El número de ultrarricos en España se ha triplicado... y siguen siendo pocos
En España apenas hay 11.000 personas con un patrimonio declarado superior a los 6 millones de euros y no llega a 900 los que superan los 30 millones. La desigualdad está aumentando, pero menos que en otros países
En España, la riqueza tiene una connotación negativa, pero todo el mundo la anhela. El número de millonarios se ha multiplicado por tres, contribuyendo a agrandar la brecha entre clases sociales. Esta desigualdad genera malestar, aunque el verdadero problema es que el número de ricos, aunque ha aumentado mucho, sigue siendo escaso. O, dicho de otra forma, hay pocas probabilidades de que un ciudadano que vive en España tenga un alto patrimonio.
Según la estadística de declarantes del impuesto sobre el patrimonio, en 2023 (último año disponible) había 10.995 personas con una riqueza declarada de más de 6 millones de euros. Y de estos, sólo 865 personas son ultrarricas, con una riqueza acumulada superior a 30 millones. Es posible que a fecha de 2025 esta cifra sea mayor, ya que la revalorización de los activos en estos dos años ha sido muy acusada. Aun así, habrá que esperar hasta 2027 para tener ese dato.
Lo que está claro es que las cosas están cambiando rápidamente. El número de ricos en España ha aumentado mucho en los últimos quince años, lo que revela una concentración de riqueza en torno al capital. Dinero llama dinero, que dice la expresión popular.
Según las declaraciones a la Agencia Tributaria, el número de ricos en España es ahora casi el triple que en el pico de la burbuja financiera. En concreto, los ultrarricos son ahora un 271% más que en el año 2007 y los ricos son un 177% más. En números absolutos, son 7.000 ricos más que en el pico de la burbuja inmobiliaria, cuando los españoles vivieron mejor que nunca antes en la historia del país.
Es un crecimiento mucho más rápido que el de la población, que en este periodo aumentó un 7%. La proporción de ricos ha aumentado, pero siguen siendo una élite muy reducida, ya que en el país viven ya más de 49,3 millones de habitantes. En términos probabilísticos, sólo hay un 0,001% de posibilidades de que un español sea ultrarrico.
No sólo está aumentando el número de ricos, sino que su patrimonio medio también está creciendo. Esto es,cada vez son más ricos. De media declaran a Hacienda una riqueza total (incluyendo las exentas del tributo) 170 millones de euros, lo que supone un 34% más que en el pico de la burbuja.
El origen
España no es diferente a otros países del mundo. El número de ricos está aumentando como consecuencia de la desigualdad entre las rentas del trabajo y del capital. Este es un asunto muy estudiado por los economistas en las dos últimas décadas, en especial con el impulso de Thomas Piketty, Gabriel Zucman y Emmanuel Saez utilizando datos de registro para hacer un seguimiento de este colectivo. Se trata de un grupo tan reducido de personas, que los datos de encuesta no sirven para conocer su situación, sino que se requiere de los microdatos de las declaraciones.
Estos tres economistas, entre otros, impulsaron la base de datos sobre desigualdad (World Inequality Database) que es el mejor indicador sobre concentración de la riqueza que existe a nivel global. España no aparece en una mala posición. De hecho, la mayor parte de países europeos consiguen cotas de reparto de la riqueza muy superiores al resto del mundo.
En España, el top 1% de la población posee el 23,8% de la riqueza del país. Es una concentración algo superior a las de Italia (el 22%) o el Reino Unido (21%); pero inferior a las de Francia y Alemania, donde supera levemente el 27%. Son cifras que muestran una desigualdad evidente, pero que no alcanzan las cotas de EEUU, donde el 1% más rico posee el 35% de la riqueza, o México, que llega al 37,5%.
Incluso países con un régimen semicomunista, como es China, el nivel de concentración de la riqueza ya supera el 30%. Europa ha conseguido un relativo equilibrio en el reparto del pastel. Eso sí, la menor acumulación de riqueza también revela que son economías menos dinámicas y creativas, donde son pocos los que consiguen llegar a ser ricos porque hay pocas empresas que consigan despuntar.
De vuelta a los datos de la Agencia Tributaria, lo que se observa es que la forma de hacerse rico no es otra que tener éxito empresarial. Es muy complicado llegar al top 0,1% de la población con rentas salariales. Ni siquiera con la reinversión de rentas salariales.
El crecimiento del patrimonio de los ultrarricos procede fundamentalmente de la propiedad de empresas. Ya sean empresas que montaron ellos o heredadas, y que coticen en bolsa o no. Por ejemplo, la riqueza acumulada en inmuebles y fincas de los ultrarricos apenas es un 2,5% superior a la que tenían en el pico de la burbuja. Estos grandes patrimonios no han invertido en comprar inmuebles.
Por el contrario, el patrimonio que tienen en el capital social de empresas no cotizadas se ha disparado un 48%. Esto es, son propietarios de empresas que no están en bolsa. Es muy probable que este sea el caso de empresarios de éxito (o sagas familiares) cuyas compañías les hacen ser millonarios. En total, entre 488 personas poseen un patrimonio de casi 70.000 millones de euros.
El surgimiento de nuevos millonarios suele ser indicativo de economías innovadoras, en las que los casos de éxito en sectores en auge de los emprendedores son habituales. Este es, probablemente, el principal punto débil de los países europeos. Si el control de la desigualdad se debe a que no hay una apuesta por sectores de rápido crecimiento, esto acaba derivando en menor crecimiento y productividad para el conjunto del país.
Hay una frase atribuida a Emilio Botín que resume bien la situación de España: "Ricos, lo que se dice ricos, somos muy pocos". ¿En su opinión, estimado lector, es una buena o mala noticia?
En España, la riqueza tiene una connotación negativa, pero todo el mundo la anhela. El número de millonarios se ha multiplicado por tres, contribuyendo a agrandar la brecha entre clases sociales. Esta desigualdad genera malestar, aunque el verdadero problema es que el número de ricos, aunque ha aumentado mucho, sigue siendo escaso. O, dicho de otra forma, hay pocas probabilidades de que un ciudadano que vive en España tenga un alto patrimonio.