El futuro amargo del azúcar español: "Es el fin del cultivo de remolacha en Andalucía"
De las más de 90 fábricas azucareras que existieron en España, solo quedan tres en funcionamiento. Y una de ellas, la de Jerez de la Frontera, también podría cesar su actividad, acabando con un cultivo clave en la región
Campo de remolacha azucarera. (Reuters/Pascal Rossignol)
En casa de David Moreno siempre han sido de dulce. Su familia lleva décadas dedicando buena parte de sus campos a conseguir que todo lo que comemos albergue un sabor más acaramelado, y a día de hoy siguen haciéndolo. Forman parte de un grupo cada vez más exclusivo, el de remolacheros, cuyo oficio es cosechar un curioso fruto que guarda en su interior, el llamado oro blanco. De sus hectáreas sale la materia prima del último azúcar español, aunque puede que ese sueño se amargue muy pronto.
Este agricultor sevillano es uno de los productores que sufre estos días la última decisión de Azucarera Española. Esta compañía, un clásico de nuestros lineales, ha cerrado en los últimos meses dos de las cuatro plantas que le quedaban en funcionamiento en nuestro país (La Bañeza y Miranda de Ebro) y hay una tercera, la de Guadelete (Jerez de la Frontera), que es a la que sirve Moreno, que ha parado su producción de azúcar de remolacha para la campaña 2026, levantando en armas a todos los remolacheros que quedan en Andalucía. Estos productores han amenazado incluso con boicotear a la matriz de la marca, British Food, golpeando a su gran buque insignia: Primark. Pero la realidad es que esta última batalla es solo un grito de auxilio en una industria que lleva tiempo perdiendo su sabor.
"El sector lleva en decadencia muchas décadas y desde el 2005 la caída se ha ido acentuando. Con pequeños repuntes, el último se vivió hace solo un año, la tendencia va claramente a la baja", cuenta Moreno en conversación con El Confidencial. Él regenta unas decenas de hectáreas de remolacha azucarera en la zona del Bajo Guadalquivir, un cultivo clásico de la zona, único por ser de secano, y que ha reducido sus costes cada vez más frente a sus competidores. Sin embargo, ni esa mejora ha sido suficiente. "Lo curioso es que el precio del azúcar no ha bajado tanto con los años dentro de lo que son los mercados agrarios. Es decir, que si baja la producción no se puede achacar tanto a que el negocio va mal, sino a otras razones como la importación", añade el también gerente del Grupo Remolachero de Sevilla.
Con la demonización del azúcar a la orden del día, lo lógico es pensar que esta reducción de la producción responde a un cambio de hábitos en el consumo, pero la realidad que defienden tanto productores como expertos, es que los alimentos "0 azúcar" están lejos de ser el único de sus problemas. Navegan en otro de esos mercados agrarios globalizados que, como ocurre con el café o el cacao, dependen de muchísimos factores a nivel internacional para medir su rentabilidad. En 2023 subió su precio por el impacto del fenómeno climático del Niño. Sin embargo, en 2025, entre otras cosas, el encarecimiento del cacao ha hecho que se consuma menos chocolate y, por tanto, se necesite menos polvo blanco. El resultado final es una caída de los precios que amenaza con ser la puntilla para el sector.
Ahora mismo solo hay dos fábricas funcionando a pleno rendimiento en nuestro país, y las dos están en Castilla y León, principal productor del país. Son la de Toro, en Zamora, que pertenece a Azucarera Española, y la de Olmedo, en Valladolid, la más grande y moderna, que tiene la firma de la cooperativa ACOR. Esta última factoría resiste de momento los envites, aunque ACOR perdió en el último curso unos 2,5 millones para garantizar la rentabilidad de sus socios remolacheros.
El ejemplo de Azucarera es el más dramático. Pertenece a Associated British Foods (AB Foods), empresa multinacional con base en Reino Unido que ya lleva años cerrando fábricas en su propio país y está abandonando el negocio del azúcar. En nuestro país el repliegue ha sido masivo en zonas como Andalucía, con un cultivo tradicional de remolacha que casi ha desaparecido.
Desde El Confidencial hemos contactado con Azucarera para hablar de la situación de la industria, pero no hemos recibido respuesta al cierre de este artículo. Mientras, desde ACOR, su presidente, Jesús Posadas, es bastante claro sobre la situación: "De ser un sector boyante hemos pasado a una industria mucho más pequeña, pero lo más llamativo es cómo los intereses de la industria se han ido separando de los del agricultor de remolacha. España, y Europa, sigue produciendo muchísimo azúcar, pero optan por el refinar una materia prima que importan, olvidando el agricultor. Por nuestra mente no pasa eso, somos remolacheros y seguiremos apoyando este cultivo", cuenta en una llamada telefónica con este medio.
Planta de ACOR en Olmedo. Foto: EFE.
