Los impuestos al trabajo y el fin del IVA bonificado disparan la recaudación
La recaudación tributaria aceleró el año pasado con el mayor crecimiento desde la crisis inflacionista, pese a la desaceleración de la economía y de la inflación
La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda , María Jesús Montero. (EFE/Mariscal)
España está sorprendiendo a los economistas con el ritmo de reducción del déficit público. Las últimas previsiones apuntan a que el saldo negativo bajará hasta el 2,5% del PIB, tres décimas por debajo de lo previsto por el Gobierno. Este descenso se debe, principalmente, a una recaudación tributaria que está creciendo a marchas aceleradas. De hecho, a pesar de la desaceleración de la economía y de la inflación, el ritmo de los ingresos impositivos siguió acelerando a lo largo de 2025.
Según las previsiones de la AIReF (y con datos oficiales hasta el mes de noviembre), la recaudación tributaria aumentó un 9,5% en 2025. Se trata de una cifra pocas veces vista en la serie histórica, superior a la de los dos últimos años, pero inferior al aumento de 2021 y 2022, ejercicios extraordinarios por el final de la pandemia y la crisis inflacionista.
Un tercio del crecimiento de la recaudación fue consecuencia de las diferentes subidas de impuestos aplicadas por el Gobierno, entre las que se incluyen el final de la bonificación del IVA de algunos productos, la subida del impuesto sobre sociedades y la progresividad en frío del IRPF.
En concreto, del 9,5% que creció la recaudación tributaria en 2025, 3,6 puntos los proporcionaron las diferentes políticas fiscales que actuaron a lo largo del año. En total, aportó más de un tercio del aumento de la recaudación. La subida de los tipos efectivos de los diferentes impuestos tuvo un efecto sobre la recaudación tan grande como la inflación y fue incluso superior al efecto del crecimiento real de la economía.
El aumento de la recaudación, del 9,5%, fue incluso superior al avance del PIB nominal (suma del crecimiento real e inflación). De esta forma, la presión fiscal volvió a aumentar a lo largo del año. Según los cálculos de la AIReF, el porcentaje de los ingresos tributarios sobre el PIB acumula una subida de 1,5 puntos desde el año 2019.
En términos absolutos, esto supone un aumento de la recaudación de 25.000 millones de euros en comparación con lo que se recaudaría con los impuestos de 2019. Un aumento que no contempla el aumento de la recaudación con las cotizaciones sociales, ni el resto de ingresos no tributarios.
La progresividad en frío sigue siendo la gran medida recaudatoria del Gobierno. La decisión de no deflactar el IRPF implica que las subidas salariales provoquen una subida de la presión fiscal sobre los salarios. El motivo es que cada incremento de los salarios tributa por el tipo marginal del impuesto, incluso pudiendo provocar un salto de tramo. Esta progresividad en el diseño del impuesto, que es una de las más altas de toda la Unión Europea, está resultando muy lucrativa para las arcas públicas.
De los 1,5 puntos que ha aumentado la recaudación tributaria sobre el PIB, 1,2 puntos los ha generado el IRPF, que se ha convertido en el gran impuesto recaudador. El Gobierno ya ha comunicado a la Comisión Europea que no prevé deflactarlo, aunque sí se plantea elevar los beneficios fiscales para que el salario mínimo interprofesional (SMI) no tenga tributación.
En 2025 terminaron por desaparecer las diferentes bonificaciones en el IVA que se aplicaron durante la crisis inflacionista. Esto tuvo un impacto sobre la recaudación de algo más de 3.000 millones de euros a lo largo del año, según los cálculos de la Autoridad Fiscal. De esta forma, la subida del IVA generó un tercio del aumento de la recaudación de este impuesto. Las otras dos terceras partes fueron consecuencia del crecimiento económico y de la inflación.
El impuesto sobre sociedades también aumentó rápidamente en 2025, con un crecimiento interanual del 8,8%. Un aumento que se debe, casi en su totalidad, a la subida de impuestos aprobada a finales de 2024 para recuperar la tributación aprobada durante el Gobierno de Mariano Rajoy y que fue tumbada por el Tribunal Constitucional.
Este ritmo de la recaudación está permitiendo ajustar el déficit público más rápido de lo previsto. Sin embargo, esto no garantiza que España no tenga que hacer ajustes adicionales. El motivo es que la Comisión Europea no tiene en cuenta la mejora de la recaudación cíclica para el cálculo del gasto primario neto de medidas, que es el indicador que ahora se tiene en cuenta. De esta forma, sólo los ingresos con las nuevas medidas adoptadas por el Gobierno o la progresividad en frío son contabilizadas por la Comisión Europea como medidas de ajuste. En definitiva, si el Gobierno no es capaz de contener el gasto, tendrá que subir más impuestos.
España está sorprendiendo a los economistas con el ritmo de reducción del déficit público. Las últimas previsiones apuntan a que el saldo negativo bajará hasta el 2,5% del PIB, tres décimas por debajo de lo previsto por el Gobierno. Este descenso se debe, principalmente, a una recaudación tributaria que está creciendo a marchas aceleradas. De hecho, a pesar de la desaceleración de la economía y de la inflación, el ritmo de los ingresos impositivos siguió acelerando a lo largo de 2025.