La hostilidad de EEUU empuja a Europa a acercarse a Asia en busca de otros mercados
Bruselas ha acelerado la negociación de numerosos tratados comerciales para compensar los aranceles de Trump. En particular, con los países del área Asia-Pacífico, y más en concreto con Indonesia, la India, Malasia, Filipinas o Singapur
Camiones de carga entran en las terminales internacionales de contenedores de Yantian, en Shenzhen, China. (Getty Images/Cheng Xin)
Las tornas están cambiando. Si durante décadas Europa ha mirado a EEUU como su principal socio —todavía representa el 17,4% en el comercio total de bienes de la UE y el 20,6% en el caso de las exportaciones— la nueva política exterior de Washington está empujando a la Unión Europea (UE) a abrir nuevos mercados. Bruselas, que es quien negocia la política comercial en nombre de los 27, ha acelerado la negociación de numerosos tratados y acuerdos de libre comercio para compensar los aranceles de Donald Trump. En particular, con los países del área Asia-Pacífico, y más en concreto con Indonesia, la India, Malasia, Filipinas o Singapur, además de territorios como Chile o México, ambos con salida a las costas del Pacífico. El propio acuerdo de Mercosur, congelado durante un cuarto de siglo, hay que situarlo en el actual momento geopolítico.
Esta nueva orientación de la política comercial común se basa en la Estrategia de Seguridad Económica, y aunque es anterior (2023) al regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, los aranceles y otras restricciones al comercio han obligado a la UE a establecer nuevos objetivos en busca de otros socios comerciales más fiables que Washington. Entre otras razones, porque en los diez primeros meses del año pasado, últimos datos disponibles, las exportaciones de bienes de Europa a EEUU (sin contar servicios) han retrocedido un 14,7%.
Obviamente, en gran parte, por la imposición de aranceles aprobada por la Casa Blanca, que entraron en vigor prácticamente desde el primer día del segundo mandato de Trump. Igualmente, y a la luz de la creciente autonomía comercial de China, que cada vez necesita menos componentes europeos para apoyar su aparato productivo, las exportaciones dirigidas al gigante asiático están cayendo, hasta octubre, respecto del mismo mes del año anterior, un 3,3%.
Por el contrario, las importaciones procedentes de EEUU crecen a un ritmo del 4,4%, en parte debido a que el acuerdo firmado por la Comisión Europea en verano obliga a Europa a comprar grandes cantidades de armamento y energía a EEUU. El fin último de la Estrategia de Seguridad Económica pretende reducir la dependencia de bienes y servicios.
Alemania mira a la India
El acercamiento a Asia no solo lo están haciendo los altos funcionarios de Bruselas a través de la firma de acuerdos o tratados comerciales, sino también los gobiernos. Y en este sentido, destaca la reciente visita del canciller Merz a la India, una especie de país formalmente no alineado respecto de las dos superpotencias. El objetivo de Alemania —el primer exportador de la UE— y la India es doble. Por un lado, reducir su dependencia mutua de China y, por otro, protegerse de las incertidumbres comerciales que genera la Administración Trump, que impone aranceles a diestro y siniestro en función de sus propios intereses geopolíticos. Merz anunció en su reunión con Modi, el presidente indio, que la UE y la India negocian un acuerdo histórico de libre comercio.
Sirva como ejemplo de este acercamiento el hecho de que uno de los símbolos de la industria del automóvil de Alemania, Mercedes-Benz, ha anunciado que comenzará a fabricar el Maybach GLS, un vehículo de superlujo que cuesta más de 250.000 euros, en sus instalaciones de Pune. Con esta decisión, India se convierte en el primer mercado fuera de EEUU en producir uno de los coches más caros del mundo.
Hay que tener en cuenta que la Unión Europea es el principal socio de la India, con un comercio de bienes valorado en 124.000 millones de euros en 2023. India, en concreto, es el noveno socio de la UE, con el 2,2% del comercio total de bienes. En paralelo, el comercio de servicios entre la UE e India alcanzó los 59.700 millones de euros en 2023, frente a los 30.400 millones de euros de 2020, lo que refleja que incluso antes del regreso de Trump las empresas estaban buscando nuevos mercados. Europa, de esta manera, intenta aprovechar la ventana de oportunidad que se le abre por el hecho de que las negociaciones entre la India y EEUU, tras la llegada de Trump, están estancadas. En un contexto de debilitamiento de las exportaciones europeas, lo cierto es que las destinadas a India han crecido un 4,2%.
El comercio de servicios entre la UE e India alcanzó los 59.700 millones de euros en 2023, frente a los 30.400 millones de euros de 2020
En la agenda entre Alemania y la India (tercera y cuarta economías del mundo) está también la industria militar. Aunque ninguno de los dos países ha profundizado históricamente en este ámbito, los cambios geopolíticos han obligado a hacer cambios. Alemania se está rearmando a medida que crece la amenaza de Rusia, mientras que Berlín busca que Nueva Delhi se aleje de Moscú como su principal proveedor. Actualmente, se rige por el Acuerdo sobre el Programa de Cooperación Técnico-Militar. Ambos países mantienen intercambios periódicos de personal de las fuerzas armadas y ejercicios militares.
