Trump tiene un enemigo inesperado: los inversores desconfían de la joya de la corona
Algo está cambiando en los mercados financieros. El bono estadounidense, que históricamente, junto al dólar, ha sido el ancla del sistema, está bajo sospecha. Los inversores desconfían de su solidez
Históricamente, al menos desde el nacimiento de Bretton Woods (1944), cuando el dólar se convirtió en el ancla del sistema financiero mundial, los bonos del Tesoro de EEUU se han considerado el activo más seguro gracias a su liquidez y profundidad. Son, de hecho, la joya de la corona, ya que su credibilidad permite financiar la extraordinaria deuda de EEUU, más de 33 billones de dólares (algo más del 120% del PIB). Algo, sin embargo, está cambiando desde que la Casa Blanca desencadenó, en abril del año pasado, una guerra comercial que ha obligado a la mayoría de países a buscar una nueva política de alianzas. Los aranceles no solo han distorsionado el comercio, sino que también han llevado las incertidumbres a los mercados de divisas y de renta fija.
Lo que está cambiando es la confianza en el bono americano y, por ende, en el dólar, que ha perdido un 14% de su valor frente al euro desde que cambió de inquilino la Casa Blanca, como activos seguros. ¿Cómo se manifiesta? La entrada de inversiones internacionales está cayendo y el oro, con sus imparables subidas (ayer rompió la barrera de los 5.300 dólares la onza troy), se está convirtiendo en el activo más seguro. O expresado de otra forma, inversiones que antes iban a financiar la deuda estadounidense ahora se destinan a la adquisición de oro o plata. La fortaleza del euro (en torno a 1,19 dólares) ayuda a este proceso, ya que comprar oro, que se paga en dólares, resulta más barato.
No solo desciende el interés por el bono, sino que, además, en abril del pasado año, y a causa de un empeoramiento de las expectativas de inflación, se produjo una salida neta de 47.000 millones de bonos del Tesoro a largo plazo. Lo singular, como sostiene este estudio, es que las regiones que normalmente generan mayor demanda en busca de un activo refugio, como la zona euro, Canadá y los países asiáticos, se han alejado del bono o, directamente, han vendido, lo que provoca un encarecimiento del coste de la voluminosa deuda de EEUU.
Calmar las presiones
Aunque la Reserva Federal ha reducido su balance en aproximadamente 2,3 billones de dólares en los últimos tiempos, hasta los 6,6 billones, ha iniciado un programa de compras de 40.000 millones de letras del Tesoro para calmar las presiones en los mercados de financiación a corto plazo. Entre otras razones, por la imprevisibilidad en las decisiones de la Casa Blanca, que habitualmente, con sus declaraciones, introduce una fuerte volatilidad. En el momento en el que dejó abierta la puerta a conquistar Groenlandia por la fuerza (que posteriormente cerró) la rentabilidad de los bonos a 10 años se fue al 4,3%.
En noviembre pasado, según datos del Departamento del Tesoro, Reino Unido, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Irlanda, Noruega y Alemania poseían 2,84 billones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense, lo que supone más del 30% del mercado total en manos extranjeras.
Las presiones que ejerce Donald Trump sobre Jerome Powell para que baje los tipos de interés hacen el resto. No solo por lo que pueda hacer el propio Powell, sino por su sucesor, que puede acceder al cargo, tras ser elegido por la Casa Blanca y convalidado por el Senado, con plomo en las alas. Sirva como adelanto la división que existe en la Reserva Federal, como reflejan sus últimas actas. En su última reunión, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) aprobó un recorte de un cuarto de punto por 9 votos a favor y 3 en contra, lo que significa el mayor número de votos en contra desde 2019.
La composición del comité que decide la política monetaria también es un factor que debilita el atractivo del bono de EEUU. Se esperan nuevas rotaciones que afectarán a cuatro nuevos presidentes regionales con derecho a voto. Serán la presidenta de Cleveland, Beth Hammack, que ya se ha opuesto a recortes adicionales; la presidenta de Filadelfia, Anna Paulson, quien se ha unido a los moderados del FOMC al expresar su preocupación por la inflación; la presidenta de Dallas, Lorie Logan, inquieta por los dos o tres recortes que presumiblemente hará la Fed en 2026 y 2027; y el presidente de Minneapolis, Neel Kashkari, quien adelantó, según la CNBC, que no habría votado a favor del recorte de octubre.
