Trump hunde al dólar a niveles de hace cuatro años y agita el mercado de divisas
La política arancelaria de Trump y las incertidumbres geopolíticas han acabado por contagiar al mercado de divisas, donde el dólar se ha debilitado frente al euro a niveles de agosto de 2021. Desde la llegada de Trump, la caída es del 13%
La política arancelaria de Trump ha puesto patas arriba el comercio del planeta, pero ha acabado por contagiar, finalmente, al mercado de divisas, donde el dólar se ha debilitado frente al euro a niveles de agosto de 2021, según los datos de cierre del BCE. Desde la llegada de Trump, en concreto, la divisa estadounidense se ha depreciado un 13% frente a la moneda única y al cierrede esta edición cambiaba a 1,189 dólares por euro, ya prácticamente al mismo nivel de uno de los niveles de resistencia que se consideran clave (1,190). Algo parecido sucede con el franco suizo ponderado por el comercio bilateral, que se acerca a nuevos máximos históricos respecto del dólar, lo que puede obligar al Banco Nacional de Suiza a fijar tipos de interés negativos para frenar la apreciación de su moneda.
Las tensiones geopolíticas (y la inminencia del nombre que sustituirá a Powell al frente de la Fed) no son ajenas a la debilidad del dólar. Lo que temen los mercados es que una Reserva Federal controlada por la Casa Blanca —el mandato de Powell acaba en mayo— impulse las ganancias en los metales preciosos, que es lo que está sucediendo con el oro y la plata, ambos en máximos históricos. Un oro más caro deprecia al dólar. El Banco Nacional de Polonia, sin ir más lejos, aprobó este mes un plan, ya posee más oro que el BCE, para añadir otras 150 toneladas a sus reservas de oro y aleja las monedas fiduciarias de sus reservas. Igualmente, un buen número de bancos centrales ha engordado en los últimos años sus reservas de oro, lo que en última instancia debilita al dólar como moneda de intercambio. La onza troy de oro (31,1034768 gramos) alcanzó ayer un récord histórico de 5.110 dólares.
A ello hay que sumar la reunión de la Reserva Federal prevista para esta semana, que previsiblemente dejará sin cambios los tipos de interés pese a las presiones de la Casa Blanca para que los baje. El yen japonés, por el momento, es la divisa más afectada con una fuerte apreciación de la moneda local ante rumores de intervención de los bancos centrales de EEUU y Japón. Una fuente informó a Reuters el viernes pasado que la Reserva Federal de Nueva York había consultado los cambios dólar/yen entre los operadores, lo que se considera una señal de una intervención. La prisa por cerrar posiciones cortas en yenes ha impulsado la moneda más de un 3% desde el mínimo del viernes.
Distorsiones
Lo que se busca con estas intervenciones (desde la óptica de Japón) es frenar la apreciación del yen en la medida que daña las exportaciones niponas y provoca distorsiones en los mercados de divisas. La última vez que Japón intervino directamente en los mercados de divisas, en sentido contrario a lo que ha hecho ahora, fue en 2024, comprando yenes por valor de casi 100.000 millones de dólares para apoyar la moneda cuando esta caía a un tipo de cambio de alrededor de 160 yenes frente al dólar. Pero desde la óptica EEUU lo que preocupa es que la anterior debilidad del yen, hasta el reciente repunte, haya contribuido a la venta de bonos americanos, que es realmente lo que inquieta a la Administración Trump, muy sensible a los movimientos en la renta fija, ya que supone un aumento de los gastos financieros en un país fuertemente endeudado.
Esto es así porque si hay un instrumento financiero más importante que el mercado bursátil para la Casa Blanca, en este momento, son los bonos del Tesoro estadounidenses, y el errático comportamiento de Trump —Groenlandia, Canadá…— para nada ayuda a la estabilidad del tipo de cambio. Entre otras razones porque buena parte de la deuda de EEUU está en manos de fondos de pensiones y aseguradoras japonesas.
En concreto, casi el 13% del mercado de bonos del Tesoro estadounidense —alrededor de 30,5 billones de dólares en circulación— está en manos de inversores del país asiático, y lo que está sucediendo, tras las políticas expansivas de la nueva primera ministra, Sanae Takaichi, es que la rentabilidad de los bonos nipones, ante el aumento de las incertidumbres, se ha disparado ante el temor de que esos planes no sean financiables. Esto hace que los bonos nipones sean más atractivos para muchos inversores, por lo que tendrían incentivos para desprenderse de deuda americana. Eso puede producir, a su vez, un incremento de los rendimientos estadounidenses, por lo que se podría registrar un movimiento en cadena a nivel global. El aumento de las rentabilidades en Japón es muy preocupante para un país cuyo endeudamiento más que duplica el PIB, y de ahí que hayan crecido los rumores de una intervención coordinada con EEUU.
Y el dólar y el MAGA
La Administración Trump, desde el comienzo de su segundo mandato, ha sido deliberadamente ambigua sobre el tipo de cambio del dólar que busca. En el marco de la idea de 'volver a hacer grande a América' (MAGA) pretende fortalecer al dólar para reflejar la potencia económica de EEUU, y así se reflejó en las primeras semanas de su mandato; pero, al mismo tiempo, su política comercial debilita al billete verde, ya que los aranceles son un incentivo para que los gobiernos busquen otros aliados sustitutos del dólar. Tampoco ayuda el hecho de que se haya abierto de nuevo la posibilidad de un nuevo cierre del Gobierno federal por falta de acuerdos en el Congreso. Algo que podría ocurrir en las próximas semanas.
Lo que está claro, como sostiene Mariano Valderrama, economista jefe de CIMD, es que lo que emerge en los mercados es "una política desordenada" que no ofrece señales clara hacia dónde dirigirse. Principalmente, y a pesar de algunas políticas expansivas, debido a que "hay muchas dudas a medio y largo plazo". En su opinión, lo relevante es que Europa, por el momento, "está cómoda con un tipo de cambio euro-dólar que se sitúe entre 1,15 y 1,20", aunque bien distinto es si se resquebrajan esas fronteras.
Las empresas europeas, hay que tener en cuenta, tienen que lidiar con un doble efecto a consecuencia de los aranceles de Trump. Pesa, por un lado, la cuantía de los propios aranceles (15% como tipo general), que encarece las exportaciones, y, por otro, por la apreciación del euro, que penaliza también las ventas al exterior. Lo positivo es que reduce la factura energética.
La política arancelaria de Trump ha puesto patas arriba el comercio del planeta, pero ha acabado por contagiar, finalmente, al mercado de divisas, donde el dólar se ha debilitado frente al euro a niveles de agosto de 2021, según los datos de cierre del BCE. Desde la llegada de Trump, en concreto, la divisa estadounidense se ha depreciado un 13% frente a la moneda única y al cierrede esta edición cambiaba a 1,189 dólares por euro, ya prácticamente al mismo nivel de uno de los niveles de resistencia que se consideran clave (1,190). Algo parecido sucede con el franco suizo ponderado por el comercio bilateral, que se acerca a nuevos máximos históricos respecto del dólar, lo que puede obligar al Banco Nacional de Suiza a fijar tipos de interés negativos para frenar la apreciación de su moneda.