La reducción de emisiones se estanca en España y complica el objetivo de 2030
El desacople entre economía y gases de efecto invernadero debería avanzar a un ritmo más rápido que el de los últimos 17 años, pero las cifras más recientes apuntan en la dirección contraria, con una caída leve en 2024 y un repunte en 2025
Central térmica de Soto de Ribera. (EFE / J.L.Cereijido).
El Gobierno de España es uno de los que más ambición climática defiende en la UE, según volvió a quedar reflejado esta semana con el acuerdo de los ministros de Medio Ambiente para que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) sean en 2040 un 90% inferiores a las de 1990. Sin embargo, los datos a nivel nacional no respaldan una evolución consistente con una reducción más rápida de las emisiones. Apuntan más bien a un estancamiento en los últimos trimestres que, de continuar, podría complicar el alcance del primer objetivo intermedio, el de 2030.
Los datos de mayor frecuencia disponibles son las cuentas trimestrales de emisiones a la atmósfera que publican el INE y Eurostat. Según esta fuente, las emisiones de las actividades económicas y los hogares de España en la primera mitad de 2025 superaron en un 2,2% a las del mismo periodo de 2024. Si se realiza una media móvil de cuatro trimestres para suavizar el efecto estacional, también se aprecia una tendencia ligeramente creciente, del 1,3%, frente al año anterior.
Aunque el aumento no sea en sí mismo muy elevado en estos datos provisionales y podría ser matizado, se suma a la disminución del ritmo de reducción de emisiones que ya se produjo en 2024. Se registró una caída de solo un 0,2% anual frente al 7,3% de 2023. El objetivo para España, fijado en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), es un 32% de reducción para 2030 en comparación con 1990, lo que permite hacer cálculos de cómo de lejos se sitúa el objetivo.
"El PNIEC 2023-2030 ha sido actualizado en 2024 para reforzar su ambición y, en el escenario actual, se mantiene vigente", detalla Alberto Castilla, socio responsable de Sostenibilidad de EY. "La atención debería estar puesta en su ejecución y seguimiento para evitar que episodios puntuales, como el reciente repunte de emisiones, se conviertan en tendencia, y se puedan cumplir sus metas a 2030", añade.
En 1990, España emitió 287,71 millones de toneladas de CO₂ equivalente y en 2024 se logró bajar hasta las 279,9, un 2,7% menos. Para cumplir con el plan de 2030 (195 millones), la reducción anual desde 2025 debería ser de 14,2 millones de toneladas, lo que implica variaciones de un promedio del -5,8% en los seis años restantes. Aun teniendo en cuenta las revisiones de los datos y el as bajo la manga de los créditos de carbono, que permiten compensar emisiones, la velocidad de reducción tiene que ser más rápida que en los últimos 17 años (de un promedio del -2,3% anual) y, por el momento, hay un estancamiento.
La consultora DNV estima en su último informe sobre España que el país logrará reducir solo un 13% sus emisiones de CO₂ para 2032. Aunque esta no es una cifra totalmente comparable con el objetivo del PNIEC, que cuenta todos los gases de efecto invernadero, el CO₂ es el que con mayor frecuencia se emite y lleva a la consultora a afirmar que "los objetivos a corto plazo para España siguen siendo difíciles".
Entre los motivos principales señala que, a pesar de los avances, hay un ritmo insuficiente de despliegue de renovables y almacenamiento por cuellos de botella en permisos y una infraestructura eléctrica insuficiente; un desarrollo lento del hidrógeno verde y una electrificación del consumo final lenta por la persistencia del uso de combustibles fósiles en transporte y edificios.
Si se analiza la serie histórica, se observa una reducción considerable de las emisiones desde su pico máximo de 2007-2008, aunque la serie se ha visto alterada por los periodos de crecimiento económico y de recesiones. De esta manera, las emisiones cayeron por debajo del nivel de 1990 en 2020 y volvieron a repuntar hasta 2022, pero en 2023 y 2024 la economía española experimentó un proceso de desacople, según el cual la economía creció reduciendo GEI a la atmósfera.
