El plan que marca el rumbo de la economía europea fue explicado ayer
En un Davos más agitado que nunca, Alemania fijó una hoja de ruta para los años próximos, tanto para la UE como para el papel que la UE debe jugar en el mundo. La competitividad está en el centro
El canciller alemán, Friedrich Merz, en el Foro de Davos. (EFE/EPA/Gian Ehrenzeller)
Es un año de discursos significativos en Davos. Al contrario que en otras ocasiones, cuando la palabrería dominaba y las visiones eran coincidentes, esta edición se ha visto sacudida por el cambio internacional que ha generado el ‘América primero’ de Trump. Los distintos actores, empresariales o estatales, se adaptan a ese escenario, algunos intentan oponerse y otros lo abrazan indisimuladamente. Ese corrimiento de tierras ha sido más expreso que nunca en esta edición de Davos.
En lo que se refiere a Europa, era esencial conocer la posición alemana. Es el país central, el más beneficiado del continente por el viejo orden, el que mantuvo sus superávits gracias a una industria amparada por la moneda común, y el más agitado por el cambio de posiciones. Su canciller, Friedrich Merz, acudió a Davos para señalar su propuesta de salida del mal momento y no defraudó. Marcó una dirección que, si bien ya era conocida, promete acción rápida. O rápida para términos europeos, vaya. Merz describió una idea económica para su país, una posición de su país dentro de la UE y una posición de la UE respecto del mundo.
El plan de Merz
Merz aseguró que el concepto central es la competitividad. Recogió el guante lanzado por Mark Carney, el del mundo de las grandes potencias, para insistir en que, precisamente por ello, no se puede permanecer inactivos. El nuevo entorno puede ser modelado también por las potencias intermedias.
Para influir en la política global es preciso ser competitivos económicamente. “Son dos caras de la misma moneda”, afirmó Merz. Además, aseguró que “Alemania solo puede liderar Europa si somos fuertes económicamente”. La Unión tiene que avanzar en distintas áreas: “Tenemos que ser capaces de defendernos y lograr una paz justa en Ucrania, reducir las dependencias que nos hacen vulnerables y conseguir que nuestra economía aproveche su potencial de crecimiento e innovación”. Todo esto solo funcionará, advirtió el canciller, “si la UE avanza unida”.
"El mercado único se creó para ser el espacio más competitivo del mundo, pero nos hemos convertido en campeones de la sobrerregulación"
La competitividad se alcanza mediante cuatro clases de acciones. La más evidente es la desregulación. Según Merz, “tanto Alemania como Europa han desperdiciado un potencial increíble de crecimiento en los últimos años al demorarse en las reformas y al restringir innecesaria y excesivamente la libertad empresarial y la responsabilidad personal. Debemos reducir sustancialmente la burocracia en Europa. El mercado único se creó para formar el espacio económico más competitivo del mundo. En cambio, nos hemos convertido en campeones mundiales de la sobrerregulación. Eso se tiene que acabar”.
Hay que aumentar la productividad, un aspecto crucial. Y hay que convertirse en un espacio atractivo para los inversores. El plan de Merz pasa por que Europa se convierta en “un destino del capital global”. Alemania invertirá en infraestructuras y tiene que dar un salto adelante en energía (“fue un error cerrar las centrales nucleares”), pero también hay que acelerar la transformación digital y la implantación de centros de datos.
Los costes laborales son cruciales para ser competitivos, y por esto tendrán que revisarse, afirmó Merz
Sin embargo, todo eso no funcionará si no se refuerza por un lado ya conocido: para ser competitivos globalmente, son cruciales los costes laborales, que tendrán que revisarse, y más aún cuando los alemanes trabajan pocas horas. Los costes derivados de la Seguridad Social y las pensiones también estarán sujetos a revisión. Y los presupuestos tendrán que equilibrarse.
Alemania e Italia dan un paso al frente
El próximo 12 de febrero, en el castillo de Alden Biesen (Bélgica), se celebrará una reunión informal de los líderes europeos en la que Alemania e Italia presentarán propuestas para impulsar reformas económicas de la UE. El objetivo es buscar aliados para que se puedan tomar decisiones reales en el Consejo Europeo de marzo. Merz insistió en ese aspecto en su discurso. Giorgia Meloni y él, la CDU y Fratelli d’Italia, Alemania e Italia, dos países con industria fuerte, se han puesto de acuerdo para liderar la reacción económica europea. Existe un paper realizado por ambos países de cara a ese encuentro.
Merz y Meloni entienden que la UE debe reformarse para no quedarse mucho más atrás respecto de EEUU y China. El canciller alemán fue expreso a la hora de pronunciarse sobre las necesidades europeas: hay que poner un freno de emergencia a la burocracia, suspender las acciones legislativas que vayan dirigidas a introducir más regulación y articular un contexto que permita que los campeones europeos puedan financiarse en Europa.
