La inmigración complica el progreso hacia la igualdad entre hombres y mujeres en el empleo
La convergencia en las tasas de ocupación se ha frenado porque la brecha entre los extranjeros se esta ampliando. Una parte creciente las mujeres inmigrantes no trabaja ni está activa
La inmigración está siendo un obstáculo para la convergencia en el empleo entre hombres y mujeres. Durante el último medio siglo, España vivió la gran incorporación de la mujer al mercado laboral hasta el punto de que sus tasas de ocupación se han acercado mucho a las de los hombres. Esto es, el porcentaje de mujeres trabajadoras sobre el total. Sin embargo, esta progresión se ha frenado en los últimos años.
Por extraño que parezca, en la última década no se ha avanzado nada. La brecha en la tasa de ocupación de hombres y mujeres llegó a ser inferior a los 10 puntos porcentuales en 2014, y en la actualidad es de 10,2 puntos. En este periodo, la incorporación al mercado laboral ha ido en aumento, sobre todo porque en 2014 España estaba saliendo de la crisis con unas tasas de desempleo que duplicaban a la actual. Sin embargo, lo que se ha parado es la convergencia de las mujeres hacia las tasas de ocupación de los hombres.
Este frenazo está estrechamente relacionado con el crecimiento y los cambios de patrones de la inmigración. Si se observan solo los niveles de ocupación de los nacionales, la convergencia sí ha seguido ocurriendo. Es más, la diferencia es la más baja de toda la serie histórica, próxima a los 9 puntos porcentuales. Sin embargo, esto no ha ocurrido con la población extranjera. Hace una década, la tasa de ocupación de hombres y mujeres foráneos era casi la misma, pero esta brecha se ha abierto y ahora supera ya los 16 puntos.
Pero hay un problema añadido: la población inmigrante tiene mayor participación en el empleo, por lo que sus comportamientos son más relevantes a nivel agregado. Hace una década, los trabajadores con nacionalidad extranjera eran el 10% del total; actualmente, superan el 15%. Si este patrón se extiende a futuro, complicará el objetivo de cerrar esta brecha de empleo.
Esto no siempre ha sido así. En los años 2000 y el inicio de la década de 2010, la inmigración contribuyó a acercar la tasa de ocupación. Sin embargo, esto cambió con los nuevos flujos de inmigrantes que empezaron a llegar hace una década. En estas familias, el hombre trabaja de forma mayoritaria, mientras que muchas mujeres están inactivas. Ocurre, además, en todas las franjas de edad, lo que muestra un patrón social.
Por ejemplo, en el grupo de 25 a 35 años, las tasas de actividad de los hombres españoles, extranjeros y mujeres españolas son casi las mismas: el 78%. Sin embargo, entre las mujeres extranjeras, el porcentaje es del 61%, casi 20 puntos menos. Esto significa que, en esta franja de edad, la brecha del empleo ya está cerrada entre los nacionales, pero a nivel agregado sigue separada por la gran distancia entre los inmigrantes.
En las edades intermedias, lo que ha ocurrido en la última década es que las tasas de actividad entre hombres españoles y mujeres extranjeras apenas han cambiado, mientras que la participación de las mujeres españolas y los hombres extranjeros ha subido intensamente: desde el 65% hasta superar el 80% en la actualidad. De esta forma, mientras las mujeres cerraban la brecha de los autóctonos, los hombres abrían la de los extranjeros.
Esta diferencia en la participación en el mercado laboral es un lastre para reducir la desigualdad entre hombres y mujeres. La primera brecha, a nivel de ingresos, no está en el salario, sino en el empleo: entre tener o no tener un trabajo.
El ensanchamiento de esta brecha responde a una elección social: muchas familias inmigrantes deciden que la mujer no trabaje. En los últimos años se ha creado mucho empleo y han aumentado las vacantes como para que las mujeres también hayan podido acceder a estos empleos. Será un freno en el avance hacia la igualdad en el mercado laboral, aunque esta vez las causas sean externas a las decisiones empresariales.
Lo que ocurra con la población inmigrante y las siguientes generaciones tendrá cada vez más relevancia en el mercado laboral español, a medida que crece su participación. Sus decisiones ya son determinantes en la realidad que vive el país.
La inmigración está siendo un obstáculo para la convergencia en el empleo entre hombres y mujeres. Durante el último medio siglo, España vivió la gran incorporación de la mujer al mercado laboral hasta el punto de que sus tasas de ocupación se han acercado mucho a las de los hombres. Esto es, el porcentaje de mujeres trabajadoras sobre el total. Sin embargo, esta progresión se ha frenado en los últimos años.