Así conquista China el mundo tras haberse convertido en el gran prestamista
China acaba de enseñar al mundo —más allá de su potencial militar— su triple musculatura. Es ya el gran prestamista del planeta, su fondo soberano acumula un patrimonio de 1,57 billones de dólares y los aranceles no le han hecho mella
La geoeconomía está de moda. Es decir, la utilización de la economía como un instrumento de influencia geopolítica. Y hay un país —no es ninguna novedad— que está ganando la batalla (por ahora pacífica). Y es, indiscutiblemente, China, que acaba de enseñar al mundo —más allá de su potencial militar– su triple musculatura. Es ya el gran prestamista del planeta, su fondo soberano acumula un patrimonio de más de 1,57 billones de dólares y, por último, la nueva política arancelaria de EEUU no le han hecho mella en su extraordinario poder comercial. La fábrica del mundo, con sus problemas, sigue extendiendo sus redes.
Pekín ha anunciado que en los once primeros meses de este año acumula ya un superávit (saldo entre exportaciones e importaciones) que supera por primera vez el billón de dólares. Es decir, un 21,7% más que en el mismo periodo del año anterior. Ni los aranceles de Trump han frenado su potencia exportadora.
¿Cómo lo ha hecho? China ha incrementado considerablemente sus ventas a otros países. Desde automóviles hasta paneles solares y productos electrónicos de consumo. De hecho, se puede decir que un tsunami de exportaciones chinas está inundando el sudeste asiático, África, Europa y Latinoamérica a partir de una diplomacia económica —la ampliación de los BRICS marca el camino a seguir— muy bien engrasada. La cara amarga para algunos es que fábricas en países en desarrollo como Indonesia y Sudáfrica se han visto obligadas a reducir la producción o, incluso, a cerrar ante la competencia desigual de China con sus bajos precios. El superávit comercial de China ascendió en noviembre a 111.680 millones de dólares, lo que significa (con aranceles incluidos) el tercero más grande de su historia en un solo mes.
Pekín, igualmente, también ha anunciado una cifra deslumbrante: su fondo soberano, el instrumento financiero que utiliza el partido comunista chino para ensanchar su presencia en el planeta, supera ya los 1,57 billones de dólares. Es decir, una cifra muy parecida al PIB de España. La cantidad es impactante, pero no lo es menos su rendimiento: el beneficio neto del fondo soberano chino en sólo un año ha alcanzado los 140.640 millones de dólares. Por lo tanto, un 30% más que en igual periodo del año pasado. ¿La causa? Un rendimiento neto anual acumulado de las inversiones de China en el extranjero durante la última década que equivale al 7%, a años luz de su inflación interna (0,7%).
Tres filiales
Lo sorprendente no es sólo el volumen del fondo soberano –el segundo del planeta tras el que gestiona Noruega gracias a los beneficios del petróleo—, sino su aceleración. China Investment Corporation (CIC) fue creado hace apenas 18 años y es el vehículo que utilizan las autoridades de Pekín para diversificar las inversiones en divisas. Opera mediante tres filiales con sedes en Nueva York, Londres y Hong Kong. Aunque las tres filiales, al unísono, forman parte de la estrategia geopolítica de las autoridades chinas, lo cierto es que funcionan con autonomía de gestión. El CIC está asesorado en sus operaciones internacionales por un consejo formado actualmente por 14 expertos de Asia, África, Europa, Norteamérica y Latinoamérica que representan diversos ámbitos de la política, los negocios y el mundo académico. El 89% de los empleados de la sede central de CIC cuenta con un título de posgrado y dentro de los equipos de inversión en el extranjero, aproximadamente el 63% tiene formación o experiencia laboral fuera del país.
