Los salarios no suben como el coste de la vida: dos estudios explican por qué
La desigualdad salarial que los empleadores han introducido en los centros de trabajo es la principal razón por la que los salarios, con sindicatos muy debilitados, no crecen como lo hace el coste de la vida
Manifestación de varios sindicatos en Sevilla. (EP/José López)
El estudio se refiere a EEUU, pero sus conclusiones pueden generalizarse a otras regiones del planeta donde existen economías avanzadas. Lo que viene a decir es que la desigualdad salarial que los empleadores han introducido en los centros de trabajo es la principal razón por la que los salarios, en la mayoría de los países más desarrollados, no crecen como lo hace el coste de la vida.
De manera intuitiva se puede llegar a la misma conclusión, pero lo que acredita el estudio es que hay una relación causa-efecto entre la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores y el aumento de la desigualdad y la debilidad sindical. O expresado en otros términos, sindicatos menos fuertes permiten a las empresas individualizar las relaciones laborales, lo que en última instancia influye en la desigualdad salarial en un mismo centro de trabajo. A ello contribuyen, igualmente, los propios trabajadores con un alto poder de negociación individual —normalmente directivos que también son asalariados—, quienes dentro de la empresa están en condiciones de pactar personalmente sus nóminas en lugar de negociar colectivamente si esto último implica redistribución de la masa salarial entre todos los trabajadores.
El estudio lo han realizado los profesores Barbara Biasi (Universidad de Yale), Zoe Cullen (Universidad de Harvard), Julia Gilman (MIT de Massachusetts) y Nina Roussille (MIT) y encuentra evidencias de que existe una correlación negativa entre la desigualdad y las tasas de sindicalización. A esta conclusión habían llegado otros estudios anteriormente y, de hecho, desde los años 60, en EEUU y en la mayoría de los países europeos, la fuerza de los sindicatos ha ido menguando. Este proceso, sin embargo, nunca se había comprobado empíricamente.
Para llegar a sus conclusiones, los autores del trabajo han recopilado las respuestas de casi 200 organizadores que representan a 26 sindicatos, 14 industrias y 36 estados de EEUU, y lo que han encontrado es que el apoyo a los sindicatos es “sustancialmente menor” en entornos salariales más desiguales.
Salarios rígidos
Los autores del estudio, igualmente, para alcanzar sus conclusiones, utilizan las bases de datos sobre contratos del sector privado en poder de la Oficina de Normas Laborales y de Gestión entre 2002 y 2022, así como información del Servicio Federal de Mediación y Conciliación sobre las unidades de negociación colectiva entre 2015 y 2021.
A partir de esta información, observan, por una parte, que los sindicatos que operan en sectores con mayor desigualdad tienen menos probabilidades de negociar escalas salariales rígidas (mayor equilibrio). Por otra parte, han encontrado que existe mayor probabilidad de priorizar las ventajas no salariales sobre las demandas salariales en sus contratos en unidades de negociación más pequeñas como porcentaje del empleo en el sector. Es decir, los emperadores buscan negociar las condiciones laborales de los trabajadores en convenios de menor dimensión, lo que permite abrir el abanico salarial y favorecer a determinados colectivos.
Los autores citan un estudio de AFL-CIO, el mayor sindicato de EEUU y Canadá, que acredita, igualmente, que a medida que aumenta la desigualdad salarial disminuye la atención de los sindicatos a las cuestiones relacionadas con las nóminas. Precisamente, por su menor influencia en la fijación de los salarios.
El estudio considera que a partir de estos mecanismos de negociación lo que está emergiendo es lo que denominan “trampas de desigualdad”, que significa que la negociación colectiva, que tradicionalmente es un contrapeso a la desigualdad, “se vuelve cada vez más difícil a medida que se amplían las brechas salariales”.
Otro estudio del Instituto de Economía Política (EPI, por sus siglas en inglés) llega a unas conclusiones similares. Lo que han acreditado es que entre 1979 y 2024 los salarios medios en EEUU aumentaron más en aquellos estados en los que la tasa de sindicalización disminuyó menos. En estos estados, no fueron solo las corporaciones y los salarios altos quienes se beneficiaron del crecimiento económico, sino también los trabajadores con escalas salariales inferiores, tanto sindicalizados como no sindicalizados. Hay que recordar que en EEUU la proporción de trabajadores representados por un sindicato varía entre el 3% en Carolina del Sur y el 25,5% en Hawái.
Salarios y tasa de sindicalización
Esta relación entre salarios y tasa de sindicalización se manifiesta con toda nitidez en una comparación. Mientras que la mediana de ingresos salariales en EEUU fue de 80.610 dólares en 2023, los estados con alta densidad sindical tuvieron una mediana de ingresos promedio aproximadamente 7.400 superior a la mediana nacional, mientras que los estados con baja densidad sindical tuvieron una mediana de ingresos promedio que se sitúa 4.900 dólares, aproximadamente, por debajo del nivel nacional.
Es decir, en los estados con mayor densidad sindical, el ingreso de los hogares fue más elevado en 12.300 dólares (unos 10.250 euros) que en los que registraron una baja presencia sindical. Es más, en los estados con mayor densidad sindical, la proporción de personas sin ningún tipo de seguro de salud fue del 5,7%; por debajo del 9% que se registró en los estados con menos representación sindical. Otros colectivos, como las mujeres o los trabajadores de raza negra, también se beneficiaron de esta mayor tasa de sindicalización.
Otros trabajos han concluido, igualmente, que los trabajadores sindicalizados necesitan menos prestaciones públicas. Unos ingresos más altos permiten a los trabajadores y a sus familias depender menos de las prestaciones gubernamentales, mientras que los sindicatos también ayudan a los trabajadores a obtener prestaciones como el seguro médico. En la misma dirección, los trabajadores sindicalizados también tienen mayores probabilidades de tener días de enfermedad, vacaciones, días festivos pagados o mayor participación en la cantidad de horas que se trabajan y horarios más predecibles.
El estudio, por último, ha encontrado evidencias de que el salario mínimo promedio de los estados con alta densidad sindical es de 13,70 dólares, mientras que el salario mínimo promedio en los estados con baja densidad sindical es de 9,3 dólares.
En EEUU, el salario mínimo federal es de 7,25 dólares por hora trabajada, nivel que está vigente desde hace más de 15 años, lo que ha obligado a los estados a establecer su propia política salarial. Hoy, más de la mitad de los estados de EEUU (29 estados y el Distrito de Columbia) han aprobado leyes que elevan su salario mínimo por encima del mínimo federal, aunque aún hay 20 estados en los que se aplica el salario mínimo federal. La mayoría son aquellos en los que la representación sindical es mayor.
El estudio se refiere a EEUU, pero sus conclusiones pueden generalizarse a otras regiones del planeta donde existen economías avanzadas. Lo que viene a decir es que la desigualdad salarial que los empleadores han introducido en los centros de trabajo es la principal razón por la que los salarios, en la mayoría de los países más desarrollados, no crecen como lo hace el coste de la vida.