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La economía rusa no ha colapsado, pero vive sus horas más bajas desde el inicio de la invasión
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Tres años y medio de guerra

La economía rusa no ha colapsado, pero vive sus horas más bajas desde el inicio de la invasión

El PIB retrocedió en el primer trimestre, la inflación se acelera y los ingresos por la exportación de gas y petróleo se desploman. Existe una ventana de oportunidad para Ucrania y sus aliados, aunque las negociaciones continúan estancadas

Foto: Camiones cisterna con petróleo ruso. (EFE/Maxim Shipenkov).
Camiones cisterna con petróleo ruso. (EFE/Maxim Shipenkov).
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Rusia inició el año 2025 con un contratiempo inesperado: su PIB cayó un 0,6% en el primer trimestre en términos desestacionalizados, un comportamiento negativo y anómalo, ya que solo se había registrado un retroceso al inicio de la guerra. El dato ha marcado un punto de inflexión en los análisis económicos porque evidencia la tormenta perfecta existente en torno al modelo de crecimiento del país.

Sin embargo, está por ver si las señales negativas se consolidan (Rusia todavía registra un crecimiento del 1,4% en términos anuales). Con la información actual, parece lejano un escenario en el que el debilitamiento de la economía rusa (al menos el que se exhibe en las estadísticas oficiales) termine por forzar, por sí sola, una resolución del conflicto más favorable para Ucrania.

En los últimos meses, se han publicado múltiples análisis por parte de centros de estudio de todo occidente advirtiendo del agotamiento de la capacidad rusa para crecer, pero quizás la señal más llamativa de que el escenario ha cambiado son las declaraciones del propio ministro de economía ruso, Maxim Reshetnikov, en el Foro Económico de San Petersburgo de junio. Según recogieron los medios, el ministro aseguró que la economía del país “se está enfriando” y que, “a juzgar por el panorama empresarial actual, prácticamente ya estamos al borde de una recesión”.

Los datos que publica Rosstat, el servicio federal de estadística ruso, no anticipan una recesión técnica y la última proyección del FMI aún vaticina un crecimiento del 0,9% anual para Rusia en 2025, por lo que parece precipitado barajar la idea de una recesión al uso como sucedió en 2022, cuando el PIB anual cayó un 1,4%.

No obstante, existen al menos cuatro factores claves que advierten de un claro declive: el impacto por la acumulación de sanciones occidentales, una inflación elevada; falta de mano de obra por la crisis demográfica y una caída de ingresos por la venta de combustibles fósiles; la principal fuente de recursos para la guerra teniendo en cuenta la complicada financiación exterior a través de la venta de deuda.

La economía de guerra rusa ha permitido crecimientos notables del PIB en 2023 y 2024, del 4,1% y el 4,3% (según las últimas revisiones de Rosstat) gracias a la inyección de dinero público en una industria militar poco competitiva. La apuesta por este modelo ha permitido crecer a las ramas de actividad que guardan relación con la guerra, pero ha debilitado al resto. Por otra parte, el mercado laboral está muy tensionado por la falta de trabajadores.

Muchos han sido requeridos para el sector militar y una parte ha muerto en el frente, de hecho, el FMI refleja que Rusia ha perdido población entre 2024 y 2021, 1,14 millones de personas. El desempleo está tan solo en el 2,5% y las subidas salariales se superponen para conseguir mano de obra.

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Los indicadores mensuales adelantados de Rosstat apuntan a que las dificultades macroeconómicas se han extendido más allá del primer trimestre del año. Uno de ellos es la producción industrial. Después de crecimientos anuales del 4,3% en 2023 y del 4,6% en 2024, en la primera mitad de 2025 el avance ha sido solo de un promedio de un 1,5% anual, en línea con el PIB, y el ritmo se estaría manteniendo en el inicio del tercer trimestre.

La caída está influida por interrupciones en las cadenas de suministro relacionadas con las sanciones. “Los insumos occidentales esenciales en microelectrónica y maquinaria de alta gama son cada vez más difíciles de adquirir y la dependencia de sustitutos chinos es costosa y de menor calidad”, señala un reciente informe del Instituto de Economía de Transición de Estocolmo (SITE, por sus siglas en inglés).

Las señales de enfriamiento han llevado al banco central ruso a bajar los tipos de interés en junio a pesar de la creciente inflación. Según Rosstat, esta marcó una variación anual del 9,4% en junio frente al promedio del 8,4% en 2024, aunque algunos think tanks occidentales, como SITE, sostienen que el dato oficial podría estar subestimado y que, realmente, estaría más cercano al 20%. Si existiera una infradeclaración de la inflación, se estaría sobreestimando el crecimiento del PIB real al descontarse solo una parte de la subida de los precios al PIB nominal.

Se complica la financiación de la guerra

Un menor crecimiento del PIB conlleva una reducción de los ingresos fiscales del Estado y este es el aspecto clave que determinará si Rusia puede o no financiar una guerra larga. Los recursos estatales para sostener la economía de guerra se están viendo mermados por varios frentes, siendo el principal la caída de ventas de petróleo y de gas. El propio Ministerio de Finanzas ha revisado a la baja el presupuesto de ingresos por estas fuentes para 2025 a la menor cifra anual desde el inicio de la guerra.

A modo ilustrativo con los datos de ingresos por exportaciones de petróleo y gas que publica CREA, Rusia estaría ingresando en 2025 un 27,6% menos al día por las ventas de petróleo crudo y un 69,3% menos por el gas, sin contar con el GNL. Esto se debe casi totalmente a la caída de los precios de ambas materias primas desde el pico que alcanzaron con el inicio de la guerra, ya que el volumen de venta al exterior ha caído menos (un 7,4% y un 15,2%, respectivamente) a pesar de las sanciones.

El apoyo de terceros países, especialmente de China, Turquía, Emiratos Árabes Unidos y otros limítrofes, ha servido para encontrar destinos alternativos de exportación y canales para la evasión de los vetos.

El precio del petróleo ruso más comercializado (Urals) ha pasado de un promedio superior a los 75 dólares el barril en 2022 al entorno de los 60 en 2025, marcando cifras incluso inferiores en varias semanas. La disminución es paralela a la que experimenta el Brent, ya que el precio se fija (a grandes rasgos) aplicando un descuento a partir de los crudos de referencia.

En teoría, el petróleo ruso debería haber tenido un precio máximo de 60 dólares el barril desde que en diciembre de 2022 el G7 y la UE aprobara el tope de precio como castigo a la invasión, pero esta y otras sanciones (como la prohibición de importación directa a Rusia desde la UE) no han sido completamente efectivas.

El transporte de parte del crudo ruso con la llamada ‘flota en la sombra’ ha permitido que los precios oscilen y rebasen la barrera del tope en determinados periodos, según múltiples estudios (por ejemplo, este del Parlamento Europeo). No ha sido hasta ahora, cuando el barril de Brent ha caído al entorno de entre los 60 y 70 dólares, cuando se ha hundido también el precio del petróleo ruso. Es previsible que la entrada en vigor el próximo tres de septiembre del nuevo tope europeo, canadiense y británico (de 47,6 dólares el barril) también rebaje en cierta medida los precios.

Además del precio y de la disminución del volumen exportado, existe un tercer motivo que hunde los ingresos rusos: la fortaleza del rublo. Según muestra el histórico de datos de Bloomberg, el rublo muestra una apreciación sostenida en 2025, lo que implica que el valor en rublos de las exportaciones de petróleo tiende a bajar porque los dólares obtenidos por esas ventas se cambian a un tipo menos favorable para los exportadores.

Otras complicaciones para financiar la guerra a largo plazo son el agotamiento del Fondo Nacional de Riqueza (NWF), cuyos activos líquidos han disminuido a menos del 3% del PIB, y la limitada capacidad de Rusia para el endeudamiento externo. “Quizá, con los fondos de reserva agotándose y si los precios del petróleo caen aún más, se podría inclinar la balanza hacia medidas más significativas de Rusia para poner fin a la guerra”, señalan los expertos del Instituto de Economía de Transición de Estocolmo.

A la espera de Trump

En definitiva, la economía rusa experimenta el momento más débil en términos coyunturales desde el inicio de la guerra y supone una ventana de oportunidad para Ucrania y sus aliados. No obstante, la ecuación para una hipotética rebaja de los planteamientos de Putin o una mayor apertura a las negociaciones con Zelenski pasa por muchos más factores internos y externos, uno de los principales es la postura que termine adoptando EEUU en los próximos meses tras la reunión de toma de contacto entre Trump y Putin en Alaska.

El escenario parece estar bloqueado por el momento, aunque un alivio de las sanciones o una reducción del apoyo militar de occidente a Ucrania daría oxígeno a la economía rusa. Según explican los economistas Benjamin Hilgenstock y Elina Ribakova en un artículo reciente en Bruegel, una rebaja de las sanciones “podría permitir a las empresas reiniciar la inversión y a los bancos reanudar los préstamos, un primer paso esencial para la recuperación y, posiblemente, un mayor rearme”.

En cambio, sostienen que si Rusia sufre reveses en el campo de batalla mientras lidia con recursos limitados para la financiación de la guerra, “podría verse obligada a ajustar su estrategia, ya sea reduciendo su ofensiva o mostrando una mayor apertura a las negociaciones”.

Rusia inició el año 2025 con un contratiempo inesperado: su PIB cayó un 0,6% en el primer trimestre en términos desestacionalizados, un comportamiento negativo y anómalo, ya que solo se había registrado un retroceso al inicio de la guerra. El dato ha marcado un punto de inflexión en los análisis económicos porque evidencia la tormenta perfecta existente en torno al modelo de crecimiento del país.

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