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La hucha de las pensiones es la menos rentable del euro. Ese no es su mayor problema
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La hucha de las pensiones es la menos rentable del euro. Ese no es su mayor problema

Limitar las inversiones del Fondo de Reserva a deuda nacional genera rendimientos reducidos, aunque es aconsejable si urge liquidarlo en una crisis. El debate reside en qué hacer con este instrumento si hay déficit en la Seguridad Social

Foto: Tres pensionistas españoles. (EFE/Luis Tejido)
Tres pensionistas españoles. (EFE/Luis Tejido)
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El Fondo de Reserva de la Seguridad Social (más conocido como hucha de las pensiones) está teniendo una segunda vida desde 2023, después de prácticamente agotarse para hacer frente a los déficits que registra el sistema desde 2011. La fórmula diseñada para rellenarlo ha sido ampliamente criticada, pero, además, su rentabilidad es reducida en comparación con los fondos de pensiones de otros países y con los fondos de pensiones privados.

La nueva entrega del informe de la OCDE Pensions at a Glance, publicado esta semana, refleja que el Fondo de Reserva español alcanzó una rentabilidad nominal del 4,5% en 2024, el 1,6% descontando la inflación. Es el peor dato de los fondos de la zona euro (Portugal, Francia, Suecia y Luxemburgo) y el cuarto peor de los fondos que compara la OCDE. España repite en los últimos lugares del ranking, como ya sucedió en 2023.

El rendimiento de la hucha española es tan reducido porque solo invierte en deuda nacional, un activo muy seguro, pero poco rentable. Otros fondos tienen una gama de activos más amplia, incluyendo renta variable (acciones y fondos de inversión), como es el caso de los suecos y del luxemburgués. Según explica José Antonio Herce, doctor en Economía y socio fundador de LoRIS, los cuatro fondos de reserva de la Seguridad Social de Suecia datan de los años 60 y tienen "sobreprovisionado" el coste extra del baby boom, de manera que desde 2010 pagan pensiones. Su dotación actual equivale a un 32% del PIB y presentan rentabilidades del entorno del 10%.

Además, la rentabilidad de la hucha de las pensiones española es realmente inferior al 4,5%, pero el cálculo citado se realiza para hacer la comparación internacional. La rentabilidad anual se obtiene por comparación entre el valor liquidativo de una participación a 31 de diciembre de 2024 y el valor del año anterior, tomándose en consideración, a efectos de cálculo, el valor de mercado del fondo.

Esta rentabilidad indica que si la cartera se hubiera vendido a 31 de diciembre de 2024, se hubiese obtenido la rentabilidad referida, pero, como a dicha fecha no se liquidó el fondo, no llegó a materializarse. La rentabilidad real de la hucha española, medida en la TIR, era el 2,8% a 31 de diciembre de 2024. Esto es lo que obtendrá el fondo cuando venzan los activos de los que dispone en estos momentos y está por debajo de los planes de pensiones privados del sistema individual.

Los fondos de pensiones se crean con la filosofía de generar un colchón financiero para el sistema de pensiones público a partir de los ingresos sobrantes del sistema para cuando haya dificultades como son la jubilación de la numerosa generación del baby boom o los pagos de las prestaciones en momentos contractivos del ciclo económico. Sin embargo, la gestión del fondo español no está enfocada a ganar capacidad fiscal que sume a la del sistema de reparto, sino más bien a mantener el dinero que ya hay, pero este no es su mayor problema.

El principal fallo reside en su concepción. El sistema de la Seguridad Social registra déficits contributivos, de 30.068 euros en junio de 2025, según el último cálculo del Instituto Santalucía, por lo que requiere de transferencias anuales del Estado y de préstamos para pagar no solo los conocidos como gastos impropios (los no contributivos), sino también parte de los contributivos (como las pagas extra). Por tanto, el excedente del sistema que se puede destinar a una hucha no existe realmente.

