El negocio de los productos para vagos: por qué triunfan los ajos pelados y la fruta pelada
Los lineales de los supermercados se han llenado de productos ya preparados como los huevos fritos (envasados) o las patatas cocidas. No es solo una cuestión de pereza
Varias personas haciendo la compra. (Europa Press/Alejandro Martínez Vélez)
Cada vez cocinamos menos: mientras que esta estancia de la casa se ha empequeñecido —o directamente suprimido en algunos proyectos arquitectónicos modernos—, el tiempo dedicado a los fogones también se reduce, a la vez que los platos preparados ganan espacio a mordiscos en los lineales y la quinta gama se adueña de buena parte de los restaurantes. El fatídico augurio de Juan Roig, el presidente de Mercadona, es que, para 2050, desaparecerán las cocinas.
Pesimismo u optimismo aparte con respecto a la resistencia de los platos caseros, la tendencia de la comida para llevar —gran parte de ella, ultraprocesada y con una buena dosis de microplásticos de regalo— parece imparable: ha crecido en valor un 49% en los últimos tres años, según datos de Worldpanel by Numerator. Y solamente en 2024, cada español comió 17 kilos de platos preparados, tal y como recoge la Asociación Española de Fabricantes de Platos Preparados (Asefapre), lo que supone un 6,6% más de consumo con respecto a 2023. La producción se situó en 292.000 toneladas en 2024, lo que supone un incremento del 7,2 % respecto al año anterior. Si le preguntas a tu compañero de oficina, a tu vecina o a tu mejor amiga por esa lasaña ultracongelada, es probable que te topes con la misma respuesta. “No tengo tiempo”.
Otro nicho paralelo triunfa con un ADN parecido: el de los productos para vagos. ¿Qué cabe en este paraguas? Casi todo lo imaginable: preparados para tortilla de patata —y tortillas ya hechas—, gildas listas para servir, codillos y pollos asados, burritos mexicanos listos para el microondas, instant burgers —con panecillo incluido—, ajos pelados, fruta pelada y troceada, huevos cocidos —con cáscara y todo—, o crudités cortadas en su vasito de plástico. Son los primos hermanos de los platos preparadosy han llegado para quedarse.
Pecado para unos, bendición para otros
La proliferación de esta clase de artículos en España llamó la atención del influencer argentino @travel_luke, que recapituló varios de los más llamativos en TikTok. “¡Es una genialidad!”, exclamaba asombrado en este vídeo. "Cocinar en España es tarea fácil, ya que te venden los productos prácticamente hechos", explicaba desde los lineales de Mercadona, mostrando frascos de cebolla caramelizada, zanahoria rallada, albóndigas en su salsa o pimiento congelado y troceado. "Nunca en mi vida había visto papas cocidas dentro de un frasco, ni mucho menos que te vendan los huevos cocidos", se sorprendía. "Ni hablar de prender el horno para asar un pollo: este directamente va al microondas".
Tienen una ventaja invisible: pueden ser utilizados por discapacitados
Otro producto que está en el punto de mira este otoño se trata de la nueva tortilla francesa envasada de Alcampo, lista para consumir y que apenas necesita un golpe de calor. Echándole un vistazo, tiene la misma cantidad de plástico que de tortilla —75 gramos—, está lista en medio minuto en el microondas y en tres minutos en la freidora de aire. Dado que sus principales ingredientes son el huevo líquido pasteurizado y el aceite de girasol, y el precio de esta ración individual es de un euro, replicarla de forma casera es mucho más barato, incluso utilizando huevos ecológicos.
Del otro lado, muchos usuarios defendían la conveniencia de estos platos para quien pasa el día fuera de casa o sacaban a la luz una ventaja invisible: el servicio que proporcionan a personas con diversidad funcional o movilidad reducida que, por sus circunstancias, no pueden cocinar por sí mismos. De hecho, en restauración ya se habla del concepto de gastronomía accesible, aquella que trata de diseñar una “experiencia cómoda, segura y autónoma tanto para personas con discapacidad, como para acompañantes”, incluyendo rampas, cartas y menús en braille, personal que comprenda lengua de signos, acceso permitido para animales o medidas antirruido para personas neurodivergentes.
