¿Y si Draghi se equivocó en esto? Los 'aranceles' internos de la UE no son tan altos
En Europa se repite la cifra del FMI de que la UE se impone barreras comerciales del 44% en bienes. Pero, ¿y si esa cifra es incorrecta? ¿Y si la agenda de simplificación está fallando en su objetivo?
El expresidente del Banco Central Europeo y ex primer ministro italiano Mario Draghi. (DPA)
En Bruselas, sede de las instituciones europeas, hay algunas cosas difíciles, como hablar en serio de la Unión Bancaria, muy complicadas, como es ver el sol, o prácticamente imposibles, como es poner en duda la palabra de Mario Draghi. El antiguo presidente del Banco Central Europeo (BCE) y ex primer ministro italiano, el hombre que salvó el euro, puso sobre la mesa en septiembre de 2024 un informe sobre la competitividad europea, con una serie de propuestas, muchas de ellas radicales. Y se hizo eco de una cifra que desde entonces está circulando por los pasillos de Bruselas: la UE tiene barreras internas que equivalen a un arancel del 44% en bienes y del 110% en servicios. La cifra no es suya, sino de un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Que no se puede discutir la palabra de Draghi está claro para todos en Bruselas, pero nadie dijo nada de ignorarlo. Y eso es lo que está haciendo la Comisión Europea, que le encargó dicho informe, y los líderes europeos. La presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen, así como el canciller alemán Friedrich Merz, han escogido solamente algunas secciones del documento elaborado por Draghi y han olvidado aquellas que les incomodan. Así, la defensa de la simplificación que el italiano hizo en su informe, citando el cálculo del FMI como una demostración de su urgente necesidad, se ha convertido en la bandera de la Comisión Europea, que ha decidido olvidar la ambición que Draghi exigía en otros ámbitos, donde pedía medidas radicales.
Bruselas es una ciudad que tiende a obsesionarse con cifras y gráficos, y que desarrolla políticas públicas en base a ello. La semana que viene, el jueves 12 de febrero, los jefes de Estado y de Gobierno de la UE se reúnen informalmente para discutir sobre competitividad. Y el dato del FMI estará sobre la mesa. Bart de Wever, primer ministro de Bélgica, ha vuelto a insistir en estos últimos días en la cifra al hablar de los retos de Europa. Pero ¿y si ese número es incorrecto?
Eso es lo que afirman Keith Head, profesor de la Escuela de Negocios Sauder de la Universidad de Columbia Británica, y Thierry Mayer, profesor de Economía en Sciences Po, en un documento publicado en noviembre de 2025. También lo hizo poco antes el economista italiano Lorenzo Bini Smaghi, presidente del consejo de administración de Société Générale: "Es una frase convincente, repetida por destacados políticos y economistas. Pero tiene pies de barro".
Head y Mayer subrayan que "esta estimación es probablemente demasiado elevada y depende del conjunto de datos concreto utilizado y de las opciones específicas de estimación. Por lo tanto, también exagera enormemente las barreras que son similares a los aranceles y que podrían reducirse como resultado de las decisiones políticas de la Comisión Europea".
Ambos autores muestran que a través de un determinado modelo, usando los datos de TiVA (valor añadido comercial, elaborado por la OCDE), efectivamente, las barreras internas europeas podrían alcanzar el 45%, pero explican que hay otros resultados posibles. Los autores usan otros tres modelos, y ninguno de ellos se acerca a los aranceles arrojados por el documento del FMI: se sitúan la mayoría entre el 10% y el 20%. Incluso con algunos cambios mínimos, el propio modelo del FMI reduce las barreras arancelarias hasta el 32%.
No es una cifra menor, pero Head y Mayer explican que en realidad las barreras existentes son difícilmente equiparables a los aranceles y difícilmente solucionables a corto plazo. Por ejemplo, los autores explican que las barreras que se consideran como arancelarias tienen mucho que ver con cuestiones culturales, como la preferencia de los actores económicos por comerciar con o comprar a empresas de confianza, que suelen ser nacionales, con las que tienen una larga relación, o de gustos. En la misma dirección señala Bini Smaghi: "Un problema (...) fundamental radica en el tratamiento que da el documento a las preferencias comerciales en la metodología de estimación. Las diferencias en los flujos comerciales bilaterales entre los países de la UE se consideran fricciones comerciales, incluso cuando son resultado de las preferencias de los consumidores —sesgo nacional— y no de barreras normativas".
