La deuda externa se hunde a niveles de 2005 por el desendeudamiento de las familias
La deuda externa, un viejo problema de la economía española desde los tiempos de la burbuja de crédito, continúa enderezándose. ¿La causa? La menor inversión, pero, sobre todo, el desendeudamiento de las familias
El saneamiento del sector exterior ha obrado un ‘milagro’ impensable hace pocos años. La deuda externa neta de España (no la bruta) ha caído hasta representar ya el 45,4% del PIB, lo que supone el menor porcentaje desde junio de 2005, es decir, en los últimos 20 años.
Para hacerse una idea de los representa este enorme proceso de desendeudamiento de la economía española sólo hay que tener en cuenta que en 2012, y tras un proceso acumulado de crecimiento de los pasivos exteriores a causa de la burbuja de crédito, llegó a significar el 96% del producto, pero desde entonces, y debido a las políticas de ajuste (más ahorro y menos inversión pública y privada), y a la mejora del sector exterior, todo han sido descensos, salvo un corto periodo a consecuencia de la pandemia, que obligó a endeudarse al sector público.
Lo que mide la deuda externa neta (frente a la bruta) es la diferencia entre lo que los agentes económicos adeudan en el extranjero, tanto el sector público como el privado, y lo que a su vez deben los extranjeros por activos prestados por los españoles. Se trata, en definitiva, de una variable clave desde el punto de vista macroeconómico, ya que identifica las necesidades de financiación de una nación.
Lo que ocurrió antes del pinchazo de la burbuja de crédito, con importantes consecuencias negativas en el mercado de la vivienda, es que los agentes económicos, en particular los privados, se lanzaron a pedir préstamos en el extranjero a través de la banca nacional, lo que hizo a la economía española extraordinariamente dependiente y muy vulnerable a la financiación exterior. Cuando estalló la burbuja, como se sabe, se disparó la prima de riesgo y en la práctica los mercados acabaron cerrados, lo que explica que España tuviera que afrontar una doble recesión, ya que la gasolina con que había funcionado la economía se acabó. Eso obligó a una política de ajuste, y los resultados son los que se están viendo ahora. Precisamente, por esta razón, y en un contexto de grandes incertidumbres geopolíticas como el actual, la balanza de pagos ha vuelto a preocupar a los economistas.
Medido en términos de Posición de Inversión Internacional (el saldo entre los activos que tiene España en el extranjero y los que tienen los extranjeros en España) el porcentaje se sitúa en el 44,5% del PIB, muy lejos de cerca del 100% que llegó a alcanzar hace poco más de una década. Aún así, todavía está claramente por encima del 35% que recomienda la UE para salir del procedimiento de desequilibrios macroeconómicos o del 17% que se considera recomendable.
Desde 2002
Dos causas lo explican. Por un lado, el superávit por cuenta corriente, y, por otro, el crecimiento económico, lo que ha permitido que el saldo deudor de la posición de inversión internacional se sitúe hoy en los niveles más bajos desde 2002. En todo caso, como en ocasiones ha recordado el Banco de España, el saldo deudor “es todavía elevado en comparación con el de otros países de nuestro entorno”. El saldo de la cuenta corriente refleja la diferencia entre el valor de las exportaciones de bienes y servicios y los ingresos por rentas y la suma de las importaciones de bienes y servicios y pagos por rentas.
Hasta el pasado mes de mayo, la capacidad de financiación de la economía (superávit) se situaba en el 3,9% del PIB. Ahora bien, si el análisis se hace sobre lo que ocurrió en 2024, resulta que la capacidad de financiación de la economía española alcanzó un 4,2% del PIB, su máximo desde el inicio de la serie actual, 1995, debido a la mejora del saldo comercial y a la evolución positiva de los servicios turísticos, como recuerda el Banco de España.
Entre las causas más relevantes, en todo caso, está el ahorro generado por las familias y las empresas, ya que cuentan con suficientes recursos para financiar su consumo y su inversión. Al haberse desendeudado, igualmente, necesitan menos recursos para pagar los intereses. La deuda de los hogares se sitúa hoy en el 43,5% del PIB, el menor nivel desde el primer trimestre del año 2000.
En 2024, en concreto, la capacidad de financiación de los hogares representó el 4,7% del PIB, muy por encima de su media histórica, mientras que en el caso de las empresas no financieras, según el Banco de España, se situó en el 1,8%. El ahorro de las familias, en concreto, representa el 12,8% de su renta disponible, muy por encima de su media desde que comenzó el siglo (alrededor de un 8%). Por el contrario, y debido al déficit público, que exige financiación exterior, el sector público presenta una necesidad de financiación del 3,2% del PIB.
Los hogares ahorran más
Detrás del abultado ahorro de las familias se encuentra, aunque sea parcialmente, la escasez de vivienda a precio asequible, un problema que impide a muchos jóvenes acceder a su primera vivienda, además de la propia estructura del ahorro, muy concentrada en personas mayores que ya son propietarios de un piso. La inversión en vivienda, de hecho, mantiene un crecimiento débil (0,4% trimestral) pese a los desequilibrios existentes entre oferta y demanda. El otro factor que explica la mejora de la deuda externa, como sostienen los economistas de BBVA Research, tiene que ver con “la falta de sensibilidad que muestra la inversión privada a la recuperación”. Es decir, mejora el sector exterior porque hay poco consumo e inversión.
Y es que el ahorro de las familias y empresas tiene una cara negativa. Como señala el último informe Situación de BBVA Research, el pobre avance de la inversión privada, un factor que está detrás del saneamiento de la deuda externa, obliga a España a pedir menos créditos, lo que en parte se relaciona con “la escasa rentabilidad que muestran las empresas en comparación con las europeas”. Sus economistas lo achacan al diferencial de productividad y a factores como el reducido tamaño de las empresas, a las diferencias en las dotaciones de capital humano (tanto de trabajadores como de empresarios), a la falta de desarrollo de mercados de capitales y la inadecuada regulación.
Aún así, según CaixaBank Research, se observa un cambio de tendencia, lo que necesariamente ralentizará la reducción de la deuda externa de España. Según sus datos, la inversión ha pasado de situarse un 0,2% por debajo del nivel pre pandemia a un 6,8% por encima durante el segundo trimestre de 2025. Todavía queda por hacer.
El saneamiento del sector exterior ha obrado un ‘milagro’ impensable hace pocos años. La deuda externa neta de España (no la bruta) ha caído hasta representar ya el 45,4% del PIB, lo que supone el menor porcentaje desde junio de 2005, es decir, en los últimos 20 años.