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La gran mentira: las deportaciones de Trump no reducen el empleo irregular
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POLÍTICA MIGRATORIA

La gran mentira: las deportaciones de Trump no reducen el empleo irregular

Lo que hace Pozen es identificar el número de empleos actualmente existentes en los sectores más dependientes de la inmigración irregular y compararlos con los que había antes del regreso de Trump. Y el resultado es sorprendente

Foto: Protesta contra el ICE en Minneapolis. (DPA/Holden Smith)
Protesta contra el ICE en Minneapolis. (DPA/Holden Smith)
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El estudio lo ha realizado Adam S. Posen, presidente del Instituto Peterson de Economía Internacional (PIIE, por sus siglas en inglés), un instituto de investigación independiente y sin ánimo de lucro con sede en Washington, y lo que sostiene es que las deportaciones promovidas por la Administración Trump en el último año no han tenido efectos relevantes sobre la inmigración irregular. ¿La causa? Las empresas estadounidenses necesitan trabajadores, tengan papeles o no, y lo que sugiere Posen es que las expulsiones han tenido un efecto más propagandístico que real. O expresado de otra forma, las deportaciones son muy inferiores a lo que dice Trump.

Lo que ha hecho Posen, a partir de los datos de empleo recopilados por la Reserva Federal de San Luis, es identificar [ver gráfico] el número de puestos de trabajo actualmente existentes en los sectores más dependiente de la inmigración irregular y compararlos con los que había antes del regreso de Trump a la presidencia de EEUU. En concreto, sectores como la salud y el cuidado infantil, la agricultura, la asistencia personal, la producción de alimentos y la construcción residencial.

Y el resultado es sorprendente a la luz de lo que sostiene la Casa Blanca. Según esos datos, los niveles de empleo en las industrias estadounidenses que más dependen de la mano de obra indocumentada “se han mantenido prácticamente sin cambios desde que Trump asumió el cargo, lo que implica que un gran número de trabajadores indocumentados aún no se han marchado”.

Se puede argumentar que muchos de esos empleos ocupados por inmigrantes irregulares han sido sustituidos por trabajadores con documentación en regla, pero aunque el trabajo admite que no es fácil rastrear la mano de obra indocumentada, su conclusión es que los datos del Gobierno “no revelan un número sustancial de trabajadores, ya sean nativos o extranjeros documentados, que se incorporen a estas industrias”. Entre otras razones, porque esas ocupaciones presentan malas condiciones laborales, salarios bajos y ofrecen pocos o ningún beneficio, razón por la cual están dominadas por trabajadores migrantes sin papeles. Posen considera que para incentivar a los trabajadores legales a aceptar estos empleos, los empleadores tendrían que pagar más, “pero la realidad es que los salarios en esas industrias no han aumentado”.

Medidas enérgicas

Los datos del Departamento de Seguridad Nacional de EEUU son muy distintos. Su último informe asegura que en el primer año de regreso del presidente Trump al cargo, casi tres millones de inmigrantes irregulares abandonaron el país “debido a las medidas enérgicas” de la Casa Blanca contra la inmigración irregular. Esta cifra se descompone en aproximadamente 2,2 millones de autodeportaciones, es decir, se marcharon por propia voluntad antes de que fueran expulsados o encarcelados, y más de 675.000 fueron deportados.

La primera cifra es una estimación, ya que no hay datos oficiales sobre el número de irregulares que lo corroboren, mientras que la segunda cifra —los deportados— no se refleja en las estadísticas de empleo.

Con cifras desestacionalizadas, con la intención de eliminar las distorsiones de calendario, la población asalariada latina se situó en diciembre del año pasado en 35,01 millones, por encima de los 33,49 millones que había antes de la llegada de Trump. Es decir, que no solo no ha caído el número de inmigrantes con empleo (se trata de una encuesta que no identifica quién tiene papeles y quién no y tampoco es un registro administrativo), sino que, por el contrario, el volumen de empleados extranjeros ha crecido.

El artículo de Posen argumenta que la resistencia del empleo latino a descender pese a las deportaciones y, en general, al clima de terror instalado en algunos estados, se debe a que los robots no están listos para hacer determinadas tareas y las máquinas no son lo suficientemente rentables como para reemplazar a los trabajadores humanos de bajo coste. En particular, en áreas como la cosecha de frutas y verduras, los servicios de salud y cuidado infantil a domicilio, el procesamiento avícola, la minería al aire libre y la construcción de viviendas. Su conclusión es que “un aumento en la inversión en automatización para ahorrar mano de obra en estos subsectores sería visible en los datos, y no ha habido ninguno”.

Poder de negociación

Otra explicación de lo que está ocurriendo tendría que ver con la permisividad de las empresas a la hora de contratar inmigrantes irregulares. Entre otros motivos, porque esto les permite aumentar su poder de negociación a la hora de fijar los salarios o las condiciones laborales. O dicho de otro modo, si el trabajador sin papeles no acepta las reglas de juego que impone el empresario a la luz del nuevo contexto político corre el riesgo de ser deportado con o sin su familia. Es decir, aumenta su vulnerabilidad.

Lo que Trump sí ha logrado es sellar las fronteras, donde las detenciones han alcanzado mínimos históricos. En el primer año de la era Trump el número total de detenciones por parte de la Patrulla Fronteriza de los EEUU (USBP) ascendió a 90.084 personas migrantes, muy por debajo del promedio mensual de la Administración Biden (155.485).

El debate sobre cuántos inmigrantes irregulares hay en EEUU es tan viejo como la propia existencia del fenómeno. Una de las estadísticas más fiables es la que ofrece Pew Research Center, un centro de pensamiento independiente de EEUU, que estima que el número de inmigrantes no autorizados alcanzó un máximo histórico de 14 millones en 2023, tras dos años consecutivos de crecimiento récord. Este aumento de 3,5 millones en dos años es el mayor registrado nunca en el país.

El aumento entre 2021 y 2023 se debió principalmente al crecimiento del número de inmigrantes no autorizados que vivían en EEUU con ciertas protecciones contra la deportación, como los inmigrantes con libertad condicional y los solicitantes de asilo. Los inmigrantes no autorizados con algún tipo de protección contra la deportación representaron más del 40% de aquellos sin estatus legal completo en 2023.

El estudio lo ha realizado Adam S. Posen, presidente del Instituto Peterson de Economía Internacional (PIIE, por sus siglas en inglés), un instituto de investigación independiente y sin ánimo de lucro con sede en Washington, y lo que sostiene es que las deportaciones promovidas por la Administración Trump en el último año no han tenido efectos relevantes sobre la inmigración irregular. ¿La causa? Las empresas estadounidenses necesitan trabajadores, tengan papeles o no, y lo que sugiere Posen es que las expulsiones han tenido un efecto más propagandístico que real. O expresado de otra forma, las deportaciones son muy inferiores a lo que dice Trump.

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