Ucrania, Groenlandia, la muerte agónica del vínculo transatlántico… En medio de un contexto geopolítico adverso, la UE necesitaba una buena noticia. Y llega de mano de la principal fortaleza del bloque: el comercio. Los países de la UEdan, tras un cuarto de siglo de angostas negociaciones, la luz verde al acuerdo de libre comercio con Mercosur. Lo hacen con el voto en contra de Francia, Hungría, Polonia, Austria e Irlanda, y con la abstención de Bélgica. Pero su puesta en marcha no es inminente y París ya mueve hilos para intentar tumbarlo. "La France, c’est la France", que diría el anterior presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.
Los europeos han avalado a través de mayoría cualificada (55% de países que representen al menos al 65% de la población de la UE), el viaje de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el líder del Consejo Europeo, Antonio Costa, al otro lado del Atlántico para firmar un pacto que crearía la mayor zona de libre comercio del mundo, con un mercado de más de 700 millones de consumidores. La ceremonia se producirá el próximo 17 de enero en Uruguay. "La Comisión cree firmemente en la importancia geoestratégica de este acuerdo para la posición global de Europa. Consolidará nuestra presencia comercial y política en América Latina y proporcionará una plataforma basada en normas y confianza para facilitar el manejo del turbulento panorama geopolítico actual", celebra un portavoz comunitario.
En un momento de reconfiguración de las alianzas tradicionales y de auge del proteccionismo en Estados Unidos y China, la obsesión de Bruselas pasa por reducir sus dependencias de las superpotencias y diversificar sus mercados. Y es con Mercosur donde la UE se juega su credibilidad global y su imagen de socio fiel y predecible frente a países como Brasil a los que se les estaba agotando la paciencia.
La intención inicial era cerrar el pacto a finales del año pasado, pero las reticencias y dudas de Italia lo dejaron en el congelador durante estas semanas. Para templar el ánimo de los agricultores, cuyos tractores llevan meses rugiendo por las calles europeas, en Bruselas defienden que el acuerdo proporcionará un aumento potencial del 50% en las exportaciones agroalimentarias de la UE a la región. Con los guiños del Ejecutivo comunitario para incrementar las cláusulas de salvaguardas, reducir los precios de abonos y fertilizantes y adelantar 45.000 millones de euros para la Política Agraria Común (PAC) del próximo Marco Financiero Plurianual (MFF, por sus siglas en inglés), Giorgia Meloni -cuyo ‘sí’ era determinante para la fumata blanca- ha dejado a Francia derrotada en sus intentos para armar una minoría de bloqueo en el Consejo.
Emmanuel Macron, firme opositor a Mercosur, dejaba claro en la antesala de la votación en Coreper -que aglutina a los 27 embajadores europeos- que la República gala se opondría a un acuerdo que calificaba de "otra época". Y a partir de ahí, la ofensiva mediática de París no cejó en redoblarse. "Ha llegado el momento de movilizarse dentro de cada grupo político del Parlamento Europeo para construir una mayoría contra este acuerdo", afirmaba a través de X Sébastien Lecornu, primer ministro de Francia, pocos minutos antes de la votación.
El documento formalizado en Bruselas consta de dos partes, el Acuerdo de Asociación UE-Mercosur (EMPA, por sus siglas en inglés) y el Acuerdo Comercial Provisional (ATI). El acuerdo comercial provisional no requiere la ratificación de los Estados miembros, ya que es competencia exclusiva de la UE. Así, se aplicaría provisionalmente hasta la finalización del proceso de ratificación en los 27 Estados miembros y los 4 de Mercosur. Jurídicamente, es viable que las medidas interinas echen a rodar sorpasando a la Eurocámara, pero sería un movimiento arriesgado para una Comisión bajo fuertes críticas y muy justa de apoyos parlamentarios.
¿Y ahora qué?
La pelota pasa al Parlamento Europeo, llamado a ratificar los textos legales, primero a través de un examen de la comisión INTA y posteriormente en el Pleno de la Eurocámara. Antes de la demora de diciembre, se estimaba que el escrutinio se produciría en la sesión de marzo. De obtener la luz verde de los colegisladores, Mercosur podrá entrar en vigor de forma provisional tras su ratificación por al menos un país del bloque iberoamericano, detallan fuentes europeas.
Por ello, los de Macron, que encaja una gran derrota, fían todo su capital a intentar tumbar el acuerdo en la Eurocámara. "Este no es el final de la historia. Para que un acuerdo comercial entre en vigor definitivamente, no solo debe contar con el apoyo de la mayoría de los Estados miembros, sino también con la ratificación del Parlamento Europeo Sin embargo, el Parlamento Europeo está actualmente muy dividido. Se decidirá en 10 o 15 votos de más de 700 eurodiputados. Así que, quien diga que el Mercosur será ratificado definitivamente es muy astuto. Aún podemos ganar esta batalla", ha afirmado Pascal Canfin, eurodiputado de Renaissance, en la radio francesa RTL ."Perdimos esta primera batalla en el Consejo, pero no la guerra. La pelota está ahora en el tejado del Parlamento Europeo. Tendremos la última palabra", ha coincidido su compañera de filas Stéphanie Yon-Courtin, en la televisión gala.
La reconfiguración de fuerzas que dejaron las elecciones de 2024 en el Hemiciclo anticipan una votación de infarto. La presencia de extrema derecha, que hace de la soberanía nacional y la defensa del campo uno de sus estandartes, es más potente que nunca antes. Para la izquierda radical este es "el peor acuerdo de todos los tiempos" y en el resto de fuerzas del centro pro-europeo se espera que emerjan divisiones internas. El Partido Popular Europeo, el más grande de la Eurocámara, ha anunciado que votará a favor alegando que para Europa supondrá un aumento de las exportaciones de 4.900 millones de euros y la creación de 440.000 puestos de trabajo. También los socialdemócratas lo han aplaudido públicamente.
Para Francia, cuestión de Estado
Con el campo en pie de guerra en las calles francesas, el país en intermitente crisis política y bajo la herencia histórica de oposición a los grandes acuerdos de libre comercio -ya fue el gran crítico con el tratado de libre comercio con Estados Unidos (TTIP)-, Mercosur se ha convertido para Francia en una raison d'état. La oposición francesa es transversal de extremo a extremo del arco parlamentario y la presión es máxima.
La ultraderechista Marine Le Pen ha pedido a Macron que suspenda la contribución del país a los presupuestos comunitarios. Su delfín, Jordan Bardella, ha anunciado que su formación, Agrupación Nacional, presentará dos mociones de censura: una otra contra Von der Leyen en el Parlamento Europeo y otra en la Asamblea Nacional, que se unirá a la anunciada por Francia Insumisa contra el Ejecutivo galo al que acusa de "humillación".
Los de Jean-Luc Mélenchon han iniciado en paralelo otro proceso para torpedear el pacto a través de la justicia. Al escollo de ratificación en Estrasburgo se suma la intención de 145 eurodiputados de llevar el acuerdo de Mercosur al Tribunal de Justicia de la UE (TJUE). De aprobarse esta revisión legal, la entrada en vigor de Mercosur podría dilatarse años.
La amargura de Francia contrasta con el júbilo en el Berlaymont, sede de la Comisión Europea, y en países como España y Alemania. Von der Leyen ha celebrado la apertura de una "nueva era" para el comercio y la cooperación. "Es también un testamento de la solidez y fortaleza de nuestra relación con América Latina", ha apostillado en un comunicado. Por su parte, Costa ha subrayado que con este acuerdo, la UE está dando forma a la economía global; fortalece los derechos de los trabajadores, la protección del medio ambiente y las salvaguardias de los agricultores europeos; y demuestra que las asociaciones comerciales basadas en normas son beneficiosas para todos.
"Día histórico para el multilateralismo", resuena en los pasillos bruselenses y en el otro lado del Atlántico, una expresión a menudo manida, que toma fuerza tras el primer gran paso hacia un acuerdo que comenzó a fraguarse durante los últimos coletazos del siglo XX.
Ucrania, Groenlandia, la muerte agónica del vínculo transatlántico… En medio de un contexto geopolítico adverso, la UE necesitaba una buena noticia. Y llega de mano de la principal fortaleza del bloque: el comercio. Los países de la UEdan, tras un cuarto de siglo de angostas negociaciones, la luz verde al acuerdo de libre comercio con Mercosur. Lo hacen con el voto en contra de Francia, Hungría, Polonia, Austria e Irlanda, y con la abstención de Bélgica. Pero su puesta en marcha no es inminente y París ya mueve hilos para intentar tumbarlo. "La France, c’est la France", que diría el anterior presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.