La inflación vuelve a distanciar los sueldos españoles de los europeos
Los precios crecen más en España desde 2024 y los salarios medios registran un dinamismo inferior que la media de la UE. Las subidas del SMI del Gobierno reducen la desigualdad, pero no impulsan las retribuciones intermedias
Los salarios suben en España y han logrado ganar cierto poder adquisitivo, pero continúan notablemente por debajo de la media de la UE. De hecho, la brecha no registra una tendencia favorable a la reducción, a pesar de que España es la gran economía europea que más crece desde 2022. Un diferencial positivo en las grandes cifras macroeconómicas que no parece llegar al bolsillo de los trabajadores.
En euros corrientes, el sueldo medio en los países de la unión fue un 18,1% superior al español en 2024, frente al 17,5% de 2023. En términos reales (descontando por el IPC armonizado), la diferencia se reduce hasta el 12,3% en 2024, nueve décimas más que el año anterior (11,4%). Un crecimiento mayor de los precios en España en el último año y menor de las subidas salariales explican estos datos, extraídos de la estadística anual de Eurostat de retribuciones promedio ajustadas por empleado a tiempo completo.
La inflación acumulada en España en el periodo 2019-2023 fue del 15%, por debajo de la media de la UE (20,3%), lo que permitió un acercamiento de los sueldos reales nacionales a los europeos, a pesar de registrar un menor crecimiento en términos corrientes en el mismo periodo, del 14,3% frente al 15,4%, respectivamente. Sin embargo, la ventaja por la vía de los precios se agotó en 2024, con una ratio anual del IPCA en España del 2,9% respecto al 2,6% de la media de la UE, lo que, sumado a unas subidas más discretas de las retribuciones, ha dado como resultado que la brecha vuelva a ampliarse.
Los datos más actualizados anticipan que la diferencia se seguirá ampliando en 2025. Los costes salariales, reflejados en la Encuesta Trimestral de Coste Laboral (ETCL), avanzan un 3,6% promedio en el primer semestre del año, seis décimas menos que en la media comunitaria, y los precios se ubican en una ratio anual de crecimiento del entorno del 3% en los últimos meses por el encarecimiento de la electricidad y el transporte.
En este escenario, parece que el acercamiento a los sueldos europeos tras la pandemia ha sido más un espejismo, aunque el alza ha bastado para una ganancia de poder adquisitivo moderada. El sueldo medio de 2024 fue un 1,1% superior al de 2019 en términos reales. Pero, más allá de lo sucedido en los últimos años, la serie histórica constata un estancamiento de las retribuciones medias reales en España desde la crisis financiera.
En comparación con 2007, se cobran 1.211 euros más al año, un 4,6% más, mientras que en la media de la unión son 1.922 euros más, un avance del 6,7%. La diferencia es grande si se compara con Alemania, donde los sueldos reales han crecido un 14,3% en 17 años, pero menor respecto a Francia e Italia, con una variación de solo el 3% e incluso una pérdida del 8,8%, respectivamente.
El comportamiento de los sueldos medios es muy distinto al del salario mínimo interprofesional (SMI), ya que el Gobierno ha fijado anualmente por decreto subidas superiores a las del resto de los salarios y a la inflación. Esto permite una rápida reducción de la desigualdad salarial (y, en cierto modo, de rentas), pero también un agrupamiento de los trabajadores en torno a los niveles salariales cercanos al SMI en comparación con la falta de dinamismo de los salarios medios.
El SMI creció un 54,1% entre 2018 y 2024 y los asalariados que cobran entre esa retribución y un 0,5% más han pasado de ser el 15,6% al 23,5%, según refleja la estadística de la Agencia Tributaria. Esto es un total de 4,9 millones de trabajadores. La intervención a través del SMI parece no haber servido, al menos no claramente, para producir un efecto de arrastre de crecimiento de los salarios intermedios.
Otra prueba de ello es que con las actualizaciones anuales por real decreto, el SMI queda sistemáticamente por encima de los rangos salariales más bajos de muchos convenios. La legislación está superando, de facto, a la negociación colectiva en los tramos más bajos sin que ello impulse de manera decidida los salarios medios.
Motivos estructurales y costes no salariales
Históricamente, los salarios son más bajos en España que en la UE y los motivos son conocidos. La distinta composición del modelo productivo español, con un mayor peso de actividades de bajo valor añadido, hace que exista una mayor proporción de asalariados con sueldos bajos, pero también influye el menor tamaño de las empresas, la menor inversión en I+D, los desajustes entre la formación y el empleo y la menor fuerza de los sindicatos en comparación con países como Alemania.
A su vez, muchos de estos motivos repercuten en que la productividad total de los factores (que mide la eficiencia en la asignación de los recursos productivos) sea inferior en España y dé lugar a un menor nivel salarial. Fedea y BBVA Research señalan en su último estudio al respecto que la productividad total de los factores (PTF) permanece estancada desde 2020, aunque mejore la productividad aparente por hora, probablemente por una disminución de las horas menos productivas y por una cierta reasignación de empleo hacia sectores de más valor añadido, más que por un aumento real de la eficiencia.
Por otra parte, es posible que los incrementos de las cotizaciones sociales para pagar las pensiones estén influyendo en las decisiones de las empresas sobre las retribuciones. En los datos trimestrales de la ETCL se percibe una redistribución de los costes laborales a favor de las cotizaciones y en detrimento de los salarios a raíz de la última reforma de las pensiones.
Además, las cotizaciones tienen una carga superior en los sueldos altos por medidas adicionales como la cuota de solidaridad y el aumento de las bases de cotización, lo que, paradójicamente, podría resultar en otra vía de reducción de la desigualdad salarial si incentivan una contención mayor de las franjas salariales superiores.
Los salarios suben en España y han logrado ganar cierto poder adquisitivo, pero continúan notablemente por debajo de la media de la UE. De hecho, la brecha no registra una tendencia favorable a la reducción, a pesar de que España es la gran economía europea que más crece desde 2022. Un diferencial positivo en las grandes cifras macroeconómicas que no parece llegar al bolsillo de los trabajadores.