Paco Lorente, CMO y responsable de marketing de la ESIC Business School y profesor de posgrado en España y Latinoamérica (en la ESIC, ESAN o Universidad de Medellín, entre otras) analiza la publicidad que encumbra a esta clase de productos. “Es un hecho: la categoría ha crecido un 10% respecto al año anterior”. En su opinión, hay una clara evolución del marketing de estos artículos, de una forma muy similar a los productos de marca blanca. “Ahora tienen un packaging mucho más atractivo y llamativo: ya sabemos que el envase comunica, y mucho”, apunta. Los productos para vagos se ganan la confianza del consumidor transmitiendo los conceptos de rapidez, facilidad, higiene y limpieza. Y además, están cada vez mejor colocados.
“Las superficies apuestan por ponerlos en una ubicación mucho más estratégica, como la entrada”, señala, mencionando a Mercadona como el principal ejemplo. Hemos contactado con la compañía para ampliar información sobre este segmento de productos, pero al cierre del artículo no hemos recibido respuesta.
Huevos fritos en una sartén. (Freepik)
El huevo frito de la discordia
Algo parecido pasó con el huevo frito envasado de Mercadona, hoy retirado de sus lineales y que se vendía a finales de 2022 a noventa céntimos la pieza —1,80 euros por el paquete indivisible de dos huevos—. El debate se hizo viral. "Nos vamos a la mierda", sentenció en X la anestesista Elena Casado, y su comentario tuvo 10.000 likes. Mientras unos ponían el grito en el cielo por el despilfarro de plástico y la falta de conciencia ambiental, otros aclaraban que a nivel nutricional son prácticamente iguales a un huevo hecho en casa y muchos justificaron la utilidad para quien acompaña a un familiar en el hospital, para personas con discapacidad o para la población en riesgo como ancianos, niños o embarazadas, reduciendo el riesgo de salmonelosis al no manipular la cáscara. Esta comida ya elaborada también le hace más fácil la vida a quienes no tienen un techo o no disponen de gas o electricidad.
“Pero para quienes puedan cocinar realmente, ¿es este producto necesario”, se preguntaba la cuenta @todos_somos_reciclaje? No existe una única respuesta. ¿Qué es el individuo sin sus circunstancias?
En 2023 ya había vendido 50 millones de huevos fritos congelados
El creador de los huevos es Javier Yzuel, dueño de la empresa alimentaria Food Style, afincada en Vitoria, que patentó su creación en España, Europa y Estados Unidos y consiguió que Burger King lanzase una hamburguesa con sus huevos. En 2023 ya iba camino de los 50 millones de huevos fritos congelados vendidos. Pronosticó que en tres años nadie cocinaría huevos fritos en su casa. Y por lo pronto, el tiempo no le ha dado la razón: Mercadona lo acabó retirando por su escasa aceptación.
Sin embargo, en España se siguen vendiendo millones de estos huevos plastificados a la plancha, fundamentalmente dirigidos a restaurantes, bares, cruceros, colegios y empresas de cáterin. Con ellos, un local puede producir 600 huevos en solo cuatro minutos. La compañía de Yzuel sigue produciendo 40.000 de esos huevos a diario, sin sal, aditivos ni conservantes.
'Packaging' sugerente y metodología EAST
Lorente revela que en esta clase de elaboraciones encaja muy bien la metodología EAST (siglas en inglés de easy, attractive, social,timely), la cual busca promover comportamientos que se basan en principios procedentes de la psicología. Consiste en combinar cuatro elementos para conseguir activar un comportamiento determinado: “hazlo simple, atractivo, social y a tiempo”.
Ajos aún no pelados. (EFE/Javier Lizón)
La aplicación de esta metodología obra la magia. “Es un producto accesible, sencillo, que no nos resta tiempo de pensar ni exige tiempo material para aplicar su desarrollo”, señala. No nos importa pagar más. “Así, la variable de precios, pese a que sean más caros que las materias primas, pasa a un segundo plano: pagamos el tiempo que nos ahorra”, señala el publicista. “En las sociedades urbanas, las que sufrimos más aceleración del ritmo de vida, se han convertido en una obligatoriedad más que en un lujo”, asegura. “Nos evita pensar en los ingredientes, elaborar o ir varias veces al supermercado”.
La era de la freidora de aire
Al igual que las cocinas pierden materia, peso y metros cuadrados dentro de las casas, Paco Lorente observa otro fenómeno paralelo. “Los electrodomésticos que están entrando en nuestras vidas, como las freidoras de aire, son herramientas que requieren muy poco tiempo y esfuerzo. Incluso hay platos concebidos para finalizarse en este tipo de aparatos”.
