El FMI entierra el auge del liberalismo industrial posterior a la caída del Muro de Berlín
El mundo está cambiando. Eso es lo que piensa un importante artículo elaborado por el FMI en el que acredita que las tensiones geopolíticas han liquidado los paradigmas del comercio mundial puestos en circulación desde los años 80
Fin del comercio liberal de bienes industriales. (EuropaPress/Adrián Irago)
Los tiempos de las liberalizaciones para favorecer el comercio mundial de bienes industriales se han acabado. O, al menos, han entrado en cuidados intensivos. Emerge, muy al contrario, una política más activa de los gobiernos que pone en entredicho el modelo liberal iniciado en los primeros años 80 con la revolución conservadora y, posteriormente, acelerada tras la caída del Muro de Berlín. Esta es la tesis central de un importante documento elaborado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el primero de estas características. El informe analiza, a partir de la utilización de modelos a gran escala, los resultados de la política industrial de los estados entre 2009 (coincidiendo con la crisis financiera) y 2023, cuando tras el primer mandato de Donald Trump se consolidan las políticas proteccionistas.
La esencia del artículo —leer aquí— se basa en que las tensiones geopolíticas han animado a los gobiernos a preocuparse más por el buen funcionamiento de las cadenas de suministro, lo que unido al calentamiento global y a las nuevas necesidades de gasto militar han provocado un cambio de paradigma económico. “Documentamos”, sostiene el artículo, “la adopción generalizada de políticas industriales en economías avanzadas y de mercados emergentes desde la Gran Crisis Financiera, implementadas principalmente a través de subsidios y restricciones comerciales”.
El informe, en concreto, estima que el 85% de las medidas de política industrial adoptadas durante ese periodo son distorsionadoras del comercio mundial, mientras que apenas el 15% son liberalizadoras. El punto de inflexión se produjo poco antes de la irrupción del covid, pero se aceleró a raíz de la pandemia, cuando muchas cadenas globales de suministro colapsaron. El FMI recuerda que la prueba de este cambio de tendencia se observa en el hecho de que una vez que se superó la emergencia sanitaria los gobiernos continuaron interviniendo en la economía, unas veces directamente y otras a través de normas restrictivas.
No se trata sólo de un cambio de tendencia en los países ricos. La proporción de jurisdicciones de países asiáticos que emplean subsidios ha aumentado del 81% al 90%, alcanzando el 100% en 2020, el año de la pandemia. En 2009, el 19% de las economías avanzadas aplicaba restricciones a las importaciones y exportaciones, porcentaje que aumentó al 35% en 2023, alcanzando un máximo del 74% en 2020.
Las causas de este nuevo comportamiento son variadas. Y en primer lugar se sitúa la intención de recuperar la competitividad perdida, además de las políticas destinadas a luchar contra el cambio climático. Se pone como ejemplo el mandato de Joe Biden, quien impulsó la recuperación económica a través de la creación de ‘empleos verdes’. También en Europa y China se aprobaron medidas similares, lo que provocó un aumento muy significativo de los subsidios públicos.
La geopolítica
En la misma línea, sostienen los autores del estudio, argumentos como el reforzamiento de la seguridad nacional, las preocupaciones geopolíticas y la resiliencia de la cadena de suministro “han cobrado mayor relevancia en los últimos años, particularmente en el periodo posterior a la pandemia”. Este patrón temporal, recuerda el artículo, coincide con la intensificación de las tensiones comerciales entre EEUU y China, que comenzaron a gestarse con la estrategia de Giro hacia Asia, de la administración Obama, y se intensificaron con la escalada arancelaria de 2018-2019, ya en tiempos del primer Trump. La pandemia añadió tensión y puso aún más de relieve la necesidad de resiliencia de las cadenas de suministro de ciertos productos críticos.
El instrumento que más han utilizado los gobiernos para proteger sus economías es la declaración de determinados proyectos como estratégicos, una expresión de difícil definición. Así, por ejemplo, estas políticas están dirigidas a material de doble uso (militar y civil), tecnologías avanzadas, además de productos considerados críticos, como algunos minerales, ciertos productos químicos y bienes industriales, como el acero y el aluminio.
Sorprendentemente, sostiene el informe del FMI, los productos de tecnología baja en carbono no representan una proporción significativa, a pesar de que la mitigación del cambio climático es una cuestión fundamental. Esto lo explica, sugiere, por la gran cantidad de medidas motivadas por el cambio climático que se dirigen a industrias de alto consumo energético que no producen productos bajos en carbono (por ejemplo, el acero y el aluminio). Esto se debe a que las mejoras previstas en la eficiencia de estos sectores tendrán un gran impacto en las emisiones.
Subvenciones
Ahora bien, el principal instrumento para la política industrial son las subvenciones. Sin embargo, existen diferencias muy significativas entre las economías avanzadas y las emergentes. Mientras que las primeras operan, principalmente, a través de préstamos de los gobiernos y financiación del comercio, las segundas conceden ayudas económicas. Así, entre 2009 y 2023, la proporción de subsidios en las economías avanzadas disminuyó del 84% al 75%, mientras que en los países emergentes creció del 56% al 71%.
Se ponen como ejemplo las medidas adoptadas para fortalecer la resiliencia de la cadena de suministro y la proporción de barreras a la exportación, que han crecido de forma relevante. Estas políticas son las que explican que la proporción de jurisdicciones que ponen en circulación políticas industriales que distorsionan el comercio aumentó de alrededor del 56% en 2009 al 63% en 2023, alcanzando un 75% en 2020 y 2022, los años de la pandemia. Este cambio es más notable en el caso de los subsidios. En 2009, únicamente el 36% de los países analizados utilizaron subsidios con capacidad para distorsionar el comercio mundial, mientras que en 2023 esta cifra ascendió al 59%. Igualmente, las políticas de relocalización se duplicaron, pasando del 6% al 12%.
La conclusión que obtiene este estudio es que 2020 marca un cambio estructural en la dinámica económica de los gobiernos, con un mayor recurso a las políticas industriales, tanto en las economías avanzadas como en las economías de mercados emergentes y en desarrollo. Lo achaca a que “el riesgo geopolítico y las represalias recíprocas han desempeñado un papel más importante en la configuración de las políticas industriales” después de la pandemia.
El informe del FMI coincide con los que periódicamente publica la Organización Mundial de Comercio (OMC), que ha estimado que entre mediados de octubre de 2023 y el mismo mes del año siguiente sus miembros introdujeron 169 nuevas medidas restrictivas del comercio, la mayoría de ellas vinculadas a las importaciones. Se trata de un crecimiento sostenido desde 2009, y el valor de las restricciones alcanza los 2,9 billones de dólares, lo que representa el 11,8% de las importaciones del planeta.
Los tiempos de las liberalizaciones para favorecer el comercio mundial de bienes industriales se han acabado. O, al menos, han entrado en cuidados intensivos. Emerge, muy al contrario, una política más activa de los gobiernos que pone en entredicho el modelo liberal iniciado en los primeros años 80 con la revolución conservadora y, posteriormente, acelerada tras la caída del Muro de Berlín. Esta es la tesis central de un importante documento elaborado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el primero de estas características. El informe analiza, a partir de la utilización de modelos a gran escala, los resultados de la política industrial de los estados entre 2009 (coincidiendo con la crisis financiera) y 2023, cuando tras el primer mandato de Donald Trump se consolidan las políticas proteccionistas.