La universidad española es la que menos garantiza trabajar en lo que se ha estudiado de toda la UE
Uno de cada cinco jóvenes que están trabajando España tiene una ocupación que nada tiene que ver con sus estudios universitarios, el peor dato de los veintisiete
La universidad española sigue arrastrando un problema histórico de falta de adecuación entre los estudios que ofrece y las necesidades del mercado laboral. Las universidades siguen viviendo en un mundo paralelo al de las empresas. El 21% de los jóvenes con título universitario está trabajando en España en empleos que nada tienen que ver con lo que estudiaron, el peor dato de toda la Unión Europea.
Así lo ponen de manifiesto los últimos datos publicados por Eurostat. El título universitario ha sido útil únicamente para el 63% de los jóvenes españoles. Lo que mide este dato es, de los universitarios que están trabajando, cuántos lo hacen en un sector que se ajusta a lo que estudiaron. La media de la Unión Europea es algo más alta, del 67%, pero en algunos países, como Eslovenia, Lituania o Hungría, el porcentaje llega a superar el 80%.
Esto significa que por cada tres trabajadores jóvenes a los que les han servido sus estudios universitarios hay uno al que no le han servido. Si el título no sirve para encontrar un trabajo, estos jóvenes tienen que enfrentarse al mercado laboral como si no tuvieran estudios superiores. Para todos ellos, terminar la universidad implica volver a empezar de cero. Lo más probable es que terminen en una ocupación que no requiere de un título universitario, lo que no solo deriva en un tiempo perdido para todos ellos, sino también en una frustración por no cumplir sus expectativas laborales.
La falta de coincidencia entre los estudios y el trabajo coloca a España como país de la Unión Europea con más jóvenes universitarios sobrecualificados. En concreto, el 31,5% ocupa puestos para los que no era necesario tener el título universitario. En su gran mayoría son trabajadores de un sector que no es para el que se formaron.
Por detrás de España están Chipre, Grecia y Croacia, pero ninguno llega a un 30% de jóvenes con sobrecualificación. La media de la Unión Europea es del 23,6%, casi 10 puntos menos que en España.
Los "peores" estudios
El grado de utilidad de algunos títulos universitarios es realmente bajo. El peor dato es el de las carreras de artes y humanidades, que apenas tienen al 44% de sus titulados jóvenes con trabajo dentro del sector. En total, un tercio de los jóvenes que estudiaron estas carreras ocupa empleos que nada tienen que ver con su titulación.
Se trata de carreras que todavía siguen teniendo una alta demanda por parte de los jóvenes, pero que apenas tienen salidas en el mercado laboral. Son una fuente de desempleo y, sobre todo, de subempleo.
Los estudios de ciencias sociales y periodismo también tienen tasas de coincidencia muy bajas: el 28% de quienes estudiaron estas carreras tiene un empleo en otro campo. Y lo mismo ocurre con el 24% que estudiaron ciencias naturales, matemáticas o estadística.
Por el contrario, las tasas de coincidencia más altas se dan en las carreras de ingeniería, en las que menos de un 10% trabaja en otros sectores.
Lo que reflejan estos datos es que España desaprovecha una buena parte del capital humano que cuesta mucho formar. Cada título universitario tiene detrás el esfuerzo del alumno y también de su familia para sufragar el coste. Pero no solo: también se pierden los recursos públicos que aportan las administraciones para financiar una parte de la formación de los jóvenes. En definitiva, formar a jóvenes para que acaben en el paro o en empleos para los que no se necesita alta cualificación es un lujo que en España lleva años permitiéndose.
El nivel de sobrecualificación es muy similar por sexos, aunque algo superior entre las mujeres: un 32,6% frente al 30,2% de los hombres. Esta brecha se explica, principalmente, por el tipo de estudios que eligen las mujeres, que tienen preferencia por carreras de letras en las que hay una gran escasez de empleos. Por el contrario, los hombres se decantan más por carreras STEM, que tienen tasas de inserción mucho más altas desde que los jóvenes acaban sus estudios.
Estos datos revelan la necesidad de que la universidad española se actualice. La reforma de la Formación Profesional puede ser un ejemplo útil sobre cómo acercar el sistema educativo al tejido productivo sirve para mejorar las tasas de empleabilidad de los jóvenes y, posiblemente, también su salario.
La universidad española sigue arrastrando un problema histórico de falta de adecuación entre los estudios que ofrece y las necesidades del mercado laboral. Las universidades siguen viviendo en un mundo paralelo al de las empresas. El 21% de los jóvenes con título universitario está trabajando en España en empleos que nada tienen que ver con lo que estudiaron, el peor dato de toda la Unión Europea.