China no es sólo el campeón del comercio mundial o el país que dispone de un formidable vehículo inversor. También se ha convertido en el gran prestamista del mundo. Es más, Pekín, con su política de apertura al planeta, ha reemplazado a EEUU, y al propio Fondo Monetario Internacional (FMI), en el rescate de países de ingresos bajos y medios que están altamente endeudados. Un dato lo dice todo. Según AidData, un laboratorio de investigación de William & Mary, una Universidad estadounidense situada en Virginia (la segunda más antigua del país), ha prestado 2,2 billones de dólares a cerca de 200 países de todas las partes del mundo. La cifra es mucho mayor de lo que se creía en investigaciones anteriores.
“El tamaño total de la cartera de China es de dos a cuatro veces mayor de lo que sugieren las estimaciones publicadas previamente”, aseguró Brad Parks , director ejecutivo de AidData y autor principal del informe. Lo más significativo, sin embargo, es que China no sólo presta a los países pobres o emergentes, sino también a los países avanzados comprando su deuda. De hecho, más de tres cuartas partes de las operaciones de préstamo de China en el extranjero tienen como destino países de ingresos medianos altos y países de ingresos altos. “Gran parte de los préstamos a países ricos se centran en infraestructuras críticas, minerales críticos o se destinan a la adquisición de activos de alta tecnología, como empresas de semiconductores”, según Parks. China, según datos de Treasury International Capital (TIC), incluyendo posibles tenencias indirectas a través de centros financieros extraterritoriales, posee en estos momentos 700.500 millones de dólares en bonos de EEUU, sólo por detrás de Japón y Reino Unido.
Objetivo, Europa
Pero Pekín también mira a Europa. Los 27 Estados miembros de la UE han recibido inversiones por alrededor de 161.000 millones de dólares destinados a casi 1.800 proyectos y actividades. Entre los países con mayores acuerdos se encuentran Alemania (33.400 millones de dólares), Francia (21.300 millones), Italia (17.400 millones) y Portugal (11.700 millones. En cuanto a la inversión en España, China mantiene un stock de inversión extranjera directa de 10.915 millones de euros en 2023. Existen 281 empresas de capital chino implantadas en el país.
¿Qué consecuencias tiene este fenómeno desde el punto de vista geopolítico? Tan sólo este año los países más pobres y vulnerables del mundo tendrán que afrontar con China una cifra récord de 22.000 millones de dólares en la devolución de los préstamos que durante años Pekín ha concedido a países en vías de desarrollo, principalmente, bajo el paraguas de la Iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda.
Como han sugerido algunos analistas, se ha producido un cambio profundo en el papel de Pekín, que no sólo ha pasado de ser el gran prestamista, sino, lógicamente, también se ha convertido para muchas economías emergentes en un banquero que cobra intereses. Es decir, el papel que tradicionalmente ha ocupado EEUU a través del dólar, cuyos movimientos, hacia arriba o hacia abajo, siempre han impactado de una forma intensa en las economías más dependientes de financiación externa. Como aseguró de forma ilustrativa un analista de The New York Times, China ya no es sólo un gran prestamista, sino que rescata países. Turquía, Argentina o Sri Lanka lo saben bien.
Esto significa, ni más ni menos, que China se aleja de su tradicional papel como proveedor de ayuda por razones filantrópicas. Por el contrario, en sus actividades crediticias, está priorizando cuestiones geopolíticas como la seguridad nacional o la política económica. Según AidData, se trata en muchos casos de operaciones financieras cada vez más opacas y complejas. Muchas se realizan a través de empresas fantasma vehiculadas en jurisdicciones que aún mantienen el secreto bancario.
Como sostiene este trabajo publicado en CEPR, una plataforma de artículos académicos, desde 2016, los préstamos de China en el exterior superan los préstamos oficiales combinados del FMI, el Banco Mundial y 22 países del Club de París, convirtiendo a China en el principal acreedor de los países en desarrollo.
