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Por qué Davos y el mundo del dinero apenas han tomado en serio a Trump
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Por qué Davos y el mundo del dinero apenas han tomado en serio a Trump

El paso del presidente de EEUU por la población suiza ha generado enorme perturbación en Europa. Sin embargo, en las discusiones del foro, las prioridades eran otras. Había problemas más importantes

Foto: Kristalina Georgieva, en Davos. (EFE)
Kristalina Georgieva, en Davos. (EFE)
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Las últimas ediciones de Davos generaron poca expectación. Era considerado como un espacio en decadencia, una suerte de feria de muestras en la que domina el postureo, y que sirve como excusa para que los ricos y los muy ricos se vayan unos días de fiesta a la nieve. Y puede que tenga mucho de eso, pero también es un foro en el que personas que toman decisiones muy importantes, que afectan significativamente a nuestras vidas, se reúnen y expresan abiertamente sus puntos de vista y su mirada sobre el mundo. El escenario, un lugar en el que están rodeados de gente como ellos, se presta mucho más a afirmaciones sinceras que las entrevistas o las declaraciones a los medios.

Además, este año ha sido especial. Las tensiones geopolíticas, la pelea por Groenlandia, los discursos de Carney y de Trump, la presentación del plan para Gaza o del Consejo de la Paz, y la agitación sobre la ruptura del orden internacional, ha generado numerosas reflexiones. Europa se encendió contra Trump, y Trump apareció por Davos para golpear el cristal con un ladrillo. Grandes transformaciones asoman por el horizonte.

Sin embargo, a juzgar por las conversaciones que tuvieron lugar en el foro, no se le ha otorgado mucha importancia a Trump. En una mesa redonda en la que se analizaban las semejanzas de los años 20 del siglo pasado con el presente, idónea para subrayar la tensión entre democracia y autoritarismo, así como los riesgos económicos (el fin de esa década vio llegar la Gran Depresión), pero apenas hubo espacio para la política. Christine Lagarde, la presidenta del Banco Central Europeo, afirmó que en aquella época las bolsas iban bien, como ahora; que hubo una caída en el comercio mundial, que hoy no se está produciendo, aunque haya bajado un poco; y que la diferencia fundamental es que la fragmentación actual puede hacer las inversiones más ineficientes. La IA necesita acceso a la mayor cantidad de datos posible y gran escala para ser rentable. Si el mundo se fragmenta la IA será menos efectiva. “Y ganará China”, apuntilló Larry Fink, CEO de Blackrock y y el vicedirector del Foro. Según Fink, "la pregunta fundamental que debemos formularnos es si podemos hacer crecer nuestras economías lo suficiente como para evitar los déficits y si los mercados van a tener capacidad para seguir financiando las inversiones en IA".

"De los casos de éxito en la mejora de la empresa que he podido conocer, en ninguno ha estado involucrada la IA generativa"

El centro del foro no fue Trump, sino la inteligencia artificial. La mayoría de las mesas continuaron el perfil que marcó el foro en ediciones anteriores, analizaban el futuro de la tecnología o de la energía y versaron sobre las enormes posibilidades del futuro y los desafíos que se han de afrontar para llegar a él. La inteligencia artificial fue el núcleo de las discusiones. Elon Musk aprovechó para insistir en los enormes avances que viviremos, con sus exageraciones habituales, y ese impulso apareció en muchos lugares más: se da por sentado que la IA revolucionará todo y de una manera radical.

Hubo algunas voces escépticas al respecto, como la de Ken Griffin, CEO del hedge fund Citadel, uno de los más exitosos y rentables, que prefería hablar de digitalización como camino hacia el futuro: “De los casos de éxito que he podido conocer a la hora de mejorar la empresa, en ninguno ha estado involucrada la IA generativa”. Según Griffin, todo es bombo de personas que necesitan captar grandes inversiones, por lo que necesitan “formular una gran promesa”. También anotó un lado positivo: tantas grandes palabras están animando la economía y aumentando la inversión.

Qué hacer con los perdedores

La entrevista a Griffin, realizada por Zanny Minton Beddoes, fue una en las que Trump estuvo más presente, porque la entrevistadora, periodista de The Economist, insistía en que el gestor de activos se posicionase en contra del presidente de EEUU. Griffin se zafó a medias. Reconoció que la administración Trump le ha venido bien, ya que ha frenado “la carnicería regulatoria de Biden” y tampoco percibe al presidente con los rasgos del matón con que es descrito en Europa: es “un promotor inmobiliario” que negocia con las tácticas propias del sector. Sin embargo, entiende que los aranceles no van a devolver manufacturas a EEUU, ya que exigen inversiones seguras, y no se sabe si los aranceles se mantendrán en unos años, o quién ganará las siguientes elecciones; en ese escenario, las inversiones no llegarán. Tampoco cree positivo el freno a la inmigración, ya que muchas personas de otros países son las que trabajan en empleos con salarios muy bajos, y eso redujo la inflación, por lo que perder esa mano de obra provocará que la inflación suba. Y no ve con buenos ojos la presión a la Fed, porque su tarea es controlar la inflación aunque genere desempleo.