Hay que recordar que la rentabilidad de los bonos del Tesoro a 10 años es una señal de alerta para Trump, ya que influye en los tipos de interés de las hipotecas, y la Casa Blanca está metida en una cruzada para que los estadounidenses dejen de alquilar una casa y, en su lugar, opten por la adquisición. De ahí las presiones sobre la Reserva Federal.
La Casa Blanca, por el momento, ha logrado que los tipos hipotecarios promedio a 30 años hayan bajado del 7,10% al 6,15% desde que Trump asumió el cargo. Y no hay que olvidar que una venta masiva de bonos del Tesoro podría generar pagos mensuales más altos para los préstamos hipotecarios. Esto explica la presión que ejerció Trump para que Fannie Mae y Freddie Mac, las dos grandes compañías públicas que garantizan los préstamos hipotecarios, compraran cientos de miles de millones de dólares en valores respaldados por hipotecas.
Costes de financiación
La pérdida de confianza en el bono, sin embargo, coincide con un pronunciado descenso de los costes de financiación de las empresas estadounidense respecto de la deuda pública, lo que da a entender una mayor confianza en el sector privado que en la Administración Trump. Financial Times ha publicado que los costes de financiación de las compañías con alguna calificación de inversión se sitúan en 0,73 puntos porcentuales por encima del equivalente en la deuda del Gobierno estadounidense, lo que significa el diferencial de crédito más reducido desde junio de 1998. Si esta convergencia de tipos se consolida, eso significa que las empresas podrían financiarse casi como el Gobierno.
El debate que hay entre los analistas es si la pérdida de influencia del bono de EEUU es coyuntural, vinculado a las piruetas geopolíticas de Trump, o, por el contrario, es de naturaleza estructural vinculada a un cambio en la correlación de fuerzas en el planeta, donde China juega un papel cada vez más relevante y muchos gobiernos e inversores europeos se alejan de Washington.
Una de las consecuencias de este alejamiento es la debilidad del dólar, que ayer se recuperó ligeramente, hasta el entorno de los 1,19 por euro, después de que Scott Bessent, el secretario del Tesoro, saliera en su rescate defendiendo una "política de dólar fuerte". Bessent, igualmente, negó que tenga intención de intervenir para impulsar el yen japonés. Esto puede explicarse porque si se aprecia la moneda nipona, el bono estadounidense entraría en problemas, toda vez que al ser más atractiva la deuda japonesa los inversores internos pueden deshacerse de activos del Gobierno de EEUU para hacerlo en Japón. Tokio, hay que recordar, es el principal acreedor de Washington.
El argumento que ofrece Bessent para explicar un dólar fuerte es que si EEUU realiza lo que llama políticas sólidas, el dinero fluirá. "Estamos reduciendo nuestros déficits comerciales, así que… eso automáticamente debería conducir a una mayor fortaleza del dólar con el tiempo".
Lo paradójico es que las declaraciones de Bessent se produjeron apenas unas horas después de que Trump dijera lo contrario. El presidente de EEUU se mostró encantado —dijo que el actual tipo de cambio le parecía "genial"— de que la cotización del dólar haya caído frente al euro a niveles de hace cuatro años porque esto ayuda a corregir el abultado déficit comercial.
Tanto desconcierto sobre la estrategia de Washington es lo que explica la volatilidad en los mercados de divisas, destacando algunas monedas que han reforzado su papel de activo refugio. El franco suizo está cotizando (1,09 euros) a niveles de hace más de una década después de haberse apreciado un 3,5% en lo que va de año.
Históricamente, al menos desde el nacimiento de Bretton Woods (1944), cuando el dólar se convirtió en el ancla del sistema financiero mundial, los bonos del Tesoro de EEUU se han considerado el activo más seguro gracias a su liquidez y profundidad. Son, de hecho, la joya de la corona, ya que su credibilidad permite financiar la extraordinaria deuda de EEUU, más de 33 billones de dólares (algo más del 120% del PIB). Algo, sin embargo, está cambiando desde que la Casa Blanca desencadenó, en abril del año pasado, una guerra comercial que ha obligado a la mayoría de países a buscar una nueva política de alianzas. Los aranceles no solo han distorsionado el comercio, sino que también han llevado las incertidumbres a los mercados de divisas y de renta fija.