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El gran pinchazo: Trump fracasa en su objetivo de equilibrar el déficit de EEUU
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MEDIO AÑO DE ARANCELES

El gran pinchazo: Trump fracasa en su objetivo de equilibrar el déficit de EEUU

Aunque aún es pronto para conocer los resultados a medio y largo plazo, los resultados provisionales muestran que el déficit comercial crece, las empresas nacionales han asumido los costes y no se recaudará tanto como se preveía

Foto: El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (EFE/Will Oliver)
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (EFE/Will Oliver)
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El dos de abril de este año, con la pompa y boato que le acompaña, el presidente de EEUU, Donald Trump, declaró en el jardín de las rosas de la Casa Blanca el Día de la Liberación. Acompañado de una vistosa pizarra de ciertas dimensiones —en realidad ese era el objetivo— impuso aranceles a medio mundo. A socios y rivales. A amigos y enemigos. A todos. A unos más y a otros menos. ¿Qué ha pasado desde entonces?

Aunque todavía es pronto para conocer los resultados a medio y largo plazo de su nueva política arancelaria, la más dura desde los años 30, cuando se aprobó la ley Hawley-Smoot, ya hay algunas certezas, al menos provisionales. La primera, que la corrección general del desmesurado déficit de bienes de EEUU —1,2 billones de dólares el año pasado— no ha llegado. La segunda, que la inflación no ha rebotado como muchos esperaban porque las empresas han interiorizado en su cuenta de resultados el aumento de los costes, y la tercera que EEUU tiene un problema estructural en relación a su posición en el comercio mundial. Sus bienes industriales, no así los servicios, y pese a los avances en productividad, no son competitivos, lo que obliga a importar cantidades descomunales.

Con datos hasta julio, las importaciones, algo sesgadas por el efecto anticipación de muchas empresas para salvar los aranceles, no han cedido. En total, 2,09 billones de dólares. Las exportaciones, igualmente, pese a la fuerte depreciación del dólar (alrededor de un 16% frente al euro), tampoco han reaccionado al alza pese al aumento de la competitividad vía precios. En concreto, 1,25 billones. Es decir, en sólo siete meses EEUU acumula ya un desequilibrio comercial en bienes (corregido de efectos estacionales) por valor de 834.562 millones de dólares, según el Census Bureau, lo que supone un 23,8% más que en igual periodo del año anterior.

Ahora bien, si se tiene en cuenta tanto el déficit de bienes como de servicios, donde históricamente EEUU ha tenido superávit, el resultado muestra un incremento de 154.300 millones de dólares. O lo que es lo mismo, una subida del 30,9% respecto del mismo periodo en 2024. Mientras que las exportaciones aumentaron un 5,5%, las importaciones crecieron un 10,9%.

La decepción de Trump

Un informe del Instituto Petersen de Economía Internacional (PIIE, por sus siglas en inglés) llega a una primera conclusión: "Estos hallazgos [los datos] podrían decepcionar al equipo arancelario de Trump, pero no sorprenderán a los macroeconomistas que consideran el equilibrio entre el gasto y la producción nacionales como el principal determinante de la balanza comercial exterior".

Más allá de las cifras globales, sin embargo, hay algunos movimientos significativos. En primer lugar, China vende menos, que era uno de los objetivos de Trump. Por el contrario, Reino Unido, que tiene unas condiciones comerciales más favorables que el resto gracias a sus históricas relaciones con Washington, exporta bastante más. ¿Y qué ha pasado con la Unión Europea? Pues básicamente que sus exportaciones a EEUU —con ese efecto anticipación incluido— se mantienen fuertes.

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Entre enero y agosto de 2025 ascendieron, según Eurostat, a 385.498 millones de dólares, lo que supone un incremento del 9,4%. Ahora bien, esa tendencia se va deteriorando y en agosto el descenso de las exportaciones fue del 22,2%, mientras que las importaciones descendieron un 1,9%. Por lo tanto, lo que se está produciendo es un desacople comercial entre Europa y EEUU, ya que un número importante de exportadores están buscando mercados alternativos para no soportar aranceles. Esto quiere decir, ni más ni menos, que los impuestos a la exportación están provocando una nueva configuración del comercio de bienes en el conjunto del planeta, lo que a su vez, desde el punto de vista geopolítico, alienta nuevas políticas de alianzas.

Una de las razones de la Administración Trump para imponer aranceles es la necesidad de aumentar la recaudación, la otra es defender la industria nacional frente al exterior, en particular China, y lo que sugiere Petersen es que "frente a la retórica hostil" los ingresos arancelarios procedentes de las importaciones de la UE representaron el 8,9% de su valor, por debajo del 15% impuesto por Washington. "El comercio bilateral con la UE no se ha visto afectado", asegura uno de los principales institutos de coyuntura.

Lo mismo sucede con el comercio bilateral de EEUU con algunos de sus principales socios, México y Canadá. Los ingresos arancelarios recaudados de las importaciones de México crecieron apenas un 4,7%, mientras que la recaudación procedente de Canadá fue incluso menor, del 2,9%. Los flujos comerciales bilaterales con otros países, en su mayoría sujetos al arancel universal del 10% de Trump, se están manteniendo.