En 2025 han coincidido una serie de factores que explican el estancamiento e incluso repunte en algunos sectores y en el agregado. El crecimiento de la economía continúa siendo dinámico (en torno a un 3% anual de la producción nacional) y la ganancia de población contribuye a la creación de miles de nuevos hogares, 131.635 más entre enero y julio de 2025, según las cifras provisionales del INE.
Tres elementos energéticos excepcionales
"El repunte de las emisiones GEI del último trimestre de 2024 y del primer semestre de 2025 no significa un fracaso del plan de descarbonización. Este repunte se puede explicar, sobre todo, por tres factores puntuales", detalla el socio responsable de Sostenibilidad de EY. El primero es que el uso de más gas en el sistema de generación de electricidad tras el gran apagón se ha incrementado un 41,2% durante el primer semestre de 2025 y, aproximadamente, un 37% entre enero y septiembre de este año.
Un aumento que se debe a que Red Eléctrica está gestionando el sistema con un modo reforzado tras el apagón de abril. Un programa que consiste en dar prioridad a los ciclos combinados de gas, que permiten controlar posibles sobretensiones en la red. Un segundo factor es el incremento de la demanda eléctrica del 2,5% hasta junio debido al uso de los aires acondicionados para mitigar temperaturas más elevadas en el primer semestre.
Por último, este año está marcado por una subida del uso de combustibles por un incremento cercano al 3% en los desplazamientos aéreos y terrestres por parte de los hogares, lo que añade presión de corto plazo sobre las emisiones. "La trayectoria estructural de las emisiones de GEI tendente hacia la baja y su desacoplamiento del crecimiento económico sigue vigente", apunta Castilla. "Aun así, conviene hacer ajustes para evitar que el repunte de emisiones de 2025 se consolide como una nueva tendencia", destaca.
Entre julio de 2024 y junio de 2025, España ha emitido 943 miles de toneladas más de CO₂ equivalente por trimestre que en el mismo periodo de 2023-2024. La mayor contribución es la de los hogares, con 441 miles de toneladas más, seguidos de los servicios de transporte (293). Sin embargo, el cambio más llamativo respecto al año anterior se produce en la generación de energía eléctrica, que aumenta sus emisiones en 95 miles de toneladas frente a la reducción de 2.626 el año anterior.
Los hogares ya emiten más que la industria
En total, los hogares emiten ya más gases de efecto invernadero que la industria manufacturera y presentan una tendencia al alza desde la pandemia, aunque el único sector que se encuentra en récord histórico de emisiones es el transporte. En total, España cuenta con 555.532 turismos y furgonetas eléctricos o híbridos enchufables a fecha de junio de 2025, según la Comisión Europea, lo que supone solo el 1,5% de la flota total.
Aunque los datos recientes de España no sean favorables, si se hace una comparación amplia de los últimos 17 años sí hay un descenso notable de emisiones del 31,5%, al contrario que la tendencia global. Según constata un informe de la OCDE presentado con motivo de la COP esta semana, las emisiones mundiales de efecto invernadero alcanzaron un nuevo máximo histórico en 2023 y existe "una brecha cada vez mayor entre la ambición y la implementación de políticas climáticas".
Solo 30 países y la UE, que representan el 17,7% de las emisiones globales, han fijado en su legislación los objetivos de cero emisiones netas en este siglo. "Sin marcos legales más sólidos, una implementación acelerada y una mayor coherencia política, los compromisos existentes no alcanzarán los objetivos de temperatura del Acuerdo de París", señala la institución. Para cumplirse, requieren de una reducción de emisiones de al menos un 39% para 2035 respecto al nivel de 2023, una meta que parece cada vez más lejana.
El Gobierno de España es uno de los que más ambición climática defiende en la UE, según volvió a quedar reflejado esta semana con el acuerdo de los ministros de Medio Ambiente para que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) sean en 2040 un 90% inferiores a las de 1990. Sin embargo, los datos a nivel nacional no respaldan una evolución consistente con una reducción más rápida de las emisiones. Apuntan más bien a un estancamiento en los últimos trimestres que, de continuar, podría complicar el alcance del primer objetivo intermedio, el de 2030.