El sorprendente (y voluntarista) informe de la OTAN sobre el gasto militar
La OTAN calcula que España gastará este año en defensa el 2% del PIB, pero esa es sólo una estimación. La realidad es que, a la luz de lo que ha sucedido en el primer semestre de este año, ese porcentaje es prácticamente inviable
La ministra de Defensa, Margarita Robles. (EFE/Chema Moya)
La economía española ha obrado el milagro. Sin subir impuestos, sin recortar gastos y sin presupuestos generales del Estado aprobados por el parlamento —lo que complica aumentar el gasto militar—, ha logrado lo que nadie creía, que ya en 2025 vaya a lograr alcanzar el 2% de gasto en defensa respecto del PIB.
Al menos, eso es lo que estima la OTAN, que este jueves sorprendió con un informe (leer aquí) en el que sostiene que este año el gasto militar aumentará hasta los 28.391 millones de euros constantes de 2021 (descontando la inflación). O lo que es lo mismo, el presupuesto en defensa habrá aumentado si se cumple la previsión en nada menos que 8.553 millones de euros en sólo un año. Es más, si se compara con 2023, el avance del gasto militar habría sido equivalente a 12.704 millones de euros. Expresado en otros términos, el gasto en defensa habría crecido un increíble 81% en sólo dos años.
Lo sorprendente del informe de la OTAN no es sólo la cifra, sino que contradice las del propio Gobierno español. Jesús María Izquierdo, coronel interventor del Ministerio de Defensa, publicó en junio de este año un artículo en la revista del Instituto Español de Estudios Estratégicosen el que estimaba que en 2024 (las cifras todavía no son definitivas) el gasto en defensa se habrá situado en el 1,28%, por debajo del 1,43% que estima la OTAN con la misma metodología. En concreto, 15.582 millones de euros, de los cuales el 21,5% corresponden a modificaciones presupuestarias acaecidas durante ese ejercicio económico.
Es decir, el año pasado, y a la vista de que no había presupuestos aprobados, el Gobierno optó por hacer voluminosas modificaciones de créditos presupuestarios para acercarse, aunque fuera tarde, a los objetivos comprometidos por España en la Cumbre de Cardiff (2014). Lo mismo está sucediendo este año, pero sin alcanzar, ni de lejos, las previsiones de la OTAN.
Las cifras de la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE) muestran, en concreto, que la inversión del Ministerio de Defensa durante el primer semestre del año alcanza los 2.093 millones de euros, lo que supone un crecimiento del 24,2% respecto del mismo periodo del año anterior. De esa cantidad, 1.585 millones corresponden a los programas especiales de modernización de las fuerzas armadas, frente a los 1.052 millones de 2024. En total, en valores absolutos, un aumento de 408 millones de euros, aunque sólo en el primer semestre. O algo más de 800 millones si se mantuviera el mismo ritmo inversor.
Una cifra incoherente
Esta cifra no parece coherente con las previsiones de la OTAN, que estima un crecimiento del gasto militar equivalente a 8.553 millones en el conjunto del año. Es verdad que la inversión en modernización de ejército no es la única partida que incluye el gasto en defensa, pero es una de las más relevantes, y eso sin tener en cuenta un aspecto nuclear en la gestión del gasto militar.
Como recuerda la IGAE, y de acuerdo con las normas de la contabilidad presupuestaria, los gastos anuales correspondientes al armamento militar y a los sistemas de apoyo deben registrarse en el momento en el que los bienes y servicios son puestos a disposición del Ministerio de Defensa, independientemente de su asignación presupuestaria y del sistema de financiación utilizado. Y hay que tener en cuenta, como asegura el coronel Izquierdo en su artículo del IEEE, que la incorporación de créditos a lo largo del ejercicio complica la gestión de lo presupuestado inicialmente, toda vez que tras la disponibilidad efectiva de los créditos (el primer paso) han de tramitarse los contratos.