Merz trajo a escena a Draghi: sus propuestas podrían ser útiles a la hora de pasar de la regulación excesiva a la libertad emprendedora
Antes de Davos, Merz ya había señalado que se necesitaba un mercado de capitales más profundo para que las empresas pudieran financiarse en el continente y no en los mercados estadounidenses, lo que evitaría la fuga de startups europeas. En su mente está una bolsa europea que esté radicada en Alemania.
La visión económica desgranada ayer en Davos será la que plantee en Bélgica. En su apoyo, Merz trajo a escena a Draghi, con quien ha mantenido una reunión: sus propuestas podrían ser útiles a la hora de pasar de la regulación excesiva a la libertad emprendedora.
La Europa abierta
El canciller alemán también aludió en su discurso al Parlamento Europeo y al obstáculo que había colocado en el camino al enviar el acuerdo con Mercosur al TJUE. Avisó, y debería tomarse en cuenta de cara al futuro de las instituciones europeas, de que “no nos detendrán. Tengan la seguridad. El acuerdo con el Mercosur es justo y equilibrado. No hay alternativa si queremos lograr un mayor crecimiento en Europa”. Merz insistió en que lo más probable es que este acuerdo se implemente provisionalmente.
La UE quiere ofrecerse como al mundo como “la alianza que ofrece mercados abiertos y oportunidades comerciales"
El acuerdo con Mercosur significa más que un acuerdo. El impulso económico que Alemania quiere conseguir, y al que quiere sumar a la UE, pasa por firmar un buen número de tratados de libre comercio. El próximo, con India. Quiere ampliar el que tiene suscrito con México y llegar a un acuerdo con Indonesia. “Las ambiciones comerciales de Europa son clarísimas”, afirmó Merz. La UE quiere ofrecerse al mundo como “la alianza que ofrece mercados abiertos y oportunidades comerciales”. Frente a China y a EEUU, Europa “debe ser la antítesis de las prácticas comerciales desleales patrocinadas por el Estado, del proteccionismo de las materias primas, la prohibición tecnológica y los aranceles arbitrarios. Los aranceles deben ser reemplazados por reglas, y esas reglas deben ser respetadas por los socios comerciales”.
En esta época imperial, en la que Washington está al volante y China conduce su propio coche, la manera que Alemania encuentra para crecer es persistir en el sistema anterior y señalarse como el espacio en el que las reglas del comercio siguen imperando. Frente a los instrumentos de las grandes potencias (aranceles, impulso estatal, proteccionismo), la UE se significaría como una alianza de países que optan por mantener los puentes comerciales intactos. Pero si el acuerdo con Mercosur se retrasa, se enviaría un mensaje muy significativo al resto de países del mundo sobre la escasa fiabilidad europea. Y si el acuerdo con Mercosur sigue adelante a pesar de la decisión del Parlamento y de la oposición interna, las tensiones en el seno de la UE serán mayores. El plan de Merz requiere de la Unión, y las posiciones políticas en el conjunto de Europa, y los intereses de los distintos países no están alineados. Esta será una dificultad sustantiva en los próximos tiempos.
A pesar de todo
El otro gran escollo serán los problemas internos que ese programa puede causar si se desarrolla con la profundidad que Merz pretende. La inversión en defensa, que tendrá que ser elevada, la necesidad de ajustar los presupuestos públicos, la reducción de las pensiones y esa competitividad que se logra con los salarios traerán más presión a una población cuyo nivel de vida se ha visto deteriorado. Europa ya está sumida en la crispación política. Tendría que lidiar con un nivel todavía mayor.
Sin embargo, y a pesar de los riesgos, el plan económico que ayer dibujó Merz, o una versión bastante cercana a él, será el que se imponga en Europa. Los dos bloques políticos más importantes, el del PPE y el de los partidos a su derecha, tienen una visión muy similar sobre cómo lograr el crecimiento. Los socialdemócratas que apuestan por la ‘abundancia’ no están nada lejos. Las diferencias no están en la desregulación, la competitividad, la productividad, la apuesta por la tecnología y el deseo de atraer inversiones, sino en las energías renovables, la inmigración y los tratados de libre comercio. En los dos primeros puntos, las derechas europeas se están encontrando. No así en el último. La urgencia del momento ayudará a que esa visión económica derribe las barreras que impiden su aplicación en los próximos meses. Y no deja de contener una paradoja: con la excusa de combatir a Trump, Alemania ha decidido acoger buena parte de las ideas de Trump. Reino Unido ya lo ha hecho, con los laboristas al frente. La UE seguirá ese camino.
Es un año de discursos significativos en Davos. Al contrario que en otras ocasiones, cuando la palabrería dominaba y las visiones eran coincidentes, esta edición se ha visto sacudida por el cambio internacional que ha generado el ‘América primero’ de Trump. Los distintos actores, empresariales o estatales, se adaptan a ese escenario, algunos intentan oponerse y otros lo abrazan indisimuladamente. Ese corrimiento de tierras ha sido más expreso que nunca en esta edición de Davos.