Según Posadas, también agricultor de remolacha, es un tiro en el pie para un país como España prescindir de este cultivo, siendo además un país deficitario en azúcar. "Es un producto clave para nuestra zona y nuestro país. En Castilla y León es el más rentable y estable en cuanto a regadío se refiere y ayuda a generar miles de empleos. Nosotros somos unos 3.300 en la cooperativa, pero damos trabajo a más de 5.000 familias en el medio rural. El mercado es el mercado, pero no se puede obviar la parte de los productores", señala. "Tenemos la sensación de que la industria ha optado por olvidar toda esta parte solo por pensar en la rentabilidad final en este instante".
"Es una pena, porque es lo que consideramos un cultivo estructurante. Servía para fijar el trabajo de los agricultores y además generar industria en el entorno, pues las fábricas tienen que estar cerca del cultivo. Pero la realidad es que es un mercado que no ha parado de complicarse con los años", cuenta a este periódico Tomás García Azcárate, investigador en el IEGD-CSIC y economista experto en mercados agrarios. "La realidad es que incluso los propios gigantes del sector en Europa están avisando de que la situación puede llevar a poner en peligro la viabilidad del negocio azucarero en todo el continente".
Manifestación en contra del cierre de la azucarera en La Bañeza. (EFE)
García Azcárate menciona las palabras de David Souriau, director comercial de Tereos, el mayor grupo azucarero de Francia, que aseguró hace unas semanas que la bajada de precios y el aumento de los costes relacionados con el clima, las enfermedades y la regulación estaban "poniendo en peligro la viabilidad de la producción". Según los datos macro, los precios del azúcar en Europa han caído más de un tercio desde el verano de 2024, y a esto hay que sumar el papel de los especuladores. Según la Comisión de Negociación de Futuros de Materias Primas (CFTC), estos han acumulado su mayor posición corta en futuros de azúcar de Nueva York desde 2019, la mayor apuesta conjunta en años a una caída de los precios.
La solución del bioetanol
El precio que indican en Europa viene marcado por otro país que podría tener la solución para el sector. Brasil, principal productor de azúcar del mundo, juega el mismo papel que España en el sector del aceite de oliva. Fija el precio mundial de ese producto y hace de árbitro global. Para evitar los grandes picos de precios, estabiliza el coste a base de sacar azúcar del mercado y mandarlo a la producción de bioetanol. Un combustible ecológico del que cada vez se habla más a nivel global en plena transformación energética.
Esto podría ser una alternativa para los agricultores que quedan en nuestro país, pero los proyectos tampoco terminan de explotar. El caso más llamativo es el de la Biorrefinería Multifuncional de Barcial del Barco, en Zamora. Allí se proyectó en 2020 la primera biorrefinería multifuncional del mundo. En ella se iba a producir miles de toneladas de etanol con el azúcar de la remolacha. Tenían incluso compradores con contratos a más de 10 años; sin embargo, todo se paró y el descampado donde iba a construirse sigue vacío. Según sus promotores, una serie de discusiones con la Junta de Castilla y León hizo descarrilar la idea, pero la realidad es que a día de hoy no hay nada sobre aquella idea.
Tampoco es el único proyecto de bioetanol azucarero que se viene abajo. La propia AB Foods tiene en el punto de mira su biorrefinería de Vivergo, en Reino Unido, por problemas regulatorios y la situación del mercado. De momento ha pedido ayudas al gobierno de las islas para poder afrontar estos problemas.
Para Posadas, las ayudas tienen que jugar un papel fundamental aquí también. "Viene la nueva PAC, la que irá de 2028 a 2034 y ahí la remolacha tiene que seguir jugando un papel importante pues la posición del cultivo así lo merece. Y esperamos contar con ese apoyo, pues abandonar esta producción a su suerte sería ir contra los propios intereses del continente", cuenta.
Los afectados por el cierre de Guadalete siguen un discurso similar para su caso. Para la zona de Andalucía había comprometidos más de 2 millones de euros de ayudas comunitarias (unos 300 euros por hectárea) para el cultivo de la remolacha en esta temporada otoñal. De momento, no se sabe qué pasará con ese dinero, pero se pone en peligro una aportación que no se puede destinar a otro tipo de cultivo. "La sensación es de que no se entiende la decisión y creemos que es algo fortuito que nos haya tocado a nosotros. Hay ayudas, el cultivo puede ser rentable y se ha tomado a nada de la siembra. Además de que el cierre supone el fin definitivo del cultivo de remolacha en Andalucía", cierra Moreno.
En casa de David Moreno siempre han sido de dulce. Su familia lleva décadas dedicando buena parte de sus campos a conseguir que todo lo que comemos albergue un sabor más acaramelado, y a día de hoy siguen haciéndolo. Forman parte de un grupo cada vez más exclusivo, el de remolacheros, cuyo oficio es cosechar un curioso fruto que guarda en su interior, el llamado oro blanco. De sus hectáreas sale la materia prima del último azúcar español, aunque puede que ese sueño se amargue muy pronto.