A ver quién se muda a Madrid o BCN: la crisis de la vivienda ya reduce la movilidad laboral
Menos trabajadores están dispuestos a cambiar de CCAA para mejorar en su carrera laboral ante la falta de vivienda y los precios disparados. Aunque los inmigrantes compensan el fenómeno, Funcas prevé que también les acabe lastrando
Escaparate de una inmobiliaria en Madrid. (Europa Press/Eduardo Parra)
La escasez de vivienda y los precios impactan directamente en la vida de las personas y en sus condiciones habitacionales, pero también pueden acabar repercutiendo en la buena evolución macroeconómica. Diversos centros de estudios e incluso instituciones han advertido en los últimos meses de que la dificultad para acceder a la vivienda repercutirá en una menor movilidad laboral y, por tanto, en una asignación menos eficiente de los recursos y un menor crecimiento de la productividad.
Ponerle cifras a este problema es complicado porque también influye la inmigración, en niveles récord tras la pandemia, pero empiezan a aparecer los primeros análisis. El ejercicio trimestral de proyecciones de Funcas, publicado este miércoles, incorpora un escenario de ralentización de la inmigración durante los dos próximos años y lo atribuye a la falta de vivienda. Además, Raymond Torres, director de Coyuntura, señala que la movilidad laboral interna ya se está viendo resentida, por lo que se trataría de un fenómeno en curso y no solo un futurible.
En concreto, señala que la Estadística de Movilidad Laboral y Geográfica del INE ya refleja una ralentización de la movilidad laboral en el año 2023, periodo en el que "ya se había producido un incremento importante del precio de los alquileres y de la vivienda en propiedad como consecuencia del déficit de vivienda", incide Torres. El descenso se aprecia en la movilidad interna, entre comunidades autónomas.
El porcentaje de ocupados que en 2023 llevaban viviendo menos de un año en un municipio de otra región ha caído del 14,2% en 2018 al 13,7% en 2023. En años previos, entre 2015 y 2010, el porcentaje superaba el 15%. Esto indicaría una reducción de la movilidad de la población ya asentada en el país, que, no obstante, se ve compensada por los extranjeros. El porcentaje de ocupados que llevaban menos de un año viviendo en su municipio en 2023 procedentes del extranjero continuó creciendo, hasta el 12,5%, frente al 9,2% de 2018.
Un buen ejemplo de lo que indica Torres es la Comunidad de Madrid. Aunque sigue siendo una de las regiones con mayor movilidad geográfica, ha ido descendiendo puestos en el ranking y en 2023 registró uno de sus menores datos de la serie histórica (el peor se dio en la pandemia), con un 3,1% de los ocupados recién llegados a la región desde otras partes de España o del mundo frente al 3,6% de 2018.
Aunque los datos reflejan un descenso incipiente, podrían estar indicando que los trabajadores tienen más dificultades para trasladarse a zonas con mayor dinamismo económico por no poder encontrar una vivienda de precio y condiciones razonables. Según señala Jorge Galindo, director adjunto de Esade, en su libro Tres millones de viviendas, "las ciudades que concentran las mejores oportunidades laborales y educativas son justo aquellas en las que resulta más difícil establecerse".
"Las ciudades con mejores oportunidades laborales y educativas son justo aquellas en las que resulta más difícil establecerse"
Lo que genera, en su opinión, "un círculo vicioso que amenaza con ampliar las brechas sociales ya existentes: sin acceso a vivienda asequible en zonas de oportunidad, es inevitable que el ascensor social se paralice". Torres anticipa que el fenómeno se ha intensificado en 2024 y 2025, aunque ya no se podrá comprobar a través de los datos de movilidad laboral del INE. La institución señala que la estadística se ha dejado de publicar, aunque asegura que los datos se pueden encontrar en otras publicaciones de población.
Posible desaceleración de la inmigración
Funcas prevé que la reactivación del sector de la construcción continúe, con un crecimiento de la inversión privada en vivienda del 4,1% en 2025, el 4,4% en 2026 y el 3,7% en 2027. Sin embargo, "será insuficiente para cerrar el déficit de vivienda", advierte el centro de estudios. Aunque anticipa que la brecha entre nuevos hogares y viviendas iniciadas deje de agrandarse en 2026, faltan en torno a medio millón de viviendas.
"Esto es un problema desde el punto de vista social, pero también económico, porque poco a poco va frenando la movilidad laboral y la inmigración", ha explicado Torres durante la presentación de las previsiones. Por ello, su escenario incorpora que el crecimiento de la población activa extranjera entre 2025-2027 será de 875.000 personas, un 19% menos que en los tres años anteriores, cuando fue de 1.080.000 personas. En concreto, la población activa ha crecido una media del 1,6% el trienio 2022-2024, pero pasaría a un 1,4% este año y al 0,6% y 0,7% en 2026 y 2027.
"Es una desaceleración porque, sencillamente, no existe una capacidad de acogida en términos de vivienda suficiente", añade Torres. La falta de vivienda puede representar además un cuello de botella para un modelo de crecimiento económico muy condicionado por el aumento de la población, como sucede en el caso de España.
Funcas prevé una ralentización del consumo privado derivado de la menor ganancia de habitantes y del ahorro en niveles máximos (en parte para tratar de comprar una vivienda). Esto, sumado al agotamiento del crecimiento previsto para el turismo y a la pérdida de impulso fiscal tras el fin de los fondos Next Generation, dan como resultado una estimación de crecimiento por parte de Funcas del 1,9% en 2026 y del 1,7% en 2027, frente al 2,9% previsto para este año y el 3,5% en el que cerró 2024.
No obstante, Torres reconoce que las previsiones tienen entre sus riesgos "al alza" que la evolución de la población activa sea más favorable por una entrada de extranjeros más intensa de lo proyectado, o que el consumo privado se mantenga más dinámico, algo que, por otra parte, ya ha sucedido en los últimos años en los que el PIB ha dado sorpresas positivas reiteradas.
La escasez de vivienda y los precios impactan directamente en la vida de las personas y en sus condiciones habitacionales, pero también pueden acabar repercutiendo en la buena evolución macroeconómica. Diversos centros de estudios e incluso instituciones han advertido en los últimos meses de que la dificultad para acceder a la vivienda repercutirá en una menor movilidad laboral y, por tanto, en una asignación menos eficiente de los recursos y un menor crecimiento de la productividad.