El consumo crecerá más que la renta en 2026 y las familias empezarán a reducir su ahorro
El descenso de la tasa de paro y la mayor certidumbre económica animarán a los hogares a gastar, pero seguirán siendo más ahorradores que antes de la pandemia
El contexto económico de los últimos años ha invitado a las familias a ahorrar más de lo habitual por diversos motivos. El aumento de las rentas de los hogares, sumado a un contexto de incertidumbre y a un buen momento para el rendimiento de los ahorros, ha permitido que la tasa de ahorro se mantenga en niveles históricamente elevados y anómalos para España en un momento expansivo del ciclo económico. De hecho, el crecimiento del consumo ha sido inferior al que cabría esperar precisamente por la contención del gasto.
En términos acumulados de los últimos cuatro trimestres, la tasa de ahorro de las familias ha subido ligeramente hasta el 12,8% de la renta bruta disponible en el segundo trimestre de 2025, frente al 12,6% del trimestre anterior. Este nivel sigue muy por encima del promedio de 2015-2019 (7,2%) y prolonga el repunte iniciado en 2023. La práctica estabilización de la tasa de ahorro (medida como renta menos consumo) en niveles altos se ha producido por una convergencia entre el ritmo de crecimiento de la renta y del gasto de las familias, del 6,0% y 5,9% interanual, respectivamente.
Sin embargo, algo empezará a cambiar a partir de 2026. Por una parte, la renta de los hogares va a crecer menos. Las pensiones se revalorizarán a partir de enero un 2,7%, frente al 3,8% del año anterior, y el crecimiento de los salarios se está desacelerando ya este año y continuará en esa tendencia ante una inflación en descenso. Por otra parte, se dan unas condiciones de mayor estabilidad económica y de seguridad en el empleo que favorecen que los hogares se animen a gastar. Algo a lo que se suma el efecto que tienen los alquileres en el crecimiento del consumo, ya que se contabilizan como un servicio.
Este es el escenario que anticipa CaixaBank Research para este año y para los próximos en un informe al que ha tenido acceso El Confidencial. Estiman que el avance de la renta disponible se moderará a un rango entre el 4% y el 4,5%, mientras que el consumo crecerá más, "iniciando la reducción de la tasa de ahorro".
Los economistas apuntan como motivos "la caída del paro por debajo del 10%, la menor incertidumbre tras la estabilización de los aranceles y el efecto gradual de los tipos más bajos en las decisiones financieras". De hecho, estiman que los motivos que más han influido en el repunte de la tasa de ahorro desde 2023 han sido la moderación de la inflación y las subidas de tipos de interés, que han incentivado el ahorro.
A medio plazo, esto se traducirá en un descenso progresivo de la tasa de ahorro en los próximos cinco años hasta llegar al 10% en 2030. Los supuestos que subyacen a esta previsión son que la inflación convergerá hacia el 2% en 2026, que el euríbor se estabilizará alrededor del 2,2% actual, que la tasa de paro irá descendiendo de manera gradual hasta situarse en una horquilla de entre el 8% y el 9%, y que la riqueza financiera neta crecerá según su ritmo promedio histórico.
El informe añade que, como cada punto menos en la tasa de ahorro eleva el PIB en 0,45 puntos porcentuales, aproximadamente, la caída acumulada estimada de tres puntos entre 2026 y 2030 aportaría unos 0,3 puntos al año al crecimiento del PIB. El consumo privado ya se ha convertido durante los dos últimos años en el principal motor del crecimiento económico y todo apunta a que lo seguirá siendo en el medio plazo. Esta fortaleza de la demanda interna permitirá a España continuar con un crecimiento diferencial positivo a pesar de la coyuntura internacional. De hecho, la caída de las exportaciones ya ha provocado que el sector exterior reste crecimiento en vez de sumarlo en 2025.
¿Una sociedad más ahorradora?
Si el escenario previsto por CaixaBank Research se cumple, el crecimiento de los ingresos de las familias no será suficiente para cubrir el ritmo del consumo en los próximos años, lo que supondrá que cada mes sobrará menos renta o que se tendrán que consumir parte de los ahorros existentes. Pero la tasa de ahorro es un indicador insuficiente para explicar el fenómeno.
Una hipótesis ampliamente debatida en los últimos años es que parte del incremento de la tasa de ahorro podría deberse a la acumulación para comprar una vivienda, dado que el esfuerzo necesario para ello es cada vez mayor: en promedio, se necesitan 7,7 años de renta anual bruta completa. Pero, por el momento, no se aprecia que ese ahorro se esté desembolsando masivamente en vivienda.
La tasa de inversión de los hogares es muy sensible a la compra de inmuebles y registra un repunte, pero todavía se encuentra en niveles relativamente bajos. Los hogares están poco endeudados y, de hecho, siguen aumentando su capacidad de financiación (ahorro menos inversión), hasta los 38.463 millones en el segundo trimestre de 2025, una cantidad históricamente elevada.
Además, la caída de la tasa de ahorro a un 10% sigue suponiendo un nivel alto, lo que lleva a pensar que existen factores estructurales más allá del ahorro típico por precaución (que hace su aparición en periodos de crisis e incertidumbre económica) y del ahorro para la compra de vivienda. Entre las explicaciones de cambios profundos se encuentran los relacionados con la demografía. Una población con una presencia creciente de extranjeros (como es el caso de España) ahorra más porque una parte de la renta disponible se destina a enviar remesas a los países de origen. De la misma manera, las poblaciones más envejecidas tienen menor propensión al consumo y a la inversión.
El contexto económico de los últimos años ha invitado a las familias a ahorrar más de lo habitual por diversos motivos. El aumento de las rentas de los hogares, sumado a un contexto de incertidumbre y a un buen momento para el rendimiento de los ahorros, ha permitido que la tasa de ahorro se mantenga en niveles históricamente elevados y anómalos para España en un momento expansivo del ciclo económico. De hecho, el crecimiento del consumo ha sido inferior al que cabría esperar precisamente por la contención del gasto.