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El PIB perdió inercia durante el verano por el difícil entorno global, pero creció un 0,6%
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Dos décimas menos

El PIB perdió inercia durante el verano por el difícil entorno global, pero creció un 0,6%

Tras la sorpresa positiva del segundo trimestre, la economía española perdió dos décimas de crecimiento en el tercero. La demanda interna sigue siendo el dique de contención

Foto: Un hombre trabaja en la construcción en Toledo. (Efe)
Un hombre trabaja en la construcción en Toledo. (Efe)
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El PIB español creció un 0,6% en el tercer trimestre del año, según el dato adelantado por el INE. Se trata de una desaceleración de casi dos décimas respecto del crecimiento del segundo trimestre en un entorno global muy complicado por la guerra arancelaria. Una vez más, la demanda interna volvió a ser un dique de contención que protege a España de las turbulencias internacionales.

En total, el consumo privado, público y la inversión doméstica aportaron 1,2 puntos al crecimiento del PIB. Por el contrario, la demanda externa restó nada menos que 0,6 puntos. El INE también ha revisado a la baja el crecimiento del primer y segundo trimestres, en una cuantía que no llega a una décima.

Esta ralentización también se observa en la tasa interanual de crecimiento, que pasa del 3,0% en el segundo trimestre al 2,8%. Aún así, sigue siendo un ritmo de crecimiento muy superior al de la media de la eurozona, del 1,5% hasta el segundo trimestre (todavía no está disponible el dato del tercero). Se trata del menor ritmo desde finales de 2023, cuando la economía europea empezaba a salir de la crisis inflacionista provocada por la invasión de Ucrania.

La demanda interna sostiene el crecimiento, pero también contribuye al deterioro de la balanza exterior, ya que eleva las importaciones en un momento de debilidad de las exportaciones. En total, las ventas al extranjero de bienes cayeron un 1,3% trimestral, mientras que las importaciones de bienes, impulsadas por la demanda doméstica, crecieron un 1%. Incluso el saldo de la balanza turística está empezando a deteriorarse a medida que los españoles vuelven a viajar al extranjero. Las exportaciones turísticas crecieron un 0,7% y las importaciones, un 1,1%.

El principal motor del crecimiento fue el consumo de los hogares, que casi duplicó su ritmo de crecimiento, desde el 0,7% del segundo trimestre hasta el 1,2% en el tercero. Esta cifra refleja que los hogares están aprovechando la coyuntura interna para mejorar su nivel de vida.

El consumo publico también dio un gran acelerón durante el verano, con un avance del 1,1% después de permanecer estancado durante el segundo trimestre. Pero la mejor noticia llegó por el lado de la inversión, que experimentó un crecimiento trimestral del 1,6%. Por compenentes, destaca la construcción de viviendas, con un avance del 0,8%; de otro tipo de construcciones (inversiones productivas), con un avance del 2,1%; de bienes de equipo, con un 1,7% y de productos de propiedad intelectual, con un 2,4%.

En definitiva, estos datos reflejan que la confianza de los agentes domésticos está bien asentada. Los hogares aprovechan para elevar su consumo y las empresas están invirtiendo, con un impulso favorable de los fondos europeos. Sin embargo, la debilidad de la coyuntura global supone un reto para España, un país que ha basado su recuperación desde la crisis financiera en las exportaciones y el superávit exterior. El coste de mantener un crecimiento doméstico tan elevado en un entorno internacional de desaceleración implica un deterioro del superávit exterior de España.

Mientras tanto, los costes de producción siguen aumentando como consecuencia de la subida de los salarios por encima de la productividad. La remuneración por asalariado aumentó un 3,5%, y el coste laboral unitario creció un 4% interanual, cifras que indican un deterioro de la posición competitiva del país. Por el contrario, la productividad por hora trabajada creció apenas un 0,3%, el dato más bajo en casi dos años. Señales que no son positivas para el país.

El Ministerio de Economía considera que estos datos "corroboran el dinamismo de la economía española" y celebra que es "el noveno trimestre consecutivo con un crecimiento del 0,6% o superior del PIB". Supera así la racha de crecimiento de los años posteriores a la crisis financiera, cuando la economía española tuvo un rebote, pero fue más paulatino.

El PIB español creció un 0,6% en el tercer trimestre del año, según el dato adelantado por el INE. Se trata de una desaceleración de casi dos décimas respecto del crecimiento del segundo trimestre en un entorno global muy complicado por la guerra arancelaria. Una vez más, la demanda interna volvió a ser un dique de contención que protege a España de las turbulencias internacionales.

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