El apetito insaciable de los centros de datos amenaza con convertirse en una burbuja
Cambio histórico en los flujos de inversión extranjera en el mundo. La construcción de centros de datos se ha convertido en el principal destino inversor del planeta. Ha desplazado a la inversión en chips o energías renovables
Cambio histórico en los flujos de inversión extranjera directa (IED) en el mundo. Por primera vez, la construcción de centros de datos se ha convertido en el principal destino inversor de las nuevas operaciones greenfield. Es decir, aquellas que suponen una inversión desde cero en nuevos proyectos. Desplaza, de esta manera, a la inversión en semiconductores o energías renovables, que, en los últimos años, habían liderado la inversión extranjera directa en el planeta. Para hacerse una idea de lo que ha crecido la inversión en centros de datos solo hay que tener en cuenta que el año pasado se anunciaron operaciones —bien distinto es conocer el grado de ejecución de esos proyectos— por valor de 320.000 millones de dólares en el sector, lo que supone un 74% más que en 2024.
No se trata de un fenómeno temporal, aunque hay quien piensa que se está construyendo una burbuja ante las enormes expectativas creadas. Algunos estudios prevén que el tráfico de datos se incremente en los próximos años de forma casi en vertical debido al uso intensivo de la inteligencia artificial, la popularización de los servicios en la nube o el streaming, es decir, emisiones en tiempo real.
Las cifras son todavía provisionales, pero reflejan, en todo caso, un cambio cualitativo de máxima importancia en la medida que ponen negro sobre blanco la rapidez con que está creciendo la construcción de nuevas infraestructuras digitales ante el auge de la inteligencia artificial y el uso de la nube como centro de almacenamiento de datos. Por detrás quedan ya las operaciones que en los últimos años han copado la inversión extranjera, muy vinculadas a la transición ecológica.
Cabe recordar que los grandes centros de datos centrados en la computación en la nube y la IA requieren importantes extensiones de terreno y consumen una enorme cantidad de energía y agua, ambos factores costosos y escasos en las grandes ciudades. Este hecho, sumado a la opinión en contra de ciudadanos de muchas localidades a la construcción de nuevos centros de datos, ha impulsado a los inversores a invertir en zonas con menor densidad de población y con disponibilidad de energía, como Aragón, en el caso de España, Northumberland, en el nordeste del Reino Unido y en el llamado cinturón de óxido de EEUU, donde antes se concentraba buena parte de la industria.
Oposición popular
La opinión en contra de muchos ciudadanos tiene que ver con el hecho de que las necesidades energéticas de esos enormes complejos incrementan los precios de la electricidad. Así lo estimó un análisis de Bloomberg News sobre los precios mayoristas de la electricidad en decenas de miles de ubicaciones en todo EEUU, que reveló los efectos del auge de la IA en el mercado eléctrico con una granularidad sin precedentes. Incluso Donald Trump ha anunciado medidas para evitar que los centros de datos incrementen los precios de la luz por el incremento de la demanda. Eso quiere decir que, como consecuencia de las dificultades en la instalación, lo que buscan los inversores ahora son territorios menos hostiles como Asia-Pacífico y Latinoamérica.
Lo acredita el hecho de que los cuatro mayores mercados de centros de datos de Europa —Fráncfort, Londres, Ámsterdam e París— atrajeron al menos el 20% de la inversión extranjera directa entre 2010 y 2023. Sin embargo, en los primeros nueve meses de 2024, esos mercados representaron ya menos del 10% de los 50.500 millones de dólares anunciados en toda Europa.
Las cifras las ha hecho públicas fDi Intelligence, una división del diario Financial Times, y lo que reflejan es la prisa que tienen los inversores por construir infraestructuras digitales para la inteligencia artificial y la computación en la nube. A destacar también que los productos químicos también se han vuelto a situar entre las 10 principales industrias por gasto de capital. Las centrales de datos requieren, como se sabe, cuantiosas inversiones de capital.
La publicación británica habla de la existencia de un auténtico frenéssi alrededor de los centros de datos, lo que a su vez ha impulsado la inversión extranjera directa (IED) en semiconductores. En 2025, se han comprometido más de 138.000 millones de dólares, lo que supone un máximo histórico. La mayor parte se deriva de la gigantesca inversión de la taiwanesa TSMC, la primera compañía del mundo en semiconductores, en Arizona (EEUU). TSMC ha comprometido invertir nada menos que 165.000 millones de dólares. Los planes en Arizona incluyen seis fábricas de obleas de semiconductores, dos instalaciones de empaquetado avanzado y un centro de I+D.
Gracias a esta inversión, EEUU, cuyo 3% del PIB depende ahora de una milla cuadrada donde se producen los chips más sofisticados del mundo, podría pasar de cero al 25% de la producción de semiconductores en 2035. El gigante taiwanés también está expandiendo su producción en Japón y Alemania. Pero los clientes clave de Silicon Valley, sumado a la influencia de EEUU como superpotencia, hacen que el clúster del área de Phoenix (Arizona) sea, con diferencia, el más ambicioso en términos de cantidad y calidad. Hay que tener cuenta que nada menos que el 33% de los centros de datos se encuentran en EEUU, el 16% en Europa y cerca del 10% en China.