En productos como los bienes agrícolas y ganaderos estas cuestiones tienen mucho peso. Por ejemplo, la diferencia de gustos en productos alimenticios "son aproximadamente un 128% mayores entre Estados miembros que dentro de los propios países europeos", recuerdan Head y Mayer. Por comparación, esa diferencia en EEUU es del 2,5%. Los economistas defienden que Europa se frustrará si trata de recortar las barreras al comercio interior porque tendrá muy poco efecto, ya que las razones que llevan a que el mercado interior no esté completamente integrado tienen que ver con factores que difícilmente van a cambiar. Proponen, en cambio, que la UE se centre en modernizar el Marco Financiero Plurianual (MFP), el presupuesto comunitario a siete años, y que invierta masivamente en investigación y desarrollo.
La visión del BCE
El Banco Central Europeo (BCE) ha ido recientemente más allá que el FMI. Roberto Bernasconi, Naïm Cordemans, Vanessa Gunnella, Giacomo Pongetti y Lucia Quaglietti defienden, de hecho, que las barreras interiores equivalen a un 67% en bienes y a un 95% en servicios. Sin embargo, admiten que el margen de acción es mínimo, y consideran que a lo que se debe aspirar es a reducir como mucho en ocho puntos porcentuales el nivel de costes comerciales para bienes y de nueve puntos para servicios. Los autores del estudio del eurobanco utilizan como referencia a Países Bajos, el Estado miembro más integrado con el resto de países europeos, en el sentido de menores barreras de entrada. Con una reducción de los costes del comercio intraeuropeo de un 2%, el BCE considera que la Unión Europea podría compensar el daño que están generando los aranceles que Donald Trump ha impuesto a las exportaciones europeas a EEUU.
Lo que tienen en común el BCE, el estudio de Head y Mayer, y la opinión de Bini Smaghi es que ninguno de ellos considera que sea sencillo reducir esos niveles de barreras comerciales. Como explica el economista italiano, el problema del documento del FMI "radica en la elevación del 44% a la categoría de mantra político". "El verdadero obstáculo para el mercado interior no son los aranceles ocultos, sino las restricciones nacionales que dificultan el crecimiento de las empresas y, por lo tanto, su capacidad para competir a nivel transfronterizo", señala Bini Smaghi.
Y ninguno se detiene ahí. La simplificación no es una receta mágica. La agenda legislativa de la Comisión Europea parece hoy reducida a la presentación de paquetes de simplificación, los llamados "ómnibus", destinados a reducir la carga administrativa, pero que no sustituyen a una agenda activa de reformas institucionales, de mayor integración de los mercados financieros o de un aumento masivo de la inversión en tecnologías críticas. La urgencia que la Comisión aplica a la agenda de simplificación no parece reflejarse en otros ámbitos. Incluso en el escenario más optimista de impacto de su agenda de simplificación administrativa, el propio Ejecutivo comunitario cifra en unos 37.000 millones de euros anuales el ahorro que obtendrán las empresas. Por comparar, la misma institución sitúa el aumento de la inversión a la que podrían tener acceso las empresas europeas en el entorno de los 470.000 millones de euros si se consiguieran unos mercados de capitales más integrados.
Para Draghi la simplificación no era el pilar maestro. La simplificación consistía en comprarse unas zapatillas más ligeras. Pero eso no te hace ganar carreras. De hecho, el italiano se centraba en tres grandes objetivos: la reducción de la brecha tecnológica con China y EEUU; la descarbonización como estrategia industrial y de autonomía estratégica; y la seguridad como nuevo elemento central, también en las relaciones económicas, reduciendo dependencias. No hay propuestas serias y nuevas en el primer objetivo, el segundo se está viendo cuestionado precisamente por la agenda de simplificación, y el tercero se aplica solo parcialmente, como demuestra que la UE vaya camino de obtener el 80% de todo su gas natural licuado (GNL) de un solo proveedor en el año 2030, que es EEUU, según el Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero.
En Bruselas, sede de las instituciones europeas, hay algunas cosas difíciles, como hablar en serio de la Unión Bancaria, muy complicadas, como es ver el sol, o prácticamente imposibles, como es poner en duda la palabra de Mario Draghi. El antiguo presidente del Banco Central Europeo (BCE) y ex primer ministro italiano, el hombre que salvó el euro, puso sobre la mesa en septiembre de 2024 un informe sobre la competitividad europea, con una serie de propuestas, muchas de ellas radicales. Y se hizo eco de una cifra que desde entonces está circulando por los pasillos de Bruselas: la UE tiene barreras internas que equivalen a un arancel del 44% en bienes y del 110% en servicios. La cifra no es suya, sino de un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI).