"EEUU está comprometida con la OTAN, pero una OTAN distinta. Europa debe asumir su defensa"
Entrevista con Javier Colomina, vicesecretario general adjunto de política y seguridad de la OTAN, y representante especial de la Alianza Atlántica para el Vecindario Sur
Javier Colomina posa para El Confidencial en Madrid. (J. I. R.)
En esta ceremonia de la confusión geopolítica a la que estamos asistiendo, Javier Colomina (Madrid, 1974) aboga por una actitud pragmática y evitar generar más ruido del que ya hay. Desde su puesto como vicesecretario general adjunto de política y seguridad de la OTAN, el diplomático español considera que Europa debe mantener el vínculo trasatlántico a toda costa. La alternativa, si la hay, sería más complicada y mucho más cara.
El representante especial de la Alianza Atlántica para el Vecindario Sur asegura que se debe fortalecer el pilar europeo de la OTAN y que la región asuma progresivamente su propia seguridad, pero siempre con el respaldo de Washington. No solo dependemos de sus capacidades militares, advierte, sino que la industria europea de defensa no está preparada todavía para asumir el pico de demanda del rearme. Colomina nos atiende una hora en el Palacete Eduardo Adcoch, sede de la Fundación Rafael Del Pino, donde participó en el conversatorio "El futuro de la seguridad trasatlántica". Esta entrevista está ligeramente editada por claridad.
PREGUNTA. En las negociaciones para un alto el fuego entre Rusia y Ucrania, el presidente Volodímir Zelenski ha asegurado estar dispuesto a abandonar su objetivo de ser socio de la OTAN a cambio de garantías de seguridad occidentales. ¿Cómo valora la Alianza el rumbo de estas conversaciones?
RESPUESTA. El secretario general de la OTAN (Mark Rutte) ha estado involucrado prácticamente en todas las conversaciones, porque todo lo que implique un cambio de postura militar que tenga consecuencias para nuestra defensa colectiva tiene que ser decidido en la mesa del Consejo Atlántico. Hemos apoyado a los ucranianos en todo lo que hemos podido, hemos conseguido generar más de 4.000 millones de dólares a través de la iniciativa PURL (Prioritized Ukraine Requirements List) y les seguimos apoyando con todo lo que tenemos. Al mismo tiempo, apoyamos las negociaciones al 100%. Lo hemos dicho muy claramente: el esfuerzo norteamericano es la mejor oportunidad de paz que hay. Por supuesto que la propuesta hay que refinarla y que el plan de 28 puntos tiene elementos controvertidos que hay que trabajar. Y en eso están las partes.
P. ¿Entonces van bien?
R. Lo que hemos dicho desde el principio es que a los negociadores hay que dejarles espacio y que no ayuda que nosotros digamos lo que pensamos de los distintos elementos de la negociación. Quien tiene aquí que decidir su futuro es Ucrania. Hemos sido muy claro desde el principio: queremos una paz que sea justa y duradera, y una Ucrania soberana y viable.
P. ¿Cree que es positivo que se descarte la entrada de Ucrania en la OTAN?
R. Era una de las líneas rojas para Rusia. Tampoco había acuerdo en la mesa del Consejo Atlántico para que Ucrania entrara a formar parte de la OTAN, no solo con esta administración americana, sino también con la anterior. Y este es un paso que en algún momento se podía dar vinculado a unas garantías de seguridad potentes, que es lo que ha dicho Zelenski. Y, entre otras cosas, posiblemente vinculado también a una posible aceleración de las negociaciones para entrar en la Unión Europea. Dentro de las circunstancias en las que estamos, es una buena noticia el que se hayan acercado posturas. Sin duda es un momento complicado y esperemos que llegue a algo positivo en las próximas semanas.
P. ¿Qué considera la OTAN como garantías de seguridad potentes? ¿Qué parámetros tendrían que tener?
R. Las garantías de seguridad las están trabajando desde hace ya bastantes meses los europeos, liderados por Francia y Reino Unido. Es un esfuerzo europeo, no de la OTAN, ya que nos dijeron claramente desde el principio que no podríamos participar en esas garantías de seguridad.
Pero sí en toda la planificación militar, porque la OTAN debe estar informada de todo lo que pueda tener implicaciones para nuestra defensa colectiva. Y es evidente que movilizar 20.000 o 30.000 soldados y ponerlos en la línea de contacto, que podría ser el plan que tienen los europeos en mente, tiene implicaciones en defensa colectiva.
P. ¿Qué haría esa fuerza europea?
R. Hemos participado en muchas reuniones de la coalición de voluntarios y han avanzado mucho, también en planificación militar. Pero es difícil llegar a concretar exactamente lo que vas a hacer hasta que no te encuentres en la situación real. Entre otras cosas, porque muchos de los europeos van a requerir, ya lo han dicho, que Naciones Unidas ampare esa presencia militar o que haya algún tipo de legalidad internacional. Hasta que eso no se produzca, muchos países se limitan a decir: "Yo contribuiré cuando el momento llegue".
P. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos ha generado inquietud en muchas cancillerías, sobre todo europeas. Deja claro que Washington está dando prioridad a otras regiones y parece que el apoyo a Europa es condicional.
R. El cambio de foco a Asia-Pacífico no es nuevo, es algo que ya inició (el presidente Barack) Obama. Es verdad que esta administración ha cambiado la forma de decirlo y, posiblemente, su empuje; pero la política exterior de Estados Unidos ya venía de un viraje hacia otras regiones y hacia la propia defensa de sus prioridades nacionales.
La National Security Strategyhay que tomarla también como lo que es. Un documento con un componente de retórica importante que establece el rumbo, pero que no necesariamente va a definir cada uno de los elementos de las políticas norteamericanas. Eso es lo que tenemos que ver a partir de ahora. Yo tiendo a pensar que es muy transaccional y dice lo que quiere obtener de cada uno de los socios o adversarios sin necesidad de entrar en definiciones complejas de si eres o no eres adversario.
No nombra a Rusia como amenaza o a China como adversario, dice lo que para ellos es esencial: con Rusia, una estabilidad estratégica; con China, comercio y temas clave como las tierras raras. Eso no quiere decir, en mi opinión, que Rusia deje de ser una amenaza para los estadounidenses o que China deje de ser realmente un competidor. Simplemente, no se dice porque la estrategia es ahora mucho más transaccional.
"Pese a todo, hemos sido capaces de mantener a los americanos con nosotros"
P. También preocupan los términos en los que se expresa sobre Europa. ¿Esto es el inicio de un eventual o potencial repliegue de Estados Unidos en las labores de seguridad de Europa?
R. La estrategia dice, literalmente, que Europa sigue siendo muy importante para Estados Unidos. Pero es indudable que la Unión Europea, como animal político, es algo que no encaja muy bien con la actual administración norteamericana. No han encontrado vías de comunicación, no tienen interlocutores claros. Es una relación necesaria, pero la UE va a tener que trabajar esa relación trasatlántica si es lo que quiere.
Resulta mucho más sencillo, por difícil que sea, y mucho más barato, por caro que sea, trabajar la relación trasatlántica, que buscar una alternativa. Eso no quiere decir que no hay que ir avanzando en un aumento de las capacidades militares de la Unión Europea, porque es necesario. Pero los que saben de seguridad y defensa, saben que la alternativa está muy alejada en el tiempo y, por tanto, dejaría un agujero en nuestra seguridad. Sé que es difícil, y sé que muchas veces hay que tragarse un poco el orgullo, pero mi consejo es que sigamos trabajando en la relación trasatlántica.
Foto: J. I. R.
P. Trump no lo pone fácil, ¿no?
R. Podréis pensar que le quito hierro al asunto, pero yo creo que hay que centrarse en los objetivos prioritarios y tratar de evitar el ruido en la medida de lo posible. Y hay muchísimo ruido. Pese a todo, hemos sido capaces de mantener a los americanos con nosotros, seguimos hablando con ellos absolutamente de todo, la retirada de tropas se hace siempre con nuestro visto bueno (de momento ha sido muy reducida) y nos entendemos en algo evidente —y que se va a producir— que es un reequilibrio de las posiciones y el peso entre Estados Unidos, Europa y Canadá. Eso no tiene por qué ser necesariamente malo.
Lo que sería malo es una retirada de Estados Unidos que deje un vacío detrás. Un vacío inevitable porque no tenemos las capacidades. Lo que hay que buscar es un nuevo equilibrio en el que Estados Unidos se retire un poco y los europeos aumenten su presencia. Con todos los esfuerzos que han hecho los europeos, que han multiplicado por dos su inversión en defensa en los últimos 10 años, la inversión en defensa de toda Europa no llega a la mitad de la de Estados Unidos.
P. ¿Sigue habiendo riesgo de que Estados Unidos termine saliendo de la OTAN o de que la OTAN se reformule de alguna manera para mantener a Washington?
R. Siempre hay un riesgo de que cualquier cosa ocurra en diplomacia, en defensa y en todo. Pero creo que es un riesgo mínimo. No está encima de la mesa. Estados Unidos está comprometido con la OTAN. Pero una OTAN distinta, en la que va a haber un pilar europeo mucho más potente y en la que la defensa convencional de Europa quedará en manos de los europeos, pero dentro de la alianza. Estados Unidos seguirá proporcionando un apoyo a ese liderazgo europeo, a esa parte convencional, y el backstop nuclear, que es esencial en términos de disuasión. Los americanos no van a desaparecer de la noche a la mañana, tienen 80.000 soldados en Europa.
P. Para esa OTAN más europea, la inversión en defensa es clave. España se ha negado a llegar al gasto del 5% del PIB en defensa, como acordaron los aliados. El Gobierno dice que con el 2% es suficiente. ¿Es sostenible mantener esa postura del 2% o al final se nos va a exigir más, como al resto?
R. El acuerdo de La Haya contiene una serie de flexibilidades en cómo llegar a esos porcentajes y los plazos para llegar. Hay un cierto margen interpretativo. España lo interpretó de una manera: considera que con un 2,1% llega a los objetivos de capacidades operativas, que son el corazón de lo que estamos hablando, que es ese 3,5%. El 1,5% (que resta hasta el 5%) son gastos relacionados con la defensa. Pero el 3,5% es verdadero equipamiento militar y capacidades. Nos han dicho que si no fuera así, España revisaría sus cifras.
Nosotros hemos dicho desde el principio que todos los países van a tener que moverse en torno al 3%-3,5%. Cuando llegue el momento, veremos si España ha sido capaz de satisfacer esos objetivos operativos con ese porcentaje o no. El propio acuerdo de La Haya estableció que en 2029 se tendrían que revisar esas cifras. Una revisión que puede ir a la baja o al alza, dependiendo del contexto de seguridad que haya en ese momento.
"Hay amenazas que impactan más al sur, como la migración irregular y el terrorismo"
P. En este debate sobre la inversión en defensa se percibe esa brecha geográfica entre los países fronterizos o cercanos a Rusia y los más alejados. ¿Cree que en el sur de Europa los gobiernos están infravalorando la amenaza rusa?
R. Para mí, no es un problema de gobierno; es un problema de cultura de seguridad y defensa en la sociedad. Es verdad que en España, en Italia o en Portugal, hay mayor sensación de seguridad porque están más alejados (de la guerra).
Pero si se produjera —no creemos que se vaya a producir, pero existe el riesgo— un ataque ruso a territorio del Artículo 5 (el artículo del Tratado del Atlántico Norte que establece que un ataque contra uno es un ataque contra todos), entonces estarían tan en riesgo los unos como los otros. De hecho, los países del sur tienen más exposición a otros riesgos que los países de Europa del Este no tienen.
P. ¿Qué riesgos adicionales?
R. La posibilidad de un ataque convencional con misiles, ya no digamos nuclear, es muy parecida en toda la región; si los rusos deciden entrar en el Artículo 5 ya es una guerra directa contra la OTAN. Mientras, hay retos y amenazas adicionales que impactan muchísimo a las sociedades de los aliados del sur, como los tráficos ilícitos, las migraciones irregulares, el terrorismo, etcétera. Ante esa panoplia de amenazas y de retos, el compromiso en inversión en defensa tiene que ser similar entre todos los países, como también debe ser similar la convicción de que todos deben llegar a esos objetivos de capacidades.
P. En las cifras provisionales de la OTAN del gasto en defensa publicadas en verano, España habría llegado ya al umbral del 2%, pero según la Contabilidad Nacional sigue apareciendo el 1% en 2024. ¿Cómo hemos llegado a ese 2%?
R. En las últimas cifras oficiales, que he visto hace una semana, España estaba en el 1,99%. Debido a que en las últimas cifras de la OCDE, el PIB de España había crecido un poco más de lo esperado, eso había provocado un decalaje. Este monto corresponde al plan de inversiones que presentó el presidente del Gobierno hace unos meses. Entiendo que tomarán medidas para compensar ese pequeño decalaje. A nosotros lo que nos han confirmado, por activa y por pasiva, es que llegarán al 2% el 31 de diciembre del 25.
Foto: J. I. R.
P. Analistas dudaban sobre si algunas partidas del plan de gasto en defensa español no entraban dentro de los criterios de inversión de la OTAN. ¿Los estándares para contabilizar el gasto siguen siendo los mismos?
R. Los elementos que antes teníamos para llegar al 2% son exactamente los mismos que tenemos hoy para el 3,5%. Esa es la esencia de la inversión. No se ha cambiado. Lo que es distinto es el 1,5% adicional.
P. ¿Hasta qué punto el plan de rearme europeo se está notando ya en capacidades operativas y productivas? ¿Seguimos comprando mucho armamento a EEUU?
R. Se sigue comprando mucho porque la industria de defensa europea está muy fragmentada y no tiene capacidad para dar respuesta a ese aumento de la inversión. La compra de armamento americano sigue estando por encima del 60% y no se va a modificar mucho de momento. La industria de defensa europea tiene lo que tiene y hay una serie de cosas que ni siquiera producimos, como aviones de quinta generación, que los europeos siguen comprando F-35.