Productos de bajo coste

Si la lupa se pone sobre intercambios comerciales más concretos, el resultado es, igualmente, significativo. Por ejemplo, las exportaciones estadounidenses de soja a China han desaparecido. Lo mismo ha ocurrido con las importaciones estadounidenses de paquetes de bajo valor (los llamados minimis). Las exportaciones estadounidenses de gas natural licuado (GNL), por el contrario, han aumentado un 22%. En resumen, sostienen los economistas de Petersen, el efecto de los aranceles de Trump se percibe más en el país de origen de las importaciones estadounidenses que a nivel agregado.

El caso de minimis es, probablemente, el más significativo. El sistema minimis se estableció como una exención arancelaria en EEUU en 1938 para reducir la burocracia de las pequeñas importaciones con un valor inferior a 800 dólares. Cuesta más despachar un producto en la aduana que la propia mercancía. Con el tiempo, como asegura una nota de ECDB, las empresas comenzaron a utilizar esta exención para compensar costes mediante el envío de paquetes más pequeños a granel a través de las aduanas estadounidenses. Esta estrategia es la que ha querido eliminar Trump imponiendo aranceles que afectan, sobre todo, al comercio electrónico.

Pues bien, según ECDB, una consultora de datos especialista en comercio electrónico, el impacto arancelario proyectado para 2025 se estima en un -1,5 % de la recaudación por minimis en comparación con un escenario sin aranceles. Su conclusión vuelve a dejar en mal lugar a la política arancelaria de la Casa Blanca. "El impacto de las ventas transfronterizas no es tan amplio como se esperaba", sostiene. Según los datos de ventas transfronterizas del ECDB, las importaciones representan solo el 4,7% de los ingresos totales del comercio electrónico en EEUU, lo que significa que aunque los productos extranjeros se encarecen "considerablemente" el efecto general sobre los ingresos totales del comercio electrónico "seguiría siendo limitado".

¿Por qué ha sucedido esto? Como la estrategia de Trump era previsible en el tiempo, lo que han hecho empresas chinas como Shein y Temu, especialistas en mercancías de bajo precio, es responder rápidamente a la inminente abolición del umbral de minimis y al aumento de aranceles, pero aprovechando el cumplimiento de las normas existentes en EEUU. Shein, incluso, está cooperando con minoristas estadounidenses. Esto pone a ambas compañías chinas en igualdad de condiciones con Amazon y Walmart, que también se abastecen de vendedores internacionales. Shein y Temu tienen la ventaja de su modelo de reabastecimiento inmediato, como Inditex u otras empresas textiles, lo que les permite medir la demanda exacta de productos en tiempo real y así poder ajustar la capacidad de producción.

Las empresas, no los exportadores

Un trabajo realizado por el catedrático Vicente Esteve, de la Universidad de Valencia, aporta más certezas sobre el impacto de los aranceles en la economía de EEUU. Hay evidencias, por ahora, de que quienes están soportando los impuestos a la exportación son las empresas estadounidenses. Es decir, justo lo contrario de lo que pretendía Trump, que buscaba que fueran los exportadores extranjeros quienes pagaran el impuesto, algo que le puede provocar problemas con sus electores.

Según Esteve, los precios pagados a los vendedores extranjeros por los bienes importados no han variado significativamente hasta julio de 2025. Al mismo tiempo, el aumento de los precios promedio para el consumidor estadounidense ha sido mínimo. Esto indicaría, continúa, "que las empresas de EEUU han absorbido la mayor parte de los costes arancelarios, ya que no han sido trasladados ni a los vendedores extranjeros ni completamente a los consumidores finales".

En la misma línea, un trabajo publicado en CEPR, una plataforma académica de artículos económicos, desmonta otro de los objetivos de Trump en su política arancelaria. En concreto, en relación con los mayores ingresos para financiar la rebaja de impuestos aprobada por el Congreso. El estudio parte de una realidad, aranceles tan elevados "son inauditos en la experiencia moderna de la mayoría de los países ricos". Normalmente, en concreto, la recaudación vía aranceles en los países de altos ingresos representan tan solo el 1,25% del valor de las importaciones de bienes y menos del 2% de los ingresos públicos totales [ver gráfico].

Pues bien, según los autores, los profesores Kimberly Clausing y Mauricio Obstfeld, y siempre que estos aranceles superen los obstáculos legales en el Tribunal Supremo, podrían generar unos dos billones de dólares en ingresos durante los próximos diez años. La cantidad es importante, pero claramente insuficiente para financiar las reducciones de impuestos prometidas: 3,4 billones de dólares.

Esto significa que dada la dependencia de la Administración de los recursos arancelarios debido a su elevadísimo déficit, los sucesores de Trump tendrán difícil bajarlos o, incluso, suprimirlos. Su conclusión es que incluso si se aplican los aranceles que maximicen la recaudación (a los tipos vigentes) "financiarán menos de una quinta parte de los ingresos actuales del impuesto sobre la renta federal de EEUU". En definitiva, no parece que Trump esté en vías de cumplir sus objetivos.

El dos de abril de este año, con la pompa y boato que le acompaña, el presidente de EEUU, Donald Trump, declaró en el jardín de las rosas de la Casa Blanca el Día de la Liberación. Acompañado de una vistosa pizarra de ciertas dimensiones —en realidad ese era el objetivo— impuso aranceles a medio mundo. A socios y rivales. A amigos y enemigos. A todos. A unos más y a otros menos. ¿Qué ha pasado desde entonces?

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