Esto quiere decir que este año el gasto militar difícilmente podrá alcanzar el 2% del PIB, como sostiene la OTAN, que ha dado en su informe una especie de ‘aprobado general’ tras la última cumbre de La Haya, en la que se decidió elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB. Ningún país estaría ya por debajo del 2%, según sus estimaciones. En esa cumbre fue donde el presidente del Gobierno aseguró que ya este año se alcanzaría el 2% “tras haber incrementado esta partida un 70% en los últimos cinco años”.
Una declaración de intenciones
Se trataba, en realidad, de una declaración de intenciones de carácter político más que real, pero suficiente para que la OTAN, en su informe, la haya considerado válida. De ser cierto lo que prevé la alianza atlántica, este año, en euros corrientes (con inflación), España gastaría 33.123 millones de euros en defensa, una cifra muy superior (29.511 millones de euros) a la que gastó el servicio público de empleo en 2024 y similar al gasto en el pago de los intereses de la deuda en poder de la Administración central (33.335 millones). Visto con más perspectiva, de cumplirse lo que prevé la OTAN, entre 2014 y 2025 el gasto en defensa de España habría crecido un 174%.
Políticamente, sin embargo, lo relevante es que de ser ciertas las cifras de la OTAN —la propia organización reconoce que se trata de estimaciones para 2024 y 2025— España ya este año habría cumplido sus objetivos de gasto militar. Es decir, en 2026 y siguientes no cabrían aumentos a tenor de lo que declaró Pedro Sánchez. Ese 2%, dijo Sánchez en La Haya, es "un volumen de inversión suficiente, realista, y -lo que también es importante- compatible con nuestro Estado de bienestar".
Este fuerte impulso vendría de la mano, principalmente, de los llamados Programas Espaciales de Armamento (PEAS), iniciados en los años 90, pero que acumulan frecuentes retrasos. El Gobierno ha previsto un aumento para este año de 10.471 millones de euros, de los cuales unos 4.500 millones serán créditos del Ministerio de Industria.
Ese incremento, sin embargo, no se refleja todavía en la contabilidad presupuestaria del primer semestre del año, por lo que es una incógnita si se cumplirá lo previsto. Entre otras razones, porque al no disponer el Gobierno de un presupuesto aprobado está obligado a hacer modificaciones de crédito, cuya aprobación es más engorrosa. Tan sólo en los seis primeros meses de este año el Ministerio de Defensa ha realizado modificaciones de crédito por valor 5.650 millones. No es que se hayan prorrogado los presupuestos de 2024, que ya vienen arrastrados de 2023, sino que no hay quien los reconozca.
Lo que dice el presupuesto vigente de gastos hasta el pasado 30 de junio es que los créditos presupuestarios definitivos del Ministerio de Defensa ascienden a 18.476 millones de euros, mientras que los gastos comprometidos son 13.590 millones. Ahora bien, de esa cantidad las obligaciones reconocidas (lo que la Administración ha asumido como una deuda y debe obligatoriamente pagar) ascienden a 5.757 millones, menos de la tercera parte del crédito presupuestario. No parece que en seis meses el Estado tenga capacidad para gastar los 12.719 millones que tiene aún en remanente de crédito, es decir, la cantidad asignada que aún no ha utilizado, y que es con lo que cuenta la alianza atlántica.
Las cifras de la OTAN, que tiene su propia medición para calcular el gasto militar, se basan en la información que recibe la organización de los ministerios de defensa a la luz de una metodología común previamente acordada. Las cantidades representan los pagos realizados o previstos por un gobierno nacional durante el ejercicio fiscal para cubrir las necesidades de sus fuerzas armadas. Es decir, incorporan una previsión que el tiempo dirá si se cumple. El 2% es sólo una estimación.
La economía española ha obrado el milagro. Sin subir impuestos, sin recortar gastos y sin presupuestos generales del Estado aprobados por el parlamento —lo que complica aumentar el gasto militar—, ha logrado lo que nadie creía, que ya en 2025 vaya a lograr alcanzar el 2% de gasto en defensa respecto del PIB.