Las industrias nacionales tienen que florecer, dan puestos de trabajo, pero no siempre una industria nacional va a ser capaz de producir al mismo nivel y con la misma tecnología que un país que produce para un millón de soldados con 350 millones de habitantes. A pesar de todos los esfuerzos que hemos hecho, a día de hoy todavía producimos, todo Occidente, incluido Estados Unidos, menos munición de la que produce Rusia. Con una industria de defensa más pequeña y con un PIB entre el de España y México, pero tienen una economía de guerra que nosotros no tenemos. Hay muchísimo por hacer.
"La atención sobre un problema dura lo que dura por los ciclos electorales"
P. Hay consenso en que se debe producir una consolidación de la industria.
R. La realidad es que va a ser una conversación muy difícil. La industria de defensa es uno de los elementos más pegados a la soberanía nacional, donde tienen un peso enorme los aspectos de política doméstica. Es difícil ver a España o a Noruega o a Italia cerrando una parte de sus astilleros para que otros produzcan. Y esas son las decisiones que hay que tomar porque al final nosotros tenemos 17 modelos de tanque y los norteamericanos uno.
Pero la fragmentación europea en la industria de defensa no termina ahí. Si se quiere avanzar en la autonomía estratégica, en algún momento habría que empezar a hablar, incluso, del armamento nuclear europeo. Imagínate si entráramos en soberanías cuando hablas del armamento nuclear. Cuando un país diga que quiere la suya, llegarán las cuatro o cinco potencias europeas, incluida España, que desempolvarán sus propios planes nucleares que dejaron en el armario en los años 60 y dirán, "Oye, pues si este es el camino, este es el camino". Y ese no debe ser el camino. El camino debe ser la OTAN y la relación trasatlántica.
P. ¿Qué fallos de gobernanza y compliance en la estructura de adquisiciones de la OTAN ha revelado el caso Elbit?
R. Los mecanismos de detección de irregularidades de la organización funcionaron. La OTAN está investigando el caso. Por el momento se han suspendido a las personas y entidades sospechosas hasta que se dirima la investigación.
P. ¿Qué riesgos ve la OTAN en la creciente inestabilidad en el Sahel y África?
R. Las prioridades centrales de la OTAN a día de hoy siguen siendo la defensa colectiva, la inversión en defensa y el apoyo a Ucrania. Hemos sido capaces de construir una cuarta dimensión, aunque no sea tan central como las otras tres, que se ocupa del flanco sur. No hay otra dimensión regional que tenga la importancia que tiene la del sur, con un enviado especial del secretario general.
Lo que más nos preocupa desde el punto de vista de seguridad en el Sahel es cómo impacta en nuestros socios del Mediterráneo y en la propia región euroatlántica. Los medios que se requieren para el sur son distintos a los de otros lugares y mucho queda en manos de los ministerios de interior y de las fuerzas de seguridad y no tanto de las fuerzas armadas. Pero nos preocupa.
P. La salida de los europeos del Sahel ha propiciado una mayor presencia de intereses militares e industriales rusos y, en menor medida, también chinos. ¿Y si se va también EEUU?
R. Estoy convencido de que EEUU no quiere irse de África y dejar un agujero porque para ellos es importante desde el punto de vista de su seguridad nacional. Pero el resto tenemos que hacer mucho más. Se han tomado decisiones en varios pilares, por ejemplo, en el diálogo político, la cooperación práctica y la presencia física. Inauguré nuestra primera oficina política en Amán y ahora tenemos también el centro de entrenamiento y educación en Kuwait. Trabajamos bastante bien con la Unión Europea en la región, pero también con la Liga de Estados Árabes, con la Unión Africana y con el Consejo de Cooperación del Golfo.
La Unión Europea está tratando de volver poco a poco. Pero el nivel de atención sobre un problema, particularmente en Occidente, dura lo que dura por los ciclos electorales nacionales y europeos, y se avanza a impulsos. Un año se otorga a un país cientos de millones, pero luego baja a un monto testimonial. Mientras, los rusos todos los años mandan un par de cargueros con grano o asistencia y se mantienen permanentemente ahí. Como nunca se fueron, les abren la puerta y entran. Van dando pasos.
En esta ceremonia de la confusión geopolítica a la que estamos asistiendo, Javier Colomina (Madrid, 1974) aboga por una actitud pragmática y evitar generar más ruido del que ya hay. Desde su puesto como vicesecretario general adjunto de política y seguridad de la OTAN, el diplomático español considera que Europa debe mantener el vínculo trasatlántico a toda costa. La alternativa, si la hay, sería más complicada y mucho más cara.