar que existe una crisis "grande y seria" de la balanza de pagos. Una vez superados esos 150 días, cualquier prórroga adicional tendría que pasar por el Congreso, donde no hay una mayoría que respalde los aranceles. Son, por tanto, una posible solución de emergencia que no soluciona el problema de fondo que tiene el presidente.

A partir de aquí, Trump necesita buscar soluciones más estructurales que le sirvan para extender los aranceles en el tiempo y retener este poderoso instrumento geopolítico. La opción más evidente es repetir la fórmula de los aranceles al acero y al aluminio, que siguen en vigor y no están en duda. Se trata de la aplicación de los poderes de seguridad nacional contemplados en la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial del año 1962.

El problema de esta norma es que tiene dos limitaciones clave. La primera es que sólo se pueden establecer aranceles sobre bienes concretos, por lo que no es posible repetir las tarifas generalizadas. La segunda es que no se pueden aplicar aranceles discrecionales por países, sino que sería una tarifa común para cada producto. Trump no podría utilizarlos como un arma para amenazar discrecionalmente a algunos países.

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La otra opción que tiene Trump sobre la mesa es la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974. Esta norma otorga permite al Gobierno federal adoptar medidas comerciales contra países que vulneren acuerdos comerciales. Sin embargo, no está claro cómo podría invocar esta norma para establecer aranceles, y tampoco está claro que haya muchos acuerdos comerciales en vigor después de que Trump los anulara con su escalada arancelaria.

Más incertidumbre

Esta sentencia vuelve a disparar la incertidumbre comercial. Trump intentará reaccionar, aunque nadie sabe cómo y esto genera aún más dudas. El presidente necesita tres cosas: sacudirse la imagen de derrota que tiene ahora mismo, corregir el agujero que se generará en las cuentas públicas y recuperar un instrumento con el que amenazar al mundo. Trump es ahora una bestia acorralada cuya reacción es impredecible. Y dadas las limitaciones legales a las que se enfrenta, podría concentrar el golpe en algunos sectores concretos, lo que sería devastador para esas empresas.

Esto explica que la decisión de la Corte Suprema, lejos de generar alivio, ha provocado preocupación entre los exportadores. Tampoco el mercado experimentó grandes cambios: el dólar cayó hasta 1,18 frente al euro y el bono a 10 años subió 5 puntos básicos hasta el 4,09%. Por el momento, nadie quiere soñar con el fin de los aranceles, aunque la mayor parte de las empresas lo esté deseando.

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Para muchas empresas, el daño ya está hecho. Por ejemplo, en el caso de España, a lo largo de 2025 exportaron a EEUU de forma recurrente 7.200 empresas a Estados Unidos, casi 1.300 menos que en 2024. Es una caída del 15% en el número de empresas exportadoras. Lo más probable es que estas empresas que han dejado de vender al país, no vuelvan a hacerlo a corto plazo. Al menos, mientras se mantenga un nivel alto de incertidumbre. También existen muchas dudas sobre lo que ocurrirá con los acuerdos comerciales que ha firmado Trump en los últimos meses.

Esta sentencia puede suponer un cambio estructural en la forma de hacer relaciones internacionales de Trump. Su principal instrumento para forzar a otros gobiernos, o incluso, someterlos, eran los aranceles. La mera expectativa de que la Corte pudiera tumbar los aranceles ya estaba perjudicando la capacidad negociadora de la Administración Trump. Según informó la NBC durante la semana, citando fuentes de la Casa Blanca, las conversaciones con otros países se estaban estancando.

La estrategia negociadora de Trump de conceder una pequeña reducción de los aranceles específicos a cambio de conseguir trato de favor para los productos americanos queda anulada, al menos temporalmente. Si finalmente pierde esta competencia o queda muy restringida, el poder de negociación de Trump se reducirá drásticamente.

Esto es especialmente importante en su choque con China por ser la primera potencia mundial. De hecho, China es la gran vencedora de este fallo de la Corte Suprema. Primero, porque hasta ahora estaba pagando un arancel general del 34% que se reduce a una tercera parte. Segundo, porque Pekín ya tiene fijados unos aranceles a Estados Unidos que ahora decidirá si quita o mantiene. Y, tercero, porque la capacidad de Trump para establecer aranceles específicos a su gran competidor queda muy limitada. Además, China ha mantenido su producción industrial durante estos meses exportando a otros países, por lo que tiene su capacidad intacta para volver a vender a EEUU. Un arancel del 10% para China es volver a poner la alfombra roja a sus productos baratos.

La palabra que más se repite hoy en la prensa internacional es "sentencia histórica". Y no es para menos: la Corte Suprema de Estados Unidos ha anulado los aranceles recíprocos que estableció el presidente del país, Donald Trump, por excederse de sus competencias, desmontando así el grueso de la política comercial impulsada por la Administración. Trump lamentó la decisión poco después de conocer el fallo con su habitual tono: "Me avergüenzo de ciertos miembros del tribunal, me avergüenzo totalmente, por no tener el coraje de hacer lo correcto para nuestro país". La Casa Blanca ya está analizando vías para esquivar el fallo, pero sus opciones para establecer aranceles generales son limitadas y peliagudas.

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