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Los impuestos sobre la renta y la riqueza de los hogares han subido un 50% en 25 años
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Datos de Eurostat

Los impuestos sobre la renta y la riqueza de los hogares han subido un 50% en 25 años

La carga que soportan los hogares que pagan IRPF ha aumentado intensamente en los últimos 25 años. La mayor presión fiscal para financiar el crecimiento del gasto se concentra principalmente sobre los salarios

Foto: Fachada de la Agencia Tributaria. (EFE)
Fachada de la Agencia Tributaria. (EFE)
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Aunque el PIB y el empleo en España estén en máximos históricos, los hogares todavía sufren un malestar económico. Al menos, eso es lo que señalan cuando son preguntados en las encuestas. Una de las causas está en la presión fiscal que soportan las familias, en especial por el impacto que está teniendo la progresividad en frío del IRPF. Al ser un impuesto progresivo, a medida que los salarios nominales han ido subiendo, también lo ha hecho el tipo efectivo que soportan las familias, incluso aunque su poder adquisitivo no haya mejorado nada.

Los datos de las cuentas de los hogares publicados el martes por Eurostat confirman que España es el segundo país europeo que más ha subido los impuestos sobre la renta y el patrimonio que pagan las familias en lo que va de siglo.

En apenas 25 años, el tipo impositivo que pagan los hogares con los impuestos tipo renta y patrimonio se ha incrementado un 50%. De estos, la gran mayoría es el pago del IRPF sobre los salarios o sobre las rentas de los autónomos.

En concreto, en los últimos 12 meses (hasta el segundo trimestre de 2025), los hogares españoles pagaron 162.500 millones en impuestos de tipo renta y patrimonio (imposición directa). Se trata del 14,3% de sus ingresos antes de impuestos y transferencias sociales (renta primaria). Esto es, antes de la redistribución que hace el sector público.

En el año 2000, el tipo efectivo que pagaban los hogares era del 9,5%. Esto es, se ha producido un incremento de casi 5 puntos, lo que supone un aumento de la carga fiscal de un 50% en apenas 25 años.

Visto de otra forma, si se aplican los tipos medios, para 30.000 euros de renta bruta, la carga fiscal ha pasado de 2.900 euros a 4.300 euros en la actualidad. En cifras absolutas, supone un desembolso adicional de nada menos que 55.000 millones de euros como consecuencia de la subida paulatina de impuestos en el primer cuarto de siglo.

Mayor esfuerzo

Es importante destacar que no todas las rentas tributan igual. Por ejemplo, los ingresos del trabajo pagan un tipo muy superior al del capital. Además, todos los contribuyentes no pagan la misma cuantía, hay tramos del IRPF en función de los ingresos y también rentas libres de tributación. Por ejemplo, paga menos renta un gasto salarial que va destinado a subir un salario que la que va a contratar a un nuevo trabajador, porque este tiene una parte libre de impuestos (mínimo exento) y la primera parte del salario sujeto a tributación soporta tipos impositivos reducidos.

Esto tiene importantes implicaciones, porque el crecimiento de España en los últimos años ha sido intensivo en creación de empleo. Una buena parte, de bajo valor añadido. Esto ha contribuido a moderar el incremento del tipo efectivo que pagan los hogares. Aun así, la presión fiscal no ha disminuido, al contrario, lo que significa que los salarios ya existentes están soportando una importante subida de impuestos. En definitiva, estos datos permiten constatar hasta qué punto los hogares, sobre todo las clases medias, están haciendo un esfuerzo para el sostenimiento del estado del bienestar.

Se observa, por ejemplo, en el tipo de retención del IRPF aplicado sobre los salarios. En el año 2000 este era del 13,75%, pero en 2024 alcanzó el 17% por primera vez en la historia. Se trata de un incremento de 3,34 puntos en apenas 25 años. Esto significa que el tipo de retención aplicado sobre los salarios se ha incrementado un 25% en este periodo. La subida es superior en el caso de los salarios del sector público, del 34%, lo que refleja, principalmente, que las retribuciones de las administraciones han crecido muy por encima que las que pagan las empresas.

