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El dilema del gasto en defensa: por qué "más armas" pueden traer también "más mantequilla"
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Teoría de Nouriel Roubini

El dilema del gasto en defensa: por qué "más armas" pueden traer también "más mantequilla"

La investigación académica coincide en que el aumento del gasto en defensa no genera crecimiento económico a largo plazo si se concentra en personal y equipos importados. Son necesarias inversiones en I+D mayores y mantenidas en el tiempo

Foto: Un dron de Indra. (Europa Press/Alberto Ortega)
Un dron de Indra. (Europa Press/Alberto Ortega)
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Varias de las principales innovaciones tecnológicas han estado ligadas a la industria de la defensa. Los clásicos ejemplos son ARPANET (origen de Internet) y el GPS, ambos desarrollados por el sector militar estadounidense para conectar investigaciones y para crear un sistema de navegación fiable en cualquier parte del mundo, aunque posteriormente se comercializaron para uso civil.

Tomando como inspiración estos casos, se ha generado una amplia gama de literatura económica que encuentra efectos positivos de la inversión pública en defensa en la innovación tecnológica de los países. Sin embargo, el impacto y su magnitud dependen de qué manera, en qué se gaste el dinero y de la situación previa. En el momento actual de fragmentación geopolítica y de auge de figuras como Donald Trump, ha resurgido el dilema entre el gasto en defensa y el gasto social. Debate en el que España se ha posicionado como partidaria clara e incluso líder de la segunda postura.

Nouriel Roubini, profesor emérito de la Stern School of Business de la Universidad de Nueva York y conocido por anticipar la Gran Recesión, planteó el conflicto durante su conferencia en el World Business Forum organizado por Wobi en Madrid. "No se trata de armas o mantequilla, sino de que las armas te llevan a más mantequilla", afirmó. En su opinión, Europa falla cuando, ante la presión de EEUU para que incremente su gasto en defensa, se responde con una rivalidad entre invertir más en defensa o asegurar la protección social, lo que lleva a los ciudadanos a escoger las políticas sociales.

Roubini sostiene, en cambio, que ambas políticas pueden ser complementarias: "Si inviertes en defensa, vas a tener mayor productividad, usos duales, startups y comercialización en el ámbito civil, por lo que tu economía puede crecer más. Así que más armas te llevan a más mantequilla, en lugar de ser una disyuntiva". Se trata de una teoría controvertida, pero con sustento académico.

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Por ejemplo, este artículo reciente publicado en la American Economic Review encuentra, tras analizar 125 años de datos de EEUU, que "el gasto militar tiene efectos significativos y persistentes en la producción porque reorienta la composición del gasto público hacia la I+D", lo cual "impulsa la innovación y la inversión privada a medio plazo e incrementa la productividad y el PIB a largo plazo”.

Por otra parte, este estudio publicado en MIT Press concluye que la inversión pública en I+D militar da lugar a "un aumento significativo de la I+D del sector privado", no a la sustitución, y a incrementos de productividad. Y este otro, publicado en la Universidad de Zaragoza, sostiene que la I+D militar tiene un efecto positivo y significativo sobre la rentabilidad de las empresas, siendo mayor que la rentabilidad de la I+D civil, aunque el mayor efecto positivo se encuentra en la que combina unas y otras tecnologías, la I+D dual.

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En términos generales, la investigación académica matiza que si el incremento del gasto público en defensa se destina a personal y equipamientos, no impulsa el crecimiento a largo plazo (especialmente si el material se importa), por lo que para ello hace falta que se destine una buena proporción de gasto a I+D de empresas de defensa nacionales.

Lo resume en este artículo el Banco de Finlandia: "Para impulsar la innovación, el gasto debe destinarse a la inversión o a productos que utilicen nuevas tecnologías, mientras que es improbable que el gasto basado en el consumo genere una dinámica similar", a lo que añaden que "los aumentos no solo deben ser suficientemente grandes, sino también prolongados, para generar externalidades positivas".

El ecosistema europeo no es el de EEUU

Sin embargo, la mayor parte de la evidencia se centra en EEUU, y las características del sector público europeo y de su tejido productivo difieren de las estadounidenses. Los países de la UE realizan menos de un 5% de su gasto en defensa en I+D, mientras que EEUU destina aproximadamente el 15% y el repunte en las ratios de gasto es reciente en la UE, mientras que el desarrollo de productos innovadores lleva más tiempo que el aumento de los volúmenes de producción de la industria de la defensa convencional.

Además, los países miembros apenas cuentan con grandes empresas tecnológicas que puedan adaptar las innovaciones militares a un uso civil. Según la comparación realizada por el economista Andrew McAfee de las empresas emergentes a ambos lados del Atlántico, solo hay 14 empresas europeas de reciente creación (en los últimos 50 años) con una capitalización bursátil de al menos 10.000 millones de dólares (y solo seis de ellas son tecnológicas) frente a las 241 estadounidenses (87 tecnológicas).

Esto deriva, en última instancia, en que a la UE no solo le cueste innovar, sino que tarda en copiar las innovaciones. Según Bruegel, los Estados miembros tardan entre 18 y 24 meses en replicar las mejoras tecnológicas de EEUU o de China, mientras que las dos grandes potencias tardan solo seis meses en copiarse entre ellas. "Hay focos de excelencia en Europa, pero realmente solo son focos. Si esto fue un problema durante los últimos 50 años, a menos que algo cambie en Europa, irá a peor." Europa parece estar quedándose tecnológicamente atrás", señaló Roubini.

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El economista advirtió algunos motivos del atraso haciendo reiteradas referencias al informe Draghi, por lo que el diagnóstico lleva sobre la mesa un tiempo: falta de un mercado de capitales unido; fragmentación en el ahorro y la inversión; barreras internas al comercio y barreras regulatorias de cada país. Pero también, una cultura distinta: con una "actitud adversa al riesgo y al emprendimiento".

Incluso un documento institucional publicado este viernes por la Comisión Europea señala que, aunque el gasto en I+D de defensa genera importantes spillovers hacia la economía civil, esto depende del rendimiento de cada país en materia de innovación (calidad del entorno normativo, sistemas educativos, infraestructuras, capacidad de creación de conocimiento y nivel de gasto antes de la crisis actual de defensa).

Por tanto, la conclusión de los técnicos de la Comisión es que esto sugiere que "una crisis común del gasto público en I+D en materia de defensa puede exacerbar la brecha de innovación entre los países más y menos innovadores". En el documento comparan a los principales países de la UE con otros de la OCDE, pero obvian a EEUU.

A pesar de que el panorama no es el más favorable para la UE, Roubini dejó una nota positiva en su intervención: "Europa necesita más unidad, más integración, más innovación, más productividad y más emprendimiento para vivir con éxito. La buena noticia es que Europa tiene tecnología, datos, ciencia, instituciones académicas, buen capital humano, alto ingreso per cápita, altos ahorros y alta riqueza. Así que las condiciones que llevan a la innovación, al emprendimiento y el éxito están ahí". Lo que haría falta es movilizarlas.

Varias de las principales innovaciones tecnológicas han estado ligadas a la industria de la defensa. Los clásicos ejemplos son ARPANET (origen de Internet) y el GPS, ambos desarrollados por el sector militar estadounidense para conectar investigaciones y para crear un sistema de navegación fiable en cualquier parte del mundo, aunque posteriormente se comercializaron para uso civil.

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