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La inmigración salva a 38 provincias de perder población, incluyendo Madrid y Barcelona
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La inmigración salva a 38 provincias de perder población, incluyendo Madrid y Barcelona

Todas las provincias españolas han aumentado su población de extranjeros en el último año. Hay otras dos CCAA que perdieron población en 2025 a pesar de la llegada de inmigrantes

Foto: Salida extraordinaria de personas migrantes desde el CETI de Ceuta. (EP)
Salida extraordinaria de personas migrantes desde el CETI de Ceuta. (EP)
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El envejecimiento de la población española y la emigración de amplias zonas del país provocarían una despoblación generalizada si no fuese por la inmigración. La llegada de extranjeros fue generalizada: todas las provincias aumentaron el número de residentes extranjeros en el último año.

En total, la población residente en España aumentó en casi medio millón de personas (442.000 personas más) desde el 1 de enero de 2025 al de 2026. Sin embargo, la composición entre nacionales y extranjeros fue muy diferente. España perdió casi 100.000 habitantes nacidos en España y ganó 540.000 ciudadanos nacidos en el extranjero.

La llegada de población foránea se repartió por todo el territorio nacional, lo que es especialmente útil en las regiones más despobladas, que se están quedando sin personal para cubrir la demanda de mano de obra. En provincias como Palencia, Zamora, Lugo, Jaén o Ávila, la población extranjera creció a doble dígito.

En total, la inmigración compensó la pérdida de población autóctona en 38 provincias. Esto es, la mayor parte de los territorios españoles habrían perdido población de no ser por la llegada de extranjeros. En contra de lo que pueda parecer, no todas son provincias de la España vacía, sino que se trata de las zonas más dinámicas de España. Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia se encuentran entre estas provincias que no perdieron población neta gracias a la llegada de extranjeros.

Una de las características de la inmigración es que se concentra entre los 20 y los 39 años. Esto es, entra directamente a alimentar la oferta de trabajo disponible en España. Esto explica, por ejemplo, que la tasa de ocupación de los extranjeros no esté bajando a pesar del rápido aumento de la inmigración, porque la mayor parte de ellos entran rápidamente en el mercado laboral. Además, esto supone la entrada de población en edad fértil que también ayudará a contener la caída de la natalidad.

En la provincia de Barcelona, por ejemplo, la población entre 20 y 39 años aumentó en casi 37.000 personas y en Madrid, en 27.000 personas. Pero esto ocurrió también en las provincias despobladas: Palencia ganó 614 habitantes en este grupo de edad y Lugo, 522 habitantes.

Además, hay otras dos provincias en las que la inmigración no consiguió frenar la pérdida de población, pero sí la moderó. Se trata de Zamora y Córdoba, dos territorios envejecidos que están perdiendo habitantes autóctonos rápidamente.

A nivel nacional, la población está aumentando principalmente en dos franjas de edad, lo que está alterando la composición de la pirámide demográfica. Y lo hace por causas muy diferentes. La primera es la que ya se ha señalado: la llegada de población joven, sobre todo entre los 20 y los 29 años. La segunda es la acumulación de población de entre 60 y 69 años a medida que va envejeciendo la generación del baby boom. En un solo año ha aumentado este grupo de edad en casi 170.000 personas, lo que anticipa un rápido aumento de las jubilaciones a lo largo del año.

Las grandes provincias que están perdiendo población no solo lo hacen por el envejecimiento, sino que también están expulsando a población española joven. El alto coste de la vivienda está obligando a muchos jóvenes a trasladarse a provincias vecinas para poder aspirar a tener una casa. Y en los últimos años la expulsión de población llega cada vez más lejos: hay muchos jóvenes que se están trasladando al noroeste de España o a la zona del Levante buscando una mejor calidad de vida.

La inmigración y la emigración forzosa de jóvenes nacionales ha alcanzado tal magnitud que están generando cambios inesperados en la pirámide poblacional de España y también de sus regiones.

El envejecimiento de la población española y la emigración de amplias zonas del país provocarían una despoblación generalizada si no fuese por la inmigración. La llegada de extranjeros fue generalizada: todas las provincias aumentaron el número de residentes extranjeros en el último año.

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