España refuerza su inversión en Reino Unido pese al desgaste político de Starmer
Las compañías españolas planean ampliar inversión, ingresos y empleo en Reino Unido pese a incertidumbre política y geopolítica, impulsadas por posiciones líderes en sectores clave y demanda sólida
Keir Starmer, primer ministro de Reino Unido. (EFE/Andy Rain)
La inversión española en el Reino Unido crece a contracorriente de un contexto inusualmente volátil. Mientras Londres intenta estabilizar un panorama político marcado por presupuestos erráticos, un Gobierno laborista en crisis y el auge del populismo de derecha, el mundo avanza hacia un ciclo de tensiones geopolíticas que reconfigura flujos comerciales y decisiones estratégicas. Pero en ese doble eje de incertidumbre —interno y global— las empresas españolas no solo mantienen su posición en el país, sino que la amplían: con 83.000 millones de euros invertidos y más de 140.000 empleos asociados, Reino Unido continúa como el segundo destino mundial del capital español, por detrás de Estados Unidos, pese a que el Brexit sigue pesando sobre su productividad y a que el prometido "reset" con Bruselas avanza con más cautela que resultados.
La VII edición del Barómetro sobre el clima y las perspectivas de la inversión española en el Reino Unido se ha presentado este jueves en la residencia del embajador español en Londres ante más de un centenar de representantes institucionales y empresariales. El análisis, convertido ya en un termómetro anual clave de la relación bilateral, dibuja un panorama inequívoco: las compañías españolas no solo no se retraen, sino que prevén incrementar inversión, ingresos y contratación de cara a 2026. Una decisión que parece inmune al ciclo político británico.
La publicación de esta última edición del Barómetro llega apenas tres meses después de la firma del Marco Estratégico Bilateral entre Starmer y Pedro Sánchez, un documento que fija un compromiso renovado para estrechar la cooperación económica, comercial y regulatoria. El mensaje político fue nítido: ambos gobiernos quieren blindar la relación en un contexto internacional marcado por tensiones comerciales, aranceles y un proteccionismo creciente que ya condiciona la inversión global.
El informe se presenta, además, en un entorno internacional adverso marcado por desaceleración del comercio mundial, fragmentación de cadenas de suministro y un riesgo geopolítico al alza que se ha convertido en la principal preocupación de empresas y gobiernos.
Y a ello se suma la fragilidad política de Starmer, que no se explica únicamente por las luchas internas del Partido Laborista o el ascenso de Farage, sino por un crecimiento económico que sigue prácticamente estancado, muy lejos del dinamismo que el laborismo prometió durante la campaña, y la productividad continúa en mínimos.
El Gobierno británico presentó recientemente sus primeros grandes presupuestos tras la victoria de 2024 como un ejercicio de "responsabilidad fiscal", pero para el mundo empresarial han supuesto algo distinto: subida de impuestos a compañías, autónomos y emprendedores, acompañada de una presión regulatoria creciente. La canciller Rachel Reeves ha defendido estas medidas como necesarias para consolidar la estabilidad macroeconómica, pero la percepción dominante es otra: falta un relato coherente que conecte la política fiscal con una verdadera estrategia de país. Londres anuncia reformas, rectifica, vuelve a anunciarlas y termina aplazándolas. Esa oscilación ha erosionado la confianza de mercados y empresas.
La comparación con España es inevitable. Mientras el Reino Unido avanza con un crecimiento débil y un marco fiscal incierto, España lidera la Eurozona con un 3,4% en la primera mitad de 2025, superando previsiones y consolidando una tracción económica notable. Para 2026, el PIB español se moderará al 2,2%, pero seguirá creciendo a un ritmo superior al británico, aún lastrado por el Brexit, la crisis estructural del Sistema Nacional de Salud Pública y la falta de claridad regulatoria.
Tampoco el prometido acercamiento a Bruselas ofrece señales alentadoras. El esperado "reset" con la UE avanza a un ritmo casi simbólico, sin progresos tangibles en movilidad laboral, cooperación regulatoria o reconocimiento mutuo de cualificaciones. Londres quiere estrechar la relación sin reabrir los fundamentos del Brexit (sin libertad de movimiento, sin entrada al mercado único ni a la unión aduanera), un equilibrio que se ha demostrado inviable y que ha ralentizado la agenda bilateral más de lo previsto.
En este contexto, el Barómetro ayuda a entender por qué el empresariado español sigue considerando al Reino Unido un destino prioritario. A diferencia de la política, la economía británica conserva un marco legal robusto, una demanda interna de alto poder adquisitivo y sectores donde España ha construido posiciones de liderazgo: energía, infraestructuras, telecomunicaciones, transporte, cosmética o servicios financieros. La presencia española es profunda y consolidada, fruto de décadas de implantación, lo que aporta una resiliencia que va más allá de los ciclos de Westminster.
El informe confirma que siete de cada diez empresas valoran el clima de negocios como aceptable o favorable. Las mejores calificaciones corresponden al ecosistema digital y a las políticas de sostenibilidad. Londres y su área metropolitana siguen siendo el principal polo de atracción, y sectores como el transporte aéreo muestran un dominio abrumador: el 96,2% de la inversión española en aviación se concentra en el Reino Unido.
Más revelador que los datos actuales es el horizonte 2026. La mayoría de las compañías españolas prevé aumento de ingresos, casi la mitad planea incrementar inversión, y cerca del 90% anticipa mantener o ampliar plantilla. No hay repliegue. Hay expansión.
Pese al optimismo, el Barómetro identifica un factor transversal: la geopolítica vuelve a ser el principal riesgo para la economía global. Desde Ucrania al Indo-Pacífico, pasando por la política comercial estadounidense, los riesgos externos condicionan tanto como las decisiones que se tomen en Westminster o Bruselas. Para las empresas españolas, este entorno internacional será la variable más determinante de los próximos años.
La inversión española en el Reino Unido crece a contracorriente de un contexto inusualmente volátil. Mientras Londres intenta estabilizar un panorama político marcado por presupuestos erráticos, un Gobierno laborista en crisis y el auge del populismo de derecha, el mundo avanza hacia un ciclo de tensiones geopolíticas que reconfigura flujos comerciales y decisiones estratégicas. Pero en ese doble eje de incertidumbre —interno y global— las empresas españolas no solo mantienen su posición en el país, sino que la amplían: con 83.000 millones de euros invertidos y más de 140.000 empleos asociados, Reino Unido continúa como el segundo destino mundial del capital español, por detrás de Estados Unidos, pese a que el Brexit sigue pesando sobre su productividad y a que el prometido "reset" con Bruselas avanza con más cautela que resultados.