Atentos a lo nuevo de Trump: otro giro de guion
El presidente estadounidense está transformando por completo las relaciones internacionales. Dentro de su país no le va tan bien. Quizá por ello se ha puesto manos a la obra con medidas disruptivas
Trump ha reconvertido el sistema internacional en pura relación de poder: la relación de fuerzas determina el resultado. Es un tiempo de negociación desigual, de presión de los poderosos sobre los que no lo son. Gracias a eso, EEUU avanza, en apariencia sin nada que se le oponga, salvo China. Los defensores del orden basado en reglas exhiben su indignación, pero solo hacen comunicados: grandes palabras, ninguna acción. Europa se echa las manos a la cabeza y cede. Sánchez ha visto en ello una oportunidad. Trump va ganando.
Sin embargo, en el plano interno la administración Trump no es tan exitosa. De momento, los precios de los bienes de subsistencia continúan siendo muy elevados, la reindustrialización y los buenos trabajos no han hecho acto de presencia, la promesa de elevar el nivel de vida de sus ciudadanos no está llevándose a efecto. La actuación de ICE, por mucho que los trumpistas cierren filas, es difícilmente justificable. Las muertes no se olvidan, y políticamente tienen un precio.
Entre ese triunfo internacional y esa debilidad interna aparecen de fondo las elecciones de mitad de mandato. Aunque queda mucho, porque se celebrarán a final de año, no hay buenas señales para los conservadores. En ellas, las políticas internacionales tendrán mucho menos relevancia que las nacionales. El nivel de vida es un asunto central, y no hay avances en ese terreno. La expulsión de los inmigrantes a manos del ICE se puede volver en contra.
El mercado se disgusta
Esta semana, y quizá por ello, Trump dio varios pasos adelante en el frente interno. Hubo alguna medida internacional esperable, como es el abandono de instituciones internacionales a las que aportaba financiación, con la que su base electoral se identifica. Además, promulgó las nuevas directrices alimentarias, más sanas, de la administración federal, y anunció varias medidas que especificaría en el foro de Davos, destinadas a que los estadounidenses solucionen esa esa complicación en sus vidas que llaman asequibilidad. La primera de ellas es la prohibición de adquirir viviendas unipersonales a grandes fondos: la gente vive en casas, no las corporaciones. Por supuesto, la medida ha sido recibida por el establishment económico con un escepticismo que evita la confrontación directa: en realidad esa medida será poco eficaz, no soluciona el problema, la escasez de oferta es lo relevante, etc.
La industria armamentística es un asunto serio, piensa Trump, y en eso no va a dejar las manos libres al mercado
La segunda es todavía más importante: Trump advirtió a las empresas contratistas de defensa que los dividendos y las recompras de acciones se iban a terminar si no dedicaban buena parte de sus beneficios a la inversión en sus empresas. Quería nuevas fábricas, más producción, más actividad. Además, criticó las retribuciones de los directivos y anunció que las limitaría a un máximo de cinco millones de dólares. En otro caso, los contratos con el Pentágono se darían por finalizados. Esta idea ha sido peor vista aún por el mundo económico, porque la perciben como una interferencia inaceptable. Trump dará un salto cualitativo si esta medida se aprueba: buena parte de las dificultades de aprovisionamiento del ejército estadounidense provienen de unas empresas que han estado pensando cómo estirar sus beneficios en lugar de fabricar más y mejor. La industria estadounidense está atravesada por la financiarización, lo que provoca que ponga el foco en los accionistas y no en su tarea principal. El ejército es un asunto serio, piensa Trump, y en eso no va a dejar las manos libres al mercado.
Por último, el presidente estadounidense anunció que el cheque prometido de 2.000 dólares a los estadounidenses a cuenta de los aranceles llegará este año, pero más adelante. Es probable que en un momento cercano a las elecciones, cuando sea más pragmático.
Una nueva fase
Estas apuestas económicas elevan el interés sobre su discurso en Davos. El foro que constituyó el motor ideológico de occidente en los últimos tiempos, y que abogaba por los tratados de libre comercio y el orden basado en reglas, ha sido uno de los objetivos preferidos de la administración Trump. Si acude a Davos y, como ha asegurado, desgrana una serie de medidas que pongan coto al mercado, destinadas a hacer la vida más asequible para los estadounidenses o que, como los cheques, implican transferencias directas, estará trasladando un mensaje al mundo económico muy explícito. Hasta ahora, sus acciones han consistido en ampliar las posibilidades del mercado para las empresas estadounidenses; si ahora apuesta por mejorar la vida de sus ciudadanos poniendo límites a la acción privada, habrá entrado en una nueva fase. Vivienda y seguridad nacional, por motivos distintos, son dos ámbitos vitales. Si toma medidas de control, demostrará que el pragmatismo es superior a su ideología.
Estabilidad interna y fortaleza externa, cosas con las que no se juega. El Estado por encima del mercado en asuntos clave
La administración Trump prometió a sus ciudadanos que iba a mejorar su nivel de vida, que tendrían mejores condiciones laborales, que sus empleos estarían mejor pagados y que los precios bajarían. Prometió cambios que hicieran posible una vida materialmente digna. No es un asunto menor, porque contribuyó en gran medida a su éxito electoral. Nada de eso ha llegado hasta ahora. La aparición de Mamdani es relevante porque ha cambiado el paso del partido demócrata y algunos de sus candidatos locales están adaptando distintas versiones de la asequibilidad para concurrir a los comicios.
Trump necesita dar a los suyos un respaldo, pero solo puede hacerlo mediante medidas que, como las anunciadas, pongan límites al mercado. Vivienda y ejército, dos piezas importantes para el nivel de vida y para la seguridad en un mundo de poder. Estabilidad interna y fortaleza externa, cosas con las que no se juega. El Estado por encima del mercado en asuntos clave.
Si Trump actúa de esa manera, y lo anuncia en Davos, estará abriendo la puerta y, en buena medida legitimando internacionalmente, a una serie de acciones que las izquierdas pueden utilizar y que las derechas soberanistas pueden verse obligadas a recoger. El mundo del poder, el de los nacionalismos, hace más necesaria la cohesión interna: si el lema es "nosotros contra los de fuera", el "nosotros" resulta muy débil si, en lugar de bienestar material, hay inestabilidad vital y dificultades para llegar a final de mes. Una fuerza soberanista necesita un plus de legitimidad interna; si no se arregla el día a día de sus ciudadanos, el descontento continuará extendiéndose, y las tensiones existentes irán en aumento. Se abrirán, además, las puertas a un triunfo demócrata. El discurso de Trump en Davos será importante, por lo que diga y por lo que omita. Atentos a lo nuevo.
Trump ha reconvertido el sistema internacional en pura relación de poder: la relación de fuerzas determina el resultado. Es un tiempo de negociación desigual, de presión de los poderosos sobre los que no lo son. Gracias a eso, EEUU avanza, en apariencia sin nada que se le oponga, salvo China. Los defensores del orden basado en reglas exhiben su indignación, pero solo hacen comunicados: grandes palabras, ninguna acción. Europa se echa las manos a la cabeza y cede. Sánchez ha visto en ello una oportunidad. Trump va ganando.