La inversión en energías renovables, que en los últimos años habían copado la inversión extranjera, es la otra cara de la moneda de los centros de datos. Las cifras provisionales muestran un descenso inversor equivalente al 26%, hasta los 193.000 millones de dólares, lo que supone el nivel más bajo desde el año 2021. Por el contrario, se ha estimado que el gasto en nube pública crecerá a una tasa anual del 19,7% entre 2023 y 2028 impulsado por la demanda de soluciones de inteligencia artificial y computación de alto rendimiento. Solo la inversión en tecnología solar se mantuvo en niveles históricamente elevados (75.000 millones de dólares), pero inferior a los máximos registrados en 2023 y 2024. El sector inmobiliario fue el cuarto mayor receptor de IED, con un máximo histórico de 102.800 millones de dólares anunciado en 2025, frente a los 96.000 millones de dólares del año anterior.
El caso español
La expansión de los centros de datos, como se ha dicho, también ha llegado a España. Un informe de la consultora Deloitte refleja algunas ventajas competitivas. España, gracias a su dimensión territorial, ofrece terrenos disponibles para la construcción de infraestructuras digitales, con un coste de suelo más bajo en comparación con las ciudades tradicionales de los mercados FLAP-D (Fráncfort, Londres, Ámsterdam, París y Dublín), además de contar con una de las redes de fibra óptica más avanzadas de Europa, lo que facilita la transmisión de datos.
Entre las ventajas, también se encuentra la elevada producción eléctrica de origen renovable, cuyos precios se fijan a largo plazo mediante los llamados ppa (contratos que garantizan la compra de energía a un precio pactado). Deloitte ha estimado que teniendo en cuenta el conjunto de proyectos en desarrollo, las tasas de crecimiento de este mercado y una cierta ganancia de los mercados emergentes, se estima que en España podría haber instalados entre 1,3 y 2,1 gigavatios (GW) de capacidad de centros de datos en 2030, lo que podría significar, si se materializan los anuncios, multiplicar entre cuatro y seis veces la capacidad actual.
España, de hecho, como sostienen fuente del Ministerio para la Transición Ecológica, es hoy un gran polo de inversión en centros de procesamiento de datos debido a factores como la alta producción de energías limpias a precios competitivos, dispone de una de las mejores conectividad del continente y unas expectativas de crecimientos más favorables que los países de nuestro entorno. No hay que olvidar que la proximidad de los centros de datos al negocio (la mayoría empresas de comunicaciones o de servicios financieros) es clave para garantizar el rendimiento en sectores con alta dependencia tecnológica.
La proximidad de los centros de datos al negocio es clave para garantizar el rendimiento en sectores con alta dependencia tecnológica
De acuerdo con la patronal Spain DC, en España hay un centenar de centros de datos, con una potencia instalada de 350 MW. El objetivo es instalar entre dos y tres gigavatios (cada gigavatio equivale a 1.000 millones de vatios), lo que implica multiplicar por 10 la potencia instalada. Para hacer frente a esta enorme demanda de electricidad, el Gobierno dispone de una Estrategia de Inteligencia Artificial —actualizada en 2024—, que prevé el despliegue sostenible de centros de datos en coherencia con las previsiones del sector, con una potencia de computación acumulada de 2,5 GW para 2030, equivalentes a unos 4 GW de potencia eléctrica. Sin embargo, ya se han concedido derechos de acceso y conexión a las redes eléctricas por más de 12 GW, el triple del objetivo sectorial.
Esto se debe, según fuentes oficiales, a que en España muchas de esas peticiones de acceso a la red forman parte de un mismo proyecto que baraja aleatoriamente distintos emplazamientos, por lo que no es posible conocer la demanda real de centros de datos. Algo que explica que la ministra Aagesen haya declarado en alguna ocasión que "hay una burbuja en el sector".
El Gobierno ya ha lanzado a información pública un proyecto de real decreto para orientar el despliegue de los centros de datos a proyectos que maximicen los impactos positivos en el territorio, minimizando las externalidades negativas en consumo de energía o agua y aportando valor añadido al entorno y al país. Entre las obligaciones estará publicar y acreditar datos como consumo de agua –y de agua potable–, de energía y de red eléctrica, así como una estrategia para minimizar estos impactos. También se tendrán en cuenta factores como el empleo directo e indirecto creado, su impacto en la economía local, la ubicación de clientes potenciales y el origen y destino de los datos a procesar.
Cambio histórico en los flujos de inversión extranjera directa (IED) en el mundo. Por primera vez, la construcción de centros de datos se ha convertido en el principal destino inversor de las nuevas operaciones greenfield. Es decir, aquellas que suponen una inversión desde cero en nuevos proyectos. Desplaza, de esta manera, a la inversión en semiconductores o energías renovables, que, en los últimos años, habían liderado la inversión extranjera directa en el planeta. Para hacerse una idea de lo que ha crecido la inversión en centros de datos solo hay que tener en cuenta que el año pasado se anunciaron operaciones —bien distinto es conocer el grado de ejecución de esos proyectos— por valor de 320.000 millones de dólares en el sector, lo que supone un 74% más que en 2024.