Como se ha señalado, el crecimiento de la presión fiscal no es homogéneo por tramos de renta. Por ejemplo, el mínimo sin tributación se fue incrementando hasta el año 2024 para acompasarlo a las subidas del Salario Mínimo Interprofesional. Esto ha generado una importante rebaja del impuesto en los tramos más bajos.

Al margen del reparto por tipo de hogar, lo que muestran estos datos es que los salarios han financiado la mayor parte del incremento del gasto público en estas dos décadas y media. Recursos que se han utilizado, básicamente, a pagar las pensiones. Esto explica que el poder de compra de una buena parte de la población haya disminuido. O, visto de otra forma, el mismo salario en términos reales, paga hoy significativamente más impuestos que hace 25 años.

Solo hay un Estado en Europa que haya cargado más fiscalidad sobre las rentas de los hogares: Países Bajos. En su caso, el incremento de los impuestos sobre la renta y el patrimonio de las familias se ha comido 6 puntos del total de ingresos de los hogares, frente a los 4,7 puntos de España. Por el contrario, en el conjunto de la Unión Europea, el incremento ha sido de apenas 0,7 puntos porcentuales.

Lo que ha ocurrido es que la carga fiscal que soportan los hogares en España estaba muy por debajo de la media comunitaria al inicio de siglo, y actualmente están prácticamente al mismo nivel. En concreto, en la UE es del 14,5% y en España, del 14,3%. En impuestos sobre los hogares, España sí ha convergido rápidamente a los niveles comunitarios.

El aumento de la presión fiscal en España no ha sido estable a lo largo de los años, sino que ha ido a tirones. Básicamente, en función de las necesidades de gasto público que tenía cada Gobierno y de la inflación.

En líneas generales, la carga fiscal directa sobre los hogares se mantuvo relativamente estable durante la primera década del siglo (con un cierto aumento coyuntural en los años del pico de la burbuja). En esos años, los hogares pagaban en torno a un 10% de su renta bruta. A partir de ese momento y hasta 2014 hubo un incremento constante de la presión fiscal para contener el déficit público y la prima de riesgo. Fueron los años de las subidas de los Gobiernos de Zapatero y Rajoy.

Posteriormente hubo una estabilización de los impuestos hasta el año 2018, cuando volvieron a subir con fuerza, ya bajo el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Desde entonces se ha producido el gran incremento de la presión fiscal, apoyada sobre las subidas salariales. En concreto, en apenas cinco años, la carga de los impuestos directos pasó de ser inferior al 12,5% a superar el 14% de la renta primaria de las familias en 2023. Desde entonces, se ha consolidado en esos niveles nunca antes vistos.

Pero no solo ha aumentado el IRPF, también las cotizaciones sociales para intentar frenar el creciente déficit de las pensiones. La subida ha sido inferior, porque los tipos de cotización aplicados al inicio de siglo ya eran muy superiores a los que se pagaban en Europa.

Aun así, el incremento del tipo efectivo ha sido de 1,3 puntos sobre la renta de los hogares. En el año 2000 pagaban un 19,2% y en la actualidad ya supera el 20,5%.

Sumados los impuestos directos y las cotizaciones sociales, los hogares pagan hoy 6 puntos más que al inicio de siglo. Una subida del 21%. Esto supone una carga adicional de 67.600 millones de euros que pagan cada año las familias. Un esfuerzo fiscal tan abultado es lo que explica que muchos hogares sientan que su salario ha perdido capacidad de compra, incluso a pesar de que haya subido a un ritmo similar a la inflación.

Aunque el PIB y el empleo en España estén en máximos históricos, los hogares todavía sufren un malestar económico. Al menos, eso es lo que señalan cuando son preguntados en las encuestas. Una de las causas está en la presión fiscal que soportan las familias, en especial por el impacto que está teniendo la progresividad en frío del IRPF. Al ser un impuesto progresivo, a medida que los salarios nominales han ido subiendo, también lo ha hecho el tipo efectivo que soportan las familias, incluso aunque su poder adquisitivo no haya mejorado nada.

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