Y es en este contexto en el que hay que situar que Berlín y Nueva Delhi estén ultimando un acuerdo para servir seis submarinos de clase U214 que construirá la compañía alemana TKMS. El valor del contrato podría ascender a unos 6.800 millones de euros. Francia, en la misma línea, se ha convertido en un gran proveedor de material militar a la India. España, igualmente, también mira cada vez más a Asia, como lo demuestra el reciente viaje del rey Felipe VI a China.
Libre de aranceles
El principal objetivo de Bruselas es lograr que Nueva Delhi apruebe fuertes recortes arancelarios sobre automóviles, dispositivos médicos, vino, bebidas espirituosas y carne, junto con la aprobación de normas de propiedad intelectual más estrictas, mientras que el Gobierno indio busca acceso libre de aranceles para bienes que requieren mucha mano de obra y un reconocimiento más rápido de sus crecientes sectores de automóviles y electrónica. Es decir, la primera potencia demográfica del mundo está reorientando su política comercial hacia un socio más fiable, como es Europa, que sigue apostando, al contrario que EEUU, por el multilateralismo y la globalización.
En todo caso, lo que queda claro es que Washington, por el momento, no ha logrado romper las tendencias del comercio mundial, lo que da margen de maniobra a Europa para actuar. Solo hay que observar que China, cuyas exportaciones a EEUU han caído de forma drástica (un 20%), ha logrado en 2025 un nuevo superávit comercial histórico. Nada menos que 1,2 billones de dólares. En el caso de las exportaciones con destino a Europa han crecido un 8,4%, mientras que las dirigidas al sudeste asiático crecen un 13,4%.
Esto sugiere que se está produciendo un realineamiento del comercio mundial en el que EEUU es cada vez menos relevante en favor de China y otros países asiáticos. Según datos del Fondo Monetario, la región Asia-Pacífico es hoy el motor económico más dinámico del mundo. Representa cerca del 40% del PIB global y concentra a más 4.300 millones de personas, lo que supone más de la mitad de la población del planeta. En 2024, el PIB agregado de Asia-Pacífico superó los 35 billones de dólares, con previsiones de crecimiento medio del 4,5% anual hasta 2028, frente al 1,5%-2% de Europa. La visita que está realizando el primer ministro de Canadá, Mark Carney, a China para negociar acuerdos comerciales y de energía ejemplifica estos cambios en el comercio internacional. Se trata de evitar a EEUU.
Se está produciendo un realineamiento del comercio mundial en el que EEUU es cada vez menos relevante en favor de China
El memorando de entendimiento firmado entre Canadá y China establece el compromiso de fortalecer las relaciones en materias como el desarrollo de recursos de petróleo, el gas natural licuado (GLN) y el gas licuado de petróleo (GLP), así como la reducción de emisiones contaminantes. Canadá, hay que recordar, es uno de los grandes productores de petróleo del mundo con alrededor de cinco millones de barriles diarios, lo que es especialmente importante para Pekín. La gran mayoría se dirige a EEUU, con quien el primer ministro ha tenido momentos de tensión desde la llegada de Trump. La firma de este acuerdo energético marca el inicio de las conversaciones a nivel ministerial, algo que, según un alto funcionario canadiense, no se había producido en casi una década.
La OMC, en este sentido, sitúa a Vietnam, México, Polonia y Turquía como los países que han ampliado su presencia en electrónica, maquinaria y equipos de transporte. India, Filipinas y varias economías africanas, por su parte, han fortalecido su posición en las exportaciones de procesos empresariales y servicios digitales. Su conclusión es que estos cambios reflejan "tanto las fuerzas del mercado como decisiones políticas deliberadas para diversificar el riesgo y atraer nuevas inversiones". Y en eso es en lo que está empeñada la Unión Europea y otros actores que quieren alejarse del riesgo que supone negociar con EEUU.
La Unión Europea ha celebrado por el momento más de 40 acuerdos, en sus diferentes formas, con más de 70 países y regiones, aunque ha cerrado las negociaciones de aproximadamente otros 20. Su ratificación, sin embargo, no se ha producido.
Las tornas están cambiando. Si durante décadas Europa ha mirado a EEUU como su principal socio —todavía representa el 17,4% en el comercio total de bienes de la UE y el 20,6% en el caso de las exportaciones— la nueva política exterior de Washington está empujando a la Unión Europea (UE) a abrir nuevos mercados. Bruselas, que es quien negocia la política comercial en nombre de los 27, ha acelerado la negociación de numerosos tratados y acuerdos de libre comercio para compensar los aranceles de Donald Trump. En particular, con los países del área Asia-Pacífico, y más en concreto con Indonesia, la India, Malasia, Filipinas o Singapur, además de territorios como Chile o México, ambos con salida a las costas del Pacífico. El propio acuerdo de Mercosur, congelado durante un cuarto de siglo, hay que situarlo en el actual momento geopolítico.