Ahora lo que les preocupa a estos países no es una apreciación del dólar (que llevó a una gran crisis de deuda en Latinoamérica en los años 80), sino el encarecimiento del renminbi en aquellas operaciones fijadas con la divisa china. Algo que puede explicar, junto a las razones comerciales, que Pekín busque un renminbi infravalorado, lo que no deja de preocupar a EEUU y al propio Fondo Monetario. No en vano, el tipo de cambio efectivo real de China (su promedio ponderado frente a una canasta más amplia de monedas) se ha depreciado un 18% desde su pico en marzo de 2022. Con una inflación del 0,7% interanual su superávit de balanza de pagos está asegurado.
Renminbi vs. dólar
La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, ha dicho que China necesita corregir desequilibrios “significativos” en su economía, incluida la deflación que ha provocado una depreciación del renminbi e impulsado las exportaciones en un momento de crecientes tensiones comerciales. Morgan Stanley ha estimado que alrededor de 2030 la participación de China en las exportaciones mundiales de mercancías aumentará del 15% actual al 16,5%.
Al prestar en renminbis, Pekín busca alejarse de la dependencia histórica del dólar como moneda internacional de reserva. Cuando un país pide prestado en renminbis al banco central chino, mediante los llamados acuerdos de canje, los países endeudados conservan el renminbi en sus reservas centrales mientras gastan sus dólares para pagar la deuda externa.
Las instituciones financieras chinas, en todo caso, y a diferencia de los prestamistas tradicionales otorgan los préstamos mediante tipos de interés ajustables en función de diferentes condicionamientos. Y entre ellos, lógicamente, se encuentran los de carácter geopolítico. Datos recientemente publicados por el Ministerio de Comercio muestran que en los primeros 10 meses de este año, la inversión directa de China en el extranjero en todos los sectores alcanzó los 120.900 millones de euros, lo que supone un incremento interanual del 7%.
"Morgan Stanley estima que alrededor de 2030 la participación de China en las exportaciones de mercancías aumentará del 15% al 16,5%"
No deja de ser significativo, en este caso, que África se ha convertido en un nuevo punto clave de crecimiento para las exportaciones de China en medio de la presión arancelaria de Trump y los cambios que se han producido en la cadena global de suministros. La contribución de África al crecimiento de las exportaciones de China, en concreto, pasó de un insignificante 0,2% el año pasado a un 1,3% este año, lo que significa una cuarta parte del crecimiento total de las exportaciones.
¿Qué hay detrás de todo esto más allá del interés geopolítico en su combate estratégico con EEUU? Pues ni más ni menos que su fortaleza económica. Es verdad que mermada respecto de periodos anteriores, cuando crecía a ritmos de dos dígitos, pero aun así el FMI acaba de revisar al alza sus expectativas de crecimiento. El Fondo proyecta que la economía de China crecerá un 5% en 2025 y un 4,5% el próximo.
Las causas que encuentra son las medidas de estímulo aprobadas por Pekín y la existencia de aranceles inferiores a los esperados para sus exportaciones. La parte más negativa es que persisten algunos desequilibrios, como el elevado endeudamiento de las empresas o el exceso de ahorro de los hogares, en un contexto de débil demanda interna y presiones deflacionarias. Precisamente, debido a que un renminbi infravalorado encarece las importaciones, lo que impide una mayor expansión del consumo privado, que es lo que demandan los exportadores occidentales para poder vender sus bienes y servicios. ¿El problema? China no quiere tocar su impresionante superávit comercial, que es lo que le permite alimentar su gallina de los huevos de oro: las divisas extranjeras con las que conquista el mundo sin que nadie sea capaz de seguir sus pasos.
La geoeconomía está de moda. Es decir, la utilización de la economía como un instrumento de influencia geopolítica. Y hay un país —no es ninguna novedad— que está ganando la batalla (por ahora pacífica). Y es, indiscutiblemente, China, que acaba de enseñar al mundo —más allá de su potencial militar– su triple musculatura. Es ya el gran prestamista del planeta, su fondo soberano acumula un patrimonio de más de 1,57 billones de dólares y, por último, la nueva política arancelaria de EEUU no le han hecho mella en su extraordinario poder comercial. La fábrica del mundo, con sus problemas, sigue extendiendo sus redes.