"Me parece bien que, si ganas 14.000 dólares, el gobierno te envíe un cheque de 12.000, pero no quiero que ese dinero pase por Washington"

Otro de los grandes financieros, Jamie Dimon, CEO de JP Morgan, también estuvo presente en Davos. Evitó el tema Trump en la medida de lo posible. Incidió en temas obvios, como la Fed o la inmigración, (“necesitamos a la gente que trabaja en los hoteles, en los apartamentos, en el sector servicios, pero no a la masiva”) y dejó alguna idea llamativa. Dimon aseguró que no tenía problema en que se subieran “algo” los impuestos, siempre y cuando ese dinero fuera a parar directamente a la gente que lo necesitase: “Si ganas 14.000 dólares, me parece bien que el gobierno les envíe un cheque por 12.000”, pero no está a favor de que ese dinero pase por Washington, ya que acaba perdiéndose en el “pantano”.

Dimon insistió en el tema estrella del foro, la IA, y en las dificultades que puede generar para las poblaciones. “Si avanza demasiado rápido, habrá que encontrar formas de reciclar a la gente o de recolocarla. Tenemos que prepararnos para que esta vez salga bien”. Es partidario de introducir de forma gradual la IA, aunque al final los efectos serán inevitables: “Tenemos dos millones de personas que conducen camiones. Cuando ese trabajo pueda hacerse apretando un botón, habrá que buscar una solución”. Dimon da por seguro que habrá menos empleos en un plazo de cinco años.

Se habló de los errores de tiempos recientes, como intentar reconvertir a trabajadores de las minas de carbón en cuidadores de residencias

Qué hacer con la gente cuyo empleo quedará eliminado por la IA fue otro de los asuntos que captó la atención del foro. El camino de salida se parece mucho al que se vivió durante la reconversión que se produjo con la llegada de la globalización. En una de las mesas, “Can we save the middle class”, se habló de los errores de tiempos recientes y de algunas experiencias fallidas, como la de intentar reconvertir a trabajadores de las minas de carbón en cuidadores de residencias. Sin embargo, los caminos de salida que el foro ha manejado pasan por las fórmulas conocidas: reubicar a la mano de obra, reciclarla o jubilarla anticipadamente. Hubo unanimidad acerca de que la IA hará que se pierdan puestos de trabajo y que, en esta ocasión, habría que utilizar bien las viejas herramientas.

La pregunta definitiva

La visión de Carney acerca de que está época supone una ruptura no fue compartida por Dimon: “Es solo que el mundo antes era más confiable y ahora menos”. Tampoco ve a China como un peligro serio: “Les va muy bien, pero siguen estando obligados a importar millones de barriles de petróleo al día”. Esa fue la creencia común del foro, afirmada de forma implícita o explícita: “No debemos hablar de ruptura, sino de alternativa”, afirmó Lagarde en la mesa Global Economic Outlook. “A pesar de todas las perturbaciones, el sistema es resiliente. Hemos vivido una disrupción en el comercio en los últimos ocho años, pero el sistema se ha ensamblado de forma bastante sólida”, aseguró Ngozi Okonjo-Iweala, directora de la Organización Mundial del Comercio. Kristalina Georgieva, directora del Fondo Monteario Internacional afirmó que “siempre habrá necesidad de que la OMC supervise el comercio mundial”.

Nada serio, por tanto, las instituciones son resilientes. El mismo mensaje que ha emitido durante años la UE. Hay inconvenientes y obstáculos, ahora toda diversificar el comercio, pero nada serio se ha roto. Los problemas son los habituales: los déficits, la deuda, el exceso regulatorio (otro de los temas estrella de Davos) y la capacidad de movilizar inversiones, ahora con la IA como horizonte disruptor.

No obstante, lo que mejor definió la mentalidad de Davos fue la pregunta que planteó Ken Griffin a los miembros de la mesa en la que participaba, entre los que estaban Larry Fink o Adam Tooze: “¿Qué preferís, vivir en esta época o ser el rey de Inglaterra hace 200 años?”. Griffin dio por sentada la respuesta. Es posible imaginar qué contestarían quienes están en medio de una guerra, las personas que están intentando cruzar la frontera de México a EEUU o los inmigrantes que atraviesan el Mediterráneo en una barca inestable, pero también un repartidor a domicilio, los europeos que no llegan a final de mes y la mayoría de la clase media en declive europea. La pregunta que Griffin hizo tenía sentido si se hubiera formulado de otra forma: “¿Qué prefieres, vivir en esta época siendo un multimillonario como yo o ser el rey de Inglaterra hace 200 años?”. Entonces las respuestas sí irían en el sentido que Griffin esperaba. Pero Davos no es un lugar para esos matices, porque la gente que podría llevar la contraria a Griffin ni estaba allí ni suele ser tenida en cuenta.

Las últimas ediciones de Davos generaron poca expectación. Era considerado como un espacio en decadencia, una suerte de feria de muestras en la que domina el postureo, y que sirve como excusa para que los ricos y los muy ricos se vayan unos días de fiesta a la nieve. Y puede que tenga mucho de eso, pero también es un foro en el que personas que toman decisiones muy importantes, que afectan significativamente a nuestras vidas, se reúnen y expresan abiertamente sus puntos de vista y su mirada sobre el mundo. El escenario, un lugar en el que están rodeados de gente como ellos, se presta mucho más a afirmaciones sinceras que las entrevistas o las declaraciones a los medios.

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