"No compra ajos pelados por vagancia, sino por recuperar energía mental"
Vivimos una reconversión de máquinas, de costumbres y de espacios. “La cocina tradicional que tenemos en mente ya no tiene cabida en las viviendas de nueva construcción. Es mucho más reducida, está integrada con otras estancias y eso cambia la perspectiva de las personas. Cocinar pasa a ser una actividad ocasional, de placer o de fin de semana”, recalca.
En su opinión, aquellos huevos fritos ya retirados de Mercadona, la tortilla de patata o los pollos asados son “pistas de lo que está sucediendo”. Lorente tiene pocas dudas de que el futuro nos seguirá restando minutos para cocinar, afianzando esta tendencia.
Una epidemia silenciosa de agotamiento
Judit Merayo Barredo, psicóloga general sanitaria y educadora social, explica la psicología detrás del auge de los denominados productos de conveniencia. “Desde la perspectiva psicológica, este fenómeno no se explica por un simple aumento de la 'pereza', sino por una epidemia silenciosa de agotamiento y carga mental”, detalla.
Una forma de ahorrar decisiones. (Europa Press/Alejandro Martínez Vélez)
La proliferación —y el éxito— occidental de esta clase de artículos guarda una relación estrecha con el estilo de vida frenético y la falta de tiempo para pensar. “El consumidor no compra ajos pelados por vagancia, sino para eliminar una de las mil microdecisiones y tareas cotidianas que saturan su día a día”, señala la especialista. “Es un intento desesperado de recuperar energía mental”.
Un reciente informe del CIS sobre los hábitos gastronómicos de los españoles coincide en el diagnóstico: la comida rápida y las alternativas ya preparadas están desplazando a las recetas caseras. En la encuesta, solo una cuarta parte (26,9%) consideró que la cocina tradicional tenga peso en su vida diaria, mientras que la mitad de los encuestados (48,7%) afirmó cocinar cada vez menos en el hogar.
La falta de tiempo y el ritmo frenético de vida fueron los factores más citados, a los que se suman la mayor disponibilidad de la comida preparada —tener al repartidor de Glovo a golpe de clic o un montón de opciones por pocos euros en cualquier gran superficie— y la falta de interés o conocimiento culinario. Un 12,6% no sabe cocinar, y un 6,7% reconoce que no le gusta, mientras que un 9,6% considera la comida preparada más económica.
¿Y si no son la causa, sino la consecuencia?
La psicóloga liga el comportamiento de compra de los productos para vagos a tres factores clave: el primero de ellos es la carga mental crónica y tiene género: “La gestión invisible del hogar y el trabajo, como planificar comidas o coordinar horarios, recae desproporcionadamente sobre las mujeres y madres, agotando sus recursos cognitivos”, señala. Para muchas mujeres, estos productos son un atajo para aligerar esa carga.
"La falta de energía para tareas como cocer un huevo es síntoma clásico de 'burnout"
El segundo factor se trata de la fatiga por decisión, el mismo fenómeno que nos paraliza a la hora de escoger una serie. “Vivimos en una sociedad con una sobrecarga de opciones y estímulos. Cada decisión, por pequeña que sea, consume energía. Comprar un producto precocido no es pereza, es una estrategia de conservación de energía mental para poder rendir en áreas más importantes como el trabajo o la crianza”, detalla Judit Merayo.
Finaliza su análisis con otro gran fenómeno contemporáneo, en el que tanto ha escarbado el filósofo Byung-Chul Han, último Premio Princesa de Asturias: el burnout silencioso. “La falta de energía para tareas básicas como pelar un ajo o cocer un huevo es un síntoma clásico de agotamiento profesional o personal”, señala. Y finaliza sentenciando: “Estos productos no son la causa, sino una consecuencia y una solución temporal a un problema mucho más profundo”. Cada cual que saque sus propias conclusiones.
Cada vez cocinamos menos: mientras que esta estancia de la casa se ha empequeñecido —o directamente suprimido en algunos proyectos arquitectónicos modernos—, el tiempo dedicado a los fogones también se reduce, a la vez que los platos preparados ganan espacio a mordiscos en los lineales y la quinta gama se adueña de buena parte de los restaurantes. El fatídico augurio de Juan Roig, el presidente de Mercadona, es que, para 2050, desaparecerán las cocinas.