Contabilidad circular

Debido a esto, la hucha se financia desde 2023 con ingresos procedentes fundamentalmente de las cotizaciones sociales recaudadas por el Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI). En 2023 se ingresaron 2.218 millones por esta vía y, en 2024, otros 5.794 millones, cantidades que tampoco bastan por sí mismas para acabar con el déficit contributivo. Después, ese fondo invierte en deuda pública española, creando así una contabilidad circular.

"Que una entidad gubernamental adquiera deuda pública con recursos propios (el MEI) mientras tiene un déficit mucho mayor que debe sufragar con transferencias del propio Estado, se consolida, de manera que la deuda sigue siendo la misma. Solo tiene un efecto: segrega las diferentes cajas y ello permite exhibir la hucha como si de verdad fuese un activo valioso no comprometido por la deuda creciente del sistema", explica Herce.

En la misma línea se manifestaba hace unas semanas la presidenta de la AIReF, Cristina Herrero, durante la comisión del Pacto de Toledo. "Mientras la Seguridad Social tenga déficit, no entiendo que se amplíe el Fondo de Reserva. El fondo debe ser destino del superávit, pero detraer recursos y a la vez recurrir a transferencias y a endeudamiento no me dice nada", criticó. "Se presenta como una garantía del sistema, pero no lo es en ningún caso. En primer lugar, por su cuantía, que apenas bastará para pagar tres mensualidades en 2030 y, en segundo lugar, por el método que se está utilizando", señala Miguel Ángel García, doctor en Economía e investigador asociado en Fedea.

A cierre de 2024, la hucha de las pensiones contaba con 9.377 millones, inferior a una nómina de pensiones ordinaria, y la intención del Gobierno es que, a partir de 2033, pase a estar financiada directamente a través de los presupuestos. Los momentos más bajos del fondo se registraron en 2020-21, cuando registró 2.138 millones, y el máximo se alcanzó en 2011, con 66.815 millones, aunque algunos estudios calculan que habrían llegado a ser 40.775 millones más si los gobiernos realmente hubieran destinado todos los superávits de la Seguridad Social a la hucha.

¿Invertir en activos más rentables?

En cualquier caso, ante la existencia del fondo, ¿tendría sentido tratar de optimizar su rendimiento para generar un mayor colchón? Los expertos consultados rechazan que esta sea una buena idea en la actualidad.

"No lo aconsejaría, especialmente porque ese fondo, muy probablemente, habrá que liquidarlo ante la evidencia del aumento del déficit contributivo. El MEI, con lo que se nutre ahora, habrá que destinarlo a pagar cada mes las pensiones también. En este horizonte, diversificar asumiendo riesgo para obtener más rendimiento puede ser muy negativo y no se puede cabalgar a lomos de los mercados en el corto plazo", advierte Herce.

García, que fue uno de los diseñadores del fondo en 1995, coincide: "Las cantidades en ningún caso garantizan nada del sistema público de pensiones. Por lo tanto, incurrir en más riesgo en renta variable no es recomendable si se quiere recuperar en algún momento y pudiendo coincidir con un ciclo económico malo. Tampoco ayudaría en exceso".

Herce añade que "es muy tarde para haberse planteado la reconstrucción del fondo", ya que el original estaba destinado "al curso que ha tenido", por lo que no ve más opción que "ajustar la Seguridad Social a fondo para que deje de aumentar el déficit contributivo". Y resume: "Ahorrar al tiempo que la deuda aumenta es hacerse trampas en solitario".

El Fondo de Reserva de la Seguridad Social (más conocido como hucha de las pensiones) está teniendo una segunda vida desde 2023, después de prácticamente agotarse para hacer frente a los déficits que registra el sistema desde 2011. La fórmula diseñada para rellenarlo ha sido ampliamente criticada, pero, además, su rentabilidad es reducida en comparación con los fondos de pensiones de otros países y con los fondos de pensiones privados.

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