La desigualdad educativa de las provincias se explica por cómo se empareja la gente
Un nuevo estudio muestra que la persistencia de la desigualdad está muy relacionada con el emparejamiento selectivo, lo que acaba desembocando en un círculo vicioso
Varios niños juegan en el patio del colegio CEIP Varia de Logroño. (EFE)
Los economistas cada vez comprenden mejor la importancia que tiene el proceso de emparejamiento para numerosos aspectos de la vida, desde la distribución de la renta, la capacidad de crecimiento e, incluso, la desigualdad educativa. Cuando los hombres y mujeres tienden a emparejarse con personas de su misma condición, lo que se denomina emparejamiento selectivo, la desigualdad se hace fuerte. Por el contrario, cuando las clases sociales se mezclan, generan redistribución hacia la siguiente generación. Es posible, por tanto, que la ruptura del ascensor social en una buena parte del mundo desarrollado esté relacionada con un aumento del emparejamiento selectivo.
Un estudio publicado esta semana por el Banco de España elaborado por los investigadores Ricard Grebol, Margarita Machelett, Jan Stuhler y Ernesto Villanueva, muestra que existe una gran correlación entre el emparejamiento selectivo y la desigualdad en España y también dentro de cada provincia y cada capital. Esto es, la desigualdad está estrechamente relacionada con cómo elige la población a sus parejas.
La relación que han detectado es tan estrecha que la desigualdad educativa está más relacionada con el emparejamiento selectivo que con el punto de partida de la desigualdad que hubiese en cada región. Esto es, no es que la desigualdad se perpetúe por sí misma, sino que es el emparejamiento el que determina que la desigualdad pase de padres a hijos.
Este hallazgo, que es similar al detectado en otros países desarrollados, es muy relevante. El nivel educativo es una buena aproximación al nivel de ingresos: a mayor nivel formativo, mayor renta. Esto invita a pensar que las políticas públicas para reducir la desigualdad también deberían tener en cuenta cómo influyen en el proceso de emparejamiento. Por ejemplo, crear espacios comunes en los que las diferentes clases sociales se mezclen, como pueden ser las distintas etapas de la educación, sentaría las bases para reducir el emparejamiento selectivo.
Un cambio histórico
El emparejamiento selectivo empezó a ganar fuerza en España con el franquismo, con las generaciones nacidas a partir de los años treinta y alcanza su pico a mediados de siglo. Esto cambia a partir de los años sesenta, coincidiendo con cambios sociales y reformas educativas (incluyendo el sistema EGB) que favorecieron la interacción entre personas de diferentes estratos.
A partir de ese momento, se produce una caída del emparejamiento selectivo que va de la mano con una reducción de la desigualdad educativa. Lo que miden los investigadores es el número de años de formación que pasa cada miembro de la pareja y, en paralelo, las diferencias en el número de años dentro de cada generación en cada territorio.
La evidencia muestra que, a medida que se reducía el emparejamiento selectivo, también lo hacía la desigualdad educativa. Las clases sociales se fueron mezclando durante toda la segunda mitad del siglo XX, recortando así las diferencias educativas de las siguientes generaciones. Esta tendencia se ha roto en las dos últimas décadas. La reducción del emparejamiento selectivo ha tocado suelo y, en paralelo, la desigualdad educativa ha dejado de reducirse. Es posible que esta sea una de las causas que expliquen la ruptura del ascensor social.
Un patrón sorprendente
El estudio muestra un patrón que sorprende a los propios investigadores: la mayor parte de los cambios que ocurren en la transmisión de la desigualdad educativa se deben a los patrones de emparejamiento. Esto significa que tiene una importancia muy superior a la que cabría esperar. De hecho, los investigadores encuentran que tiene una relación más estrecha con la evolución de la desigualdad entre generaciones que la propia desigualdad de partida.
"Lo que es sorprendente es su fuerza", escriben los autores. "Las correlaciones entre emparejamiento selectivo son altamente predictoras de la movilidad intergeneracional". El efecto llega hasta tal punto de que "casi la mitad de la variación de las correlaciones intergeneracionales pueden explicarse por las diferencias en el emparejamiento selectivo".
Por ejemplo, uno de los datos más relevantes del estudio es que la relación de transmisión de la desigualdad educativa entre generaciones es el doble en las provincias en las que hay más emparejamiento selectivo. No hay otro factor que tenga tanta relación con la desigualdad educativa que el patrón de emparejamientos. Las provincias, incluso las ciudades en las que la población tiende a unirse con los de su mismo estrato, terminan perpetuando las desigualdades. Y la educación pública, por sí misma, no ha conseguido corregirlo.
El emparejamiento selectivo es más fuerte en la mitad sur de España. Ciudades como Granada, Algeciras, Cartagena o Albacete muestran las relaciones más fuertes entre el nivel de estudios de los progenitores. Esto es, existe poca tendencia a que se mezclen las capas sociales. Por el contrario, donde existe menor emparejamiento selectivo es en torno a las grandes ciudades y en las provincias del norte del país.
El punto de partida es relevante en el emparejamiento. La desigualdad en el sur de España es mayor que en las grandes ciudades y en el norte, lo que implica que para formar parejas de diferentes niveles educativos hay que vencer una brecha grande, reduciendo así las probabilidades de que se emparejen. Así, lo que observan los investigadores es que las regiones en las que hay más igualdad de partida tienden a generar un círculo virtuoso, porque eso favorece que la población se mezcle y se reduzca así la transmisión de la desigualdad educativa.
De esta forma, romper el círculo vicioso entre emparejamiento selectivo y desigualdad es clave para avanzar en la reducción de la desigualdad. Como el nivel formativo es un buen indicador para aproximar el nivel de ingresos, estos datos dan a entender que la lucha contra la desigualdad tiene que empezar desde el sistema educativo y, especialmente, en favorecer que las capas sociales se mezclen.
Los economistas cada vez comprenden mejor la importancia que tiene el proceso de emparejamiento para numerosos aspectos de la vida, desde la distribución de la renta, la capacidad de crecimiento e, incluso, la desigualdad educativa. Cuando los hombres y mujeres tienden a emparejarse con personas de su misma condición, lo que se denomina emparejamiento selectivo, la desigualdad se hace fuerte. Por el contrario, cuando las clases sociales se mezclan, generan redistribución hacia la siguiente generación. Es posible, por tanto, que la ruptura del ascensor social en una buena parte del mundo desarrollado esté relacionada con un aumento